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Uri Avnery

Periodista y ex diputado israelí. Nacido en 1923 en Alemania, emigró con su familia en 1933 a Palestina, donde empezó a combatir con 15 años en las filas del grupo terrorista sionista Irgun, que abandonó en 1942. Fue el periodista emblemático de la oposición desde 1950, y diputado izquierdista en los años sesenta. En 1993 fundó el movimiento pacifista Gush Shalom (Bloque por la paz).

Avnery escribe una columna semanal, publicada todos los sábados en inglés y hebreo en la web de Gush Shalom. M'Sur la traduce al castellano por acuerdo con el autor.

Nasser y yo

Hace cuarenta y cinco años, Gamal Abd-al-Nasser falleció a la temprana edad de 52 años. Esto no es algo que ocurrió en el remoto pasado. Sigue teniendo una enorme influencia en el presente y probablemente la tendrá en el futuro.

Mis encuentros con Nasser se remontan al año 1948. Suelo decir en broma que "fuimos muy cercanos pero nunca nos presentaron debidamente".

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La amenaza real

Tengo miedo No me avergüenza admitirlo. Tengo miedo. Tengo miedo del movimiento del Estado Islámico, también conocido como ISIS o Daesh. Es el único peligro real que amenaza a Israel, que amenaza al mundo, que me amenaza a mí. Aquellos que a día de hoy tratan la cuestión con indiferencia, como si fuera una cosa más, terminarán arrepintiéndose. El año que yo nací, 1923, un demagogo bajito y ridículo que llevaba un irrisorio bigote, Adolf Hitler, organizó un intento de golpe de estado en Munich. Un puñado de policías frustró la tentativa, y pronto se olvidó el incidente. El mundo tenía problemas mucho más serios con los que lidiar: la incontrolable inflación en Alemania; la joven Unión Soviética; la peligrosa competición entre las dos grandes potencias coloniales, Gran Bretaña y Francia y, en 1929, la Gran Depresión, que devastó la economía mundial.

Pero el bajito demagogo de Munich tenía un arma que no atrajo la atención de hombres de Estado con experiencia y políticos astutos: un estado mental poderoso. Convirtió la humillación de una gran nación en un arma más efectiva que cualquier aviación o Armada. En poco tiempo – sólo unos pocos años – conquistó Alemania y después Europa, y parecía dispuesto a hacerse con el mundo entero. Millones y millones de seres humanos perecieron en el proceso. Muchos países vivieron una miseria incalculable. Por no hablar del holocausto, un crimen prácticamente sin parangón en los anales de la historia moderna. ¿Cómo lo hizo? Ante todo, no mediante el poder político o militar, sino mediante el poder de una idea, de un estado mental, de una explosión mental. Yo fui testigo de estos sucesos en el primer cuarto de mi vida. Se me vienen a la mente cuando miro al movimiento que ahora se hace llamar EI, el Estado Islámico. A principios del siglo siete de la era cristiana, en medio del inhóspito desierto árabe, un humilde comerciante tuvo una idea. En un período de tiempo increíblemente corto, él y sus compañeros conquistaron su ciudad natal, La Meca, después toda la península arábiga, después el Creciente Fértil, y después gran parte del mundo civilizado, desde el Océano Atlántico hasta el norte de la India y mucho más allá. Sus seguidores llegaron al corazón de Francia y sitiaron Viena. ¿Cómo consiguió todo esto una pequeña tribu árabe? No mediante la superioridad militar, sino mediante la fuerza de una embriagadora religión nueva, una religión tan innovadora y liberadora que nadie podía resistirse a su poder terrenal. Contra una nueva idea embriagadora, las armas materiales son inútiles, los ejércitos y las Armadas se desmoronan y los imperios poderosos, como el bizantino y el persa, se desintegran. Pero las ideas son invisibles, los realistas no son capaces de verlas, los hombres de Estado con experiencia y los poderosos generales están ciegos ante ellas.

