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¿Qué hacía un científico de Exxon en una conferencia climática en 1979? La petrolera supo hace 40 años lo que pasaría y lo ocultó

El próximo octubre debe celebrarse en Nueva York el juicio contra Exxon por esconder a sus inversores el riesgo financiero del cambio climático

Así descubrieron los periodistas del medio independiente 'Inside Climate News' la mentira de la petrolera

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Ilustración de Marissa Batanero para Ballena Blanca

Extracto del cómic publicado en el N19 de la revista Ballena Blanca Marissa Batanero/BB

"Sabíamos que, si cometíamos un solo error, por pequeño que fuera, todo el proyecto sería desacreditado". El periodista David Sassoon explica lentamente al otro lado del teléfono desde la redacción de Inside Climate News que dirige en Brooklyn, el exceso de celo que se autoimpuso su equipo para contar una de las mejores y más potentes historias que se han publicado sobre el negacionismo del cambio climático. Durante ocho meses, los periodistas de este medio independiente surgido en 2007, hablaron con decenas de científicos del clima que estuvieron en activo en los años 70 para aclarar algo clave: hasta dónde Exxon conocía el problema.

Querían confirmarlo porque habían accedido a cientos de documentos internos de la petrolera que demostraban que Exxon era consciente del impacto de los combustibles fósiles en el calentamiento global ya en la década de los 70. Esta empresa había dedicado mucho dinero para crear un equipo de investigadores que durante casi diez años estuvo al nivel de la élite científica de Estados Unidos en el conocimiento que entonces se tenía sobre el aumento de la temperatura global. "Estas compañías tienen a los mejores científicos del mundo y también a los mejor pagados, no encajaba que no entendieran el cambio climático. Queríamos ver si sabían más", continúa Sassonn.

Primero rastrearon a todas las grandes del petróleo, BP, Shell, Peabody, hasta que empezaron a ver nombres de ingenieros de Exxon en conferencias científicas sobre el clima. De pronto, esta empresa presentaba algo más intrigante que las demás y comprendieron que Exxon estuvo dedicando una buena parte de sus desmesurados recursos a comprender y medir la concentración de CO2 , el principal gas causante de que la Tierra se esté calentando. "Ninguna otra compañía estadounidense, por lo que supimos, había hecho nada parecido".

En una reunión en la sede de Exxon, uno de los ingenieros jefe se dirigió a los poderosos hombres del petróleo y les dijo que el dióxido de carbono resultante de usar energías fósiles calentaría el planeta y dañaría a los humanos. "Era julio de 1977 cuando los líderes de Exxon escucharon aquello, mucho antes de que el mundo hubiera oído hablar de la crisis climática que se avecinaba", han relatado los periodistas que participaron en la investigación en uno de los artículos de su serie Exxon: el camino no tomado.

Ilustración de Marissa Batanero para Ballena Blanca

Marissa Batanero/BB

La petrolera escuchó y decidió lanzar su propia y extraordinaria investigación sobre el dióxido de carbono. Creó un equipo de modelización e incluso financió un petrolero diseñado para medir la concentración de CO2 en los océanos, con la intención de descubrir si estos serían capaces de absorberlo. Se contrataron matemáticos para desarrollar mejores modelos climáticos, programas informáticos que simulaban cómo funcionaba el clima y así valorar el impacto de las emisiones en la temperatura global.

La compañía presupuestó un millón de dólares para gastar en tres años en su proyecto de petrolero. Los periodistas de Inside Climate News consideraban con acierto que esta cantidad era sin duda minúscula dentro de los 300 millones de dólares del gasto anual de la compañía para investigación. "Pero el asunto que aquellos científicos estaban tratando era una de las mayores incógnitas en la ciencia del clima: cómo de rápido los océanos podrían absorber el CO2 . Si Exxon era capaz de responder a la pregunta, sabría cuánto tiempo tenía antes de que la acumulación de dióxido de carbono en la atmósfera forzara una transición hacia energías alternativas a los combustibles fósiles", describen los periodistas en uno de sus artículos publicados.

En el verano de 1979, uno de los vicepresidentes de Exxon encargó a Steve Knisely, ingeniero en la empresa, que analizara cómo el calentamiento global afectaría al uso de combustible. "Creo que aquel tipo [el vicepresidente] intentaba dar por bueno que el efecto invernadero incentivaría la inversión en energías alternativas que no fueran dañinas para el medio ambiente", relataría luego Knisely, uno de los testimonios recogidos por los periodistas.

Este ingeniero hizo una proyección basándose en los modelos que Exxon ya manejaba: a menos que el uso de energías fósiles se redujera, la concentración de CO2 en la atmósfera alcanzaría 400 partes por millón en 2010. En mayo de 2019, nada menos que 40 años después, esta fue de 415 partes por millón, un récord nunca visto en la historia humana. El ingeniero de Exxon proyectó con pasmosa exactitud la gravedad de un problema creado por el negocio de sus jefes gracias a la enorme inversión y esfuerzo por comprender realmente el problema.

