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Mª Ángeles Fernández

Periodista freelance, especializada en información internacional y países del Sur, y máster en globalización y desarrollo (Instituto Hegoa). Mis trabajos pueden leerse en más de una decena de publicaciones regionales e internacionales, así como generalistas y especializadas. He convertido al agua, en todas sus vertientes, en un tema transversal. Extremeña, caminante y aprendiz. Mis inquietudes y desvelos en www.desplazados.org

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Ser exhumado es un privilegio

Los restos de Franco serán exhumandos, tras una sesión histórica en el Congreso. Pocas veces este adjetivo definió mejor lo expuesto, que no debatido, por la clase política del momento. La mayoría parlamentaria ha dado luz verde, con los grises del Partido Popular y de Ciudadanos, a dejar de loar en un mausoleo construido con sangre, dolor, abusos, esclavitud e ignominia a un dictador. Un mausoleo en el que algunas víctimas de la dictadura comparten espacio con su opresor. Sin que sus familias hayan sido consultadas. Sin que muchas ni tan siquiera sepan que yacen allí sus restos.

Hace años, los suficientes para que mi memoria sea hurgada con ahínco, participé en la exhumación de cuatro fosas comunes junto a las tapias del cementerio de Mérida, en Badajoz, Extremadura. Por situar, que nunca está de más cuando se habla de mi tierra. Eran tiempos en los que la Junta ofrecía esta 'actividad' de reconocimiento, dignidad y memoria a la juventud europea. Bajo el sol abrasador –de nuevo un adjetivo en el que no caben dudas– de un mes de agosto extremeño, un grupo de unas quince personas dedicamos dos semanas a mover tierra a palazos, a delimitar el terreno y, pincel en mano, a barrer palmo a palmo el suelo para buscar los cuerpos de las personas que habían sido asesinadas décadas antes y tiradas con un desdén que duele, que atormenta.

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Las otras Ahed Tamimi

Después de ocho meses, la joven palestina Ahed Tamimi acaba de salir de una prisión militar israelí tras ser condenada por dar un bofetón a un militar que había entrado en su pueblo, Nabi Saleh. “Fue una reacción normal frente a un soldado que se encontraba en mi casa, disparando a gente de mi pueblo”, ha explicado a la agencia de noticias AFP.

Su lucha, y la de su familia, es todo un símbolo de la resistencia pacífica del pueblo palestino ante la ocupación y la colonización por parte de Israel.

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Agua del grifo, por favor

Menú del día. Con bebida -vino de la casa, agua embotellada o cerveza- incluida en el precio. También el postre. Pedimos un primero y un segundo. Para beber, agua. Del grifo, por favor.

El mundo se paraliza. Las miradas, que nos escrutan como bichos raros, exigen explicación. El agua mineral entra en el precio, nos dicen. Sí, sí, perfecto, pero queremos una jarra de agua del grifo.

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No pueden tocarlas: defendámoslas

Lolita sigue sonriendo. Helena continua tuiteando y trabajando en su oenegé. María Teresa ya no está en prisión. Defender derechos no es un delito. Sí, hay que escribirlo y leerlo, decirlo en voz alta, gritarlo. Las cuestiones más lógicas y obvias, a veces, quedan atrapadas en la vorágine que arrebata vidas, tiempos y victorias. Lamentablemente sobran ejemplos y rostros. También muertes.

La maya  k'iche Lolita Chávez tuvo que huir de su Guatemala natal porque su vida corría peligro por plantar cara a las transnacionales que quieren controlar a su pueblo. La española Helena Maleno acaba de declarar en un juzgado de Túnez para explicar su labor humanitaria y de ayuda a las personas migrantes que se echan a la mar en busca de un futuro algo más halagüeño y sin violencia. La salvadoreña María Teresa es refugiada política y reside a miles de kilómetros de su país, de donde huyó tras estar en la cárcel por sufrir un aborto espontáneo.

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Encender o apagar la luz, vida o muerte

Una vela. Elemento de ornamentación y decoración, también de erotismo y relajación. Una vela. Sinónimo de luz y, también, de pobreza energética. Una vela puede matar. El recuerdo de Rosa, de 81 años, que el pasado invierno falleció por el incendio que provocó una vela que usaba para alumbrar su dignidad después de que Gas Natural Fenosa le cortara el suministro, duele e irrita demasiado. Por cierto, l a Alianza contra la Pobreza Energética denuncia que un año después esta transnacional aún no ha pagado la multa por el corte ilegal de la luz de Rosa.

Llega el frío y los informativos ya han contado casos de hogares incendiados por una vela. Pero la pobreza energética no mata sólo por el frío, no es estacional. Pensad en los veranos y en las olas de calor cada vez más largas y asfixiantes.

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Despenalizar el aborto en El Salvador: una lucha por la vida

Manuela murió en prisión, donde no recibió un tratamiento adecuado para el cáncer que padecía. Beatriz pidió algo que no debería ser un privilegio, vivir, porque estaba gestando un feto que no tenía cerebro. María Teresa huyó de su país como si fuera una criminal. Evelyn acaba de ser condenada a 30 años de prisión por un "homicidio agravado".

En El Salvador la vida de las mujeres vale menos. Y no sólo por las cifras de homicidios o los índices de violencia machista, sino porque está restringido el acceso a la salud sexual y reproductiva. Sólo si se es pobre, claro. "Existe una persecución y criminalización a mujeres que han sufrido un aborto o a mujeres que no han tenido acceso a una interrupción del embarazo en el momento oportuno", explica Sara García, de La Colectiva Feminista de El Salvador.