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La II Batalla de Trafalgar

Esta semana tuvo lugar una impresionante batalla naval sobre las olas del Mediterráneo. Se recordará en la historia como algo similar a Salamis o Trafalgar. La armada del Estado de Israel interceptó al enemigo mediante una maniobra atrevida. El enemigo era la traíña Marianne con sus 18 personas a bordo. Las unidades navales de Israel capturaron el barco y lo remolcaron hasta el puerto de Ashdod. El almirante que estaba al mando de esta acción gloriosa ha quedado hasta ahora en un modesto anonimato. Por eso no podemos honrarlo con una columna en el centro de Tel Aviv, similar a la columna del almirante Nelson en la plaza de Trafalgar de Londres. Qué pena. Sin embargo, el primer ministro, Binyamin Netanyahu alabó el coraje de los vencedores en términos exuberantes y expresó la gratitud y la admiración de la nación por su valiente hazaña. Me gustaría continuar en esa línea, pero incluso el sarcasmo tiene límites. Todo el asunto era una obra maestra de la estupidez. Hace cinco años, varios barcos intentaron alcanzar Gaza, en un acto simbólico de apoyo al enclave sitiado, y la armada israelí los dejó pasar. Nadie volvió a hablar de ellos. Luego llegó la "flotilla turca". El buque turco Mavi Marmara encabezó un grupo de varios barcos más pequeños, con cientos de activistas turcos e internacionales a bordo. Esta vez, Netanyahu y sus lacayos estaban dispuestos a mostrar al mundo que Israel reina sobre las olas del mar. El primer ministro ordenó atacar la flotilla. Unidades de asalto israelíes descendieron a la cubierta del Mavi Marmara desde un helicóptero. Siguió una escaramuza en la que murieron nueve turcos (uno de ellos con ciudadanía estadounidense). Otro más murió luego a consecuencia de sus heridas. Ninguno llevaba armas, pero resistieron de forma violenta. Los otros barcos fueron abordados sin resistencia violenta. Todos fueron remolcados al puerto de Ashdod. La reacción internacional fue inmensa. El Mavi Marmara se convirtió para mucha gente en un símbolo de la brutalidad israelí. La catástrofe propagandística forzó a Netanyahu a liberar a todos los activistas y tripulantes encarcelados y enviarlos a casa. En conjunto, algo que podría haber sido un incidente sin importancia, pronto olvidado, se convirtió en una gran victoria para los activistas. El mundo entero prestó atención. El bloqueo a Gaza se hizo el centro del interés internacional. Las consecuencias políticas fueron incluso peores. Turquía se convirtió en un enemigo. Durante muchos años, Turquía – y especialmente las Fuerzas Armadas turcas – había sido un aliado incondicional de Israel. Se tejieron relaciones secretas entre las dos potencias no árabes de Oriente Próximo. Durante el reinado de David Ben-Gurion, una de las piedras angulares de la política regional israelí era la "teoría periférica". Acorde a ella, Israel estableció alianzas no oficiales con los Estados no árabes que rodean el mundo árabe: la Turquía kemalista, la Irán del sah, Etiopía, Chad etcétera. Israel vendía armas a Turquía. Se celebraron maniobras militares conjuntas. Finalmente se establecieron relaciones diplomáticas oficiales. Todo esto se terminó con el asunto del Mavi Marmara (salvo la parte militar que continúa en secreto). Los ánimos se caldearon. La opinión pública turca reaccionó con furia. Israel se negó a pagar las altas indemnizaciones a las familias desconsoladas (las negociaciones sobre este punto continúan). Recep Tayyip Erdogan, un político hábil, explotó el incidente para cambiar de frente y restablecer la influencia turca en los países árabes que habían pertenecido al Imperio otomano en su fase final. ¿Qué ganó Israel de todo esto? Nada. El Gobierno israelí ¿ha sacado alguna conclusión de esta debacle? ¿Cómo podrían? Para ellos no era en absoluto una debacle, sino más bien una demostración admirable de la valentía y determinación de Israel. El incidente de esta semana era el resultado inevitable. Habrá más.

Para sopesar los resultados de un enfrentamiento, hay que preguntarse qué quería conseguir cada bando. Los organizadores de la flotilla querían escenificar una provocación para atraer la atención del mundo sobre el bloqueo dañino. Desde su punto de vista, la reacción israelí cumplió de forma maravillosa con sus objetivos. Netanyahu quiere que el bloqueo se mantenga y que reciba la menor atención posible. Desde su punto de vista, los ataques a los barcos son contraproductivos. En breve, son estúpidos. La pregunta principal, desde luego, es: ¿Para qué existe un bloqueo en primer lugar, por el amor de dios? ¿Cuál es su finalidad?     La finalidad del bloqueo a Gaza es que sus 1,8 millones de habitantes vegeten al borde de la muerte por inanición Oficialmente, su finalidad es impedir que lleguen armas a la Franja de Gaza, para prevenir que Hamás pueda atacar Israel. Si eso es así ¿para qué todo el drama? Unos barcos que navegan hacia Gaza, presuntamente para llevar medicinas y comida, se pueden registrar de mutuo acuerdo en los puertos de los que zarpan. Los organizadores no pueden negarse a ello, si no quieren levantar suspicacias. También es posible parar los barcos en alta mar, registrarlos y luego permitirles que continúen viaje. Este procedimiento es bastante habitual. El gobierno israelí ha rechazado estas posibilidades, por lo que ha suscitado la sospecha de que la finalidad del bloqueo es bastante distinta. Es impedir que llegue a Gaza ningún tipo de mercancías para mantener a ese territorio superpoblado totalmente dependiente de las provisiones que lleguen desde Israel, país que sólo permite llevar lo absolutamente imprescindible para sobrevivir. La finalidad oculta es hacer que los 1,8 millones de habitantes, la mayoría descendientes de refugiados de Israel, sigan vegetando al borde de la muerte por inanición, para que finalmente se rebelen y derroquen las autoridades de Hamás. Si esto es el caso, ha sido un fracaso estrepitoso. Al contrario: bajo esta presión cruel, los habitantes parece que se acercan cada vez más a Hamás. Al fin y al cabo, Hamás no es un invasor extranjero sino que lo forman los hermanos e hijos de los habitantes.

