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Investigadores muestran que la destrucción de la capa de ozono por un brusco calentamiento de la Tierra acabó con un 82% de las especies en el pasado

Muestras de esporas tomadas en un lago de Groenlandia. Las más oscuras muestran los efectos dañinos de los rayos ultravioletas en el ADN.

Laura Rodríguez

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Una desaparición temporal de la capa de ozono, causada por un calentamiento global similar al que se predice en el futuro, fue la causa de la extinción masiva del final del periodo Devónico hace 360 millones de años, según publica esta semana un estudio la revista Science Advances.

Los altos niveles de radiación de rayos UV-B, que se produjeron por la reducción de la ozonosfera que protege la Tierra de los rayos del sol, acabaron con hasta un 82% de las especies, entre ellas grandes ecosistemas forestales y múltiples especies de peces y tetrápodos, nuestros antecesores de cuatro patas.

“La capa de ozono se extinguió por un corto periodo de tiempo en esta era geológica”, explica el investigador principal, John Marshall,  “al mismo tiempo que se produjo un breve y rápido calentamiento de la Tierra”. Sin una gran erupción volcánica que pueda explicar ese cambio en la atmósfera, los autores encuentran que la hipótesis más plausible es que fue el transporte hacia las capas más altas de la atmósfera de compuestos químicos nocivos para el ozono a través del vapor de agua que generaban las altas temperaturas lo que permitió que se dañara esta protección.

“Nuestra capa de ozono está en continuo movimiento, siempre creándose y destruyéndose”,  explica Marshall,  “ahora hemos demostrado que esto ocurrió en el pasado también, sin un catalizador como una erupción volcánica continental”

Que la capa de ozono pueda destruirse a tal escala por un aumento brusco en las temperaturas, y no solo por las grandes erupciones volcánicas que produjeron las montañas y cordilleras, explican los autores, establece un nuevo mecanismo para explicar las extinciones masivas y tiene una implicación que nos afecta de forma más cercana. 

“Las estimaciones actuales sugieren que alcanzaremos temperaturas globales similares a las de hace 360 millones de años, por lo que la capa de ozono podría desaparecer otra vez”, argumenta el científico,  “esto expondría la vida en la superficie terrestre y en las aguas poco profundas a una radiación letal”.

Algo que los autores pudieron observar en las esporas y el polen que obtuvieron de las rocas del periodo Devónico que consiguieron en el este de Groenlandia y en las montañas de los Andes cerca del lago Titicaca. Muchas de ellas presentaban malformaciones como espinas en su superficie y habían desarrollado pigmentos oscuros consecuencia de los efectos dañinos de los rayos ultravioletas en el ADN.

El final de la segunda extinción masiva, con su enorme impacto en los bosques y la vida acuática, acabó con un gran número de plantas y prácticamente la totalidad de los peces acorazados, por entonces el grupo dominante, y creó un nuevo camino en la evolución de los seres vivos en nuestro planeta.  Cuando la temperatura de la Tierra empezó a descender, la capa de ozono empezó lentamente a recuperarse, pero el proceso duró millones de años también.

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