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Honduras sigue penalizando el aborto, España paga

Tras 33 años en vigor, Hond uras está en proceso de la reforma* completa de su código penal. De momento, el artículo del aborto, ya aprobado, sigue penado en todos los casos. Con esta reforma todo sigue igual para las mujeres en este país centroamericano, que pueden ir hasta diez años a la cárcel por abortar.

Haciendo caso omiso a las peticiones de 23 organizaciones articuladas bajo la plataforma ‘ Somos Muchas’, ignorando también las recomendaciones de organismos internacionales como las del Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Derechos Humanos o las de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, e incluso obviando las encuestas de opinión que mostraban una postura favorable de la ciudadanía para despenalizar la interrupción del embarazo por causales, el Congreso Nacional votó la pasada semana que ‘no’.

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Cuando empoderarse significa tener identidad

El empoderamiento de las mujeres es, según la antropóloga mexicana Marcela Lagarde, "un proceso a través del cual cada mujer se faculta, se habilita y desarrolla la conciencia de tener derecho a tener derechos y a confiar en la propia capacidad para conseguir sus propósitos". Aquí y en Burundi. Sí, pero con muchos matices, porque los tiempos, los ritmos y las realidades son distintas y varían según los territorios. Saber que las mujeres tenemos derechos, los mismos que los hombres, es una obviedad pero pasa desapercibida en varias esquinas, o más bien inmensas zonas, del mundo.

Cuando Aline Niyonizigiye y Dorotheé Buhangare, dos mujeres burundesas, conocieron varias escuelas de empoderamiento de Euskadi, abrieron bien los ojos: edificios funcionales, bien equipados y con varias empleadas. ¡Y financiadas con dinero público! Ellas conocen cómo funciona una escuela de empoderamiento, o de liderazgo transformacional, que es el nombre dado por Oxfam Intermón al proyecto que ha desarrollado en la región de Makamba, pero su ‘escuela’ difiere mucho de las de Durango o Basauri, que visitaron hace unos días. Porque el hecho de usar comillas para nombrarla no es un capricho. Tres paredes y un tejado de uralita requieren que se matice el concepto, para no llevar a equívocos, para no pensar que las cosas con nombres iguales son lo mismo aquí y en Burundi.

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Despertemos: hagamos caso a Berta Cáceres

"De los ríos somos los custodios ancestrales el pueblo lenca, resguardados además por los espíritus de las niñas que nos enseñan que dar la vida de múltiples formas por la defensa de los ríos es dar la vida por la humanidad y por este planeta". Berta Cáceres pronunció estas palabras cuando recibió el Premio Goldman en 2015. Berta Cáceres dio su vida por los ríos, por la humanidad y por el planeta.  Berta Cáceres fue asesinada el 3 de marzo de 2016, por su lucha contra la construcción de la hidroeléctrica Agua Zarca en el río hondureño Gualcarque. El próximo viernes se cumple un año de su homicidio aún no resuelto pero que, paradójicamente, ha llenado de mucha vida. Berta Cáceres vive. Su voz, y su lucha, se ha multiplicado.

También vive el legado y la entrega en defensa del territorio, de la naturaleza y de los derechos humanos de Isidro Baldenegro ( Premio Goldman en 2005), Laura Vásquez, Juan Ontiveros y Sebastián Alonso, recientemente asesinados en otros puntos de América Latina. En tan solo los dos primeros meses de 2017, se han contabilizado 14 homicidios de activistas por los derechos humanos –siete en Colombia, dos en Guatemala, dos en México y tres en Nicaragua–, según la Comisión Interamericana de Derechos Humanos. Este organismo recuerda constantemente que "es un deber de los Estados garantizar la seguridad de los grupos de defensoras y defensores en especial situación de riesgo y adoptar medidas específicas de protección adaptadas a sus necesidades, por ejemplo, a través de protocolos especializados".

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Derribando armarios de paja y de hormigón

Carla Antonelli se tuvo que marchar de su pueblo, Güímar (Tenerife), en 1977 porque "en aquellos momentos se hacía impensable que una persona transexual pudiera desarrollar su identidad de género en un entorno rural"; tal cual lo recoge la Wikipedia. No volvió hasta 2009. La ahora diputada por el PSOE en la Asamblea de Madrid, primera mujer trans con un cargo de representación parlamentaria en el Estado español, recuerda que "sigue existiendo lgtbifobia en el entorno rural". De hecho, se podría hablar de ‘sexilio’, un término que explica la migración del campo a la ciudad de muchas personas debido a su identidad de género o de sexo. ¿Existe lgtbifobia en las ciudades? sería la pregunta obligada. La cuestión, por supuesto, no es cerrada.

Para abordar el tabú de ser persona lgtbi en un entorno rural, en el laboratorio de periodismo de Pikara, #PikaraLab, hemos creado el especial ‘Armarios de paja’. Porque Óliver, por ejemplo, cree que aunque en el pueblo no seas una persona anónima, y por tanto tu identidad de género o de sexo tampoco lo sea, en la ciudad las agresoras también pasan tan desapercibidas, como les ocurre a lesbianas, gays, transexuales, bisexuales o intersexuales. "Si me agreden en mi pueblo sé quién es y le voy a señalar", sostiene y defiende.

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