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El Mesías no ha venido

El Mesías no ha venido y Bibi no se ha ido. Este es el triste resultado. Triste, pero no el fin del mundo.

Como dicen los americanos: “Hoy es el primer día del resto de tu vida”.

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Un discurso caro

Winston Churchill, como se sabe, dijo que la democracia es el peor sistema político, exceptuando todos los demás que se han ido experimentando.

Cualquiera que esté metido en la vida política sabe que Churchill, como buen británico, se quedó corto. Churchill también dijo que el mejor argumento contra la democracia es charlar cinco minutos con un votante cualquiera. Muy cierto.

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El aislamiento espléndido

Casi mil personalidades israelíes han firmado ya una petición dirigida a los Parlamentos europeos para que exijan a sus gobiernos reconocer el Estado de Palestina. Tengo el honor de ser uno de los firmantes, entre los que hay también exministros y diputados, diplomáticos y generales, artistas y hombres de negocios, escritores y poetas, entre ellos los tres autores israelíes más destacados, Amos Oz, David Grossman y A. B. Yehoshua. Estamos convencidos de que la independencia del pueblo palestino en un Estado propio, vecino al Estado de Israel, es la base para la paz y por ello es tan importante para los israelíes como lo es para los palestinos. Esto, por cierto, ha sido mi firme convicción siempre, desde la guerra de 1948. La extrema derecha, que ha gobernado Israel en los últimos años, cree lo contrario. Dado que pretende convertir todo el área entre el Mar Mediterráneo y el río Jordán en el “Estado-Nación del pueblo judío”, rechaza completamente el establecimiento de un Estado palestino. Éstas, pues, son las líneas del frente:

Un Estado palestino en Cisjordania y la Franja de Gaza, con Jerusalén Este como capital, un tratato de paz israelí-palestino, el fin de la ocupación, paz entre Israel y todo el mundo árabe y musulmán… o bien un Gran Israel, una ocupación o anexión continua, más asentamientos, limpieza étnica, guerra permanente. Israel debe elegir. El mundo también. Últimamente, varios Parlamentos europeos han pedido a sus gobiernos que reconozcan el Estado de Palestina. Queremos fomentar este proceso. El Parlamento portugués lo hizo el viernes pasado, siguiendo el ejemplo de los Parlamentos de Reino Unido, Irlanda, Francia y España. El Parlamento Europeo, una institución cuya influencia y poder están creciendo, también lo ha hecho. Sólo se trata de recomendaciones. Pero el Gobierno de Suecia ya ha reconocido oficialmente el Estado de Palestina. Algunas mentes poco orientadas han asegurado que se trata del primer país de la Unión Europea que reconoce Palestina. Esto no es cierto para nada: Palestina ya cuenta con el reconocimiento de Bulgaria, Chipre, República Checa, Hungría, Malta, Polonia, Rumanía y Eslovaquia, todos países de la UE; además de haber sido reconocido por Albania, Azerbaiyán, Bielorrusia, Bosnia-Herzegovina, Georgia, Islandia, Montenegro, Rusia, Serbia, Turquía y Ucrania, países europeos que no forman parte de la Unión Europea. Una lista bastante impresionante. Pero ¿importa? La Declaración de la Independencia estadounidense subraya la importancia de un “respeto decente por la opinión de la humanidad”.

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Vino, sangre y gasolina

Kafr Kanna, un pueblo cerca de Nazaret, probablemente sea el lugar donde Jesús -según relata el Nuevo Testamento – convirtió el agua en vino. Ahora es una aldea árabe donde la policía israelí convierte las piedras en sangre.

El día de autos, la policía se estaba enfrentando a un grupo de jóvenes árabes que protestaban contra los intentos de Israel de cambiar el status quo del Monte del Templo (al que los musulmanes llaman “Noble Santuario”). Este tipo de manifestaciones tenían lugar ese día en muchas ciudades y aldeas árabes en todo Israel, y especialmente en la Jerusalén Este ocupada.

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Cruzados y sionistas

Últimamente, las palabras ‘‘cruzados” y ‘‘sionistas’’ aparecen cada vez con más frecuencia como sinónimos. En un documental que he visto recientemente sobre el ISIS, aparecían juntas en casi todas las frases que decían los combatientes islamistas, adolescentes incluidos.

Hace alrededor de sesenta años escribí un artículo cuyo título decía justo lo mismo: ‘‘Cruzados y sionistas’’. Puede que fuera el primero sobre esa materia.

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Una guerra para nada

Después de 50 días, la guerra ha terminado. ¡Aleluya!

En el bando israelí: 71 muertos, entre ellos 66 soldados y 1 niño.

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Hijo de la muerte

La guerra había terminado. Las familias regresaban a sus kibbutz cercanos a Gaza. Los jardines de infancia abrían de nuevo. Un alto el fuego entró en vigor y se alargó una y otra vez. Obviamente, ambos bandos estaban agotados.

Y entonces, de repente, volvió la guerra.

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