Incluso calculó que la industria del petróleo debería dejar el 80% de sus reservas de crudo bajo tierra y sin quemar para evitar duplicar la concentración de CO2 en la atmósfera, un concepto que solo hoy se conoce y se ha llamado 'presupuesto de carbono', es decir, la cantidad máxima de dióxido de carbono que puede liberarse para no calentar la Tierra en unos niveles peligrosos e irreversibles. En 2013, el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC, en sus siglas en inglés), adoptó el concepto.

Durante cerca de una década, de 1977 a 1986, Exxon financió saber más y más sobre el calentamiento global. Incluso dio por bueno, aceptando el consejo de sus propios investigadores, publicar estudios en revistas científicas, lo cual hizo entre 1983 y 1984. Sus científicos, al igual que otros fuera de la empresa, se enfrentaron a la misma duda que rodea a la ciencia climática: cómo crear modelos certeros de proyección a largo plazo. Pero aun con eso, personas como Roger Cohen, que en aquella época era jefe de ciencia teórica de la petrolera, llegó a tener claro cuál sería el efecto de duplicar la cantidad de dióxido de carbono en la atmósfera: "Hay consenso unánime en la comunidad científica de que un aumento de la temperatura de esta magnitud traerá cambios significativos en el clima de la Tierra, incluidas la distribución de las lluvias y alteraciones en la biosfera".

Ilustración de Marissa Batanero para Ballena Blanca

Marissa Batanero/BB

¿Por qué una empresa del tamaño y el poder de una de las mayores petroleras del mundo dedicó tantos esfuerzos a comprender el impacto de la quema de petróleo en el clima? David Sassoon, el editor de Inside Climate News que puso en marcha la investigación, reflexiona: "Pensaban que podían solucionar el problema, son ingenieros, piensan que cualquier cosa se puede arreglar. Pero se dieron cuenta de que el problema era imposible de solucionar a no ser que se parase de emitir gases de efecto invernadero. Y, si el mundo hacía eso, su negocio se quedaba fuera. Tenían líneas de investigación en marcha sobre renovables, incluso estaban desarrollando un coche eléctrico, pero llegaron a la conclusión de que no podrían sustituir el enorme beneficio que estaban generando, no pudieron imaginar un nuevo modelo de negocio, eran los años 80; no sabían cómo transformar su compañía en una empresa de energía. Exxon sabe producir petróleo, así que quería seguir produciendo petróleo, eso es a lo que se dedica".

A finales de los 80, Exxon paró toda su investigación del clima y tomó el camino que los científicos de otra gran petrolera, British Petroleum, habían desaconsejado a sus ejecutivos a finales de los 90 por ser algo "intelectualmente indefendible": negarlo todo, el problema y la causa. Exxon incluso fue más lejos y financió a otros que también negaban que el calentamiento global no solo está probado, sino sobre todo que está causado por los humanos por quemar petróleo, carbón y gas. Cuando la redacción de Inside Climate News se puso en contacto con la empresa para contarle qué había descubierto y darle la oportunidad de contar su versión, Exxon, como era esperable, atacó. "Pero no la historia, sino a nosotros, al mensajero", recuerda ahora Sassoon.

Lo que Exxon no previó es que 40 años después, su mentira terminaría en los tribunales, no por poner en peligro a los humanos, sino el dinero de sus accionistas, que han invertido en una empresa en apariencia segura para sus ahorros. En el otoño de 2018, la Fiscalía General de Nueva York abrió una causa legal contra Exxon por ocultar el riesgo financiero de no hacer nada contra el cambio climático. "Los inversores depositaron su dinero y confianza en Exxon porque esta les había garantizado el valor a largo plazo de sus acciones, proclamando que tenían en cuenta en sus decisiones el riesgo creciente de los cambios de regulación", señaló entonces la fiscal Barbara Underwood.

Gran parte de la documentación que se usó para la investigación de la Fiscalía, que duró tres años hasta dar el paso de llevar a Exxon a juicio, sale de lo publicado por Inside Climate News en septiembre de 2015. "No sé si nuestro trabajo ha cambiado algo, es difícil responder a esa pregunta, pero la fiscal lo usó como una hoja de ruta y ha ayudado en otros casos legales que se están abriendo en otros países contra las petroleras, esos documentos tienen mucho valor", incide Sassoon.

Si a finales de los 70 casi nadie sabía qué era el calentamiento global, hoy "la gente busca la manera de que las compañías petroleras se hagan responsables", concluye este editor, de ahí que se estén abriendo procesos judiciales cada vez en más lugares.

Sin embargo, en otro nivel, para este periodista no ha cambiado nada: "Exxon sigue afirmando que va a quemar todo el petróleo que tiene y que sus inversores no tienen de qué preocuparse". Por el momento, y a pesar del arsenal de abogados de la compañía, que ha intentado por todos los medios que el juicio por presunto fraude a sus inversores no tenga lugar, está previsto para octubre de este año en Nueva York.


Este es un extracto del reportaje publicado en el número 19 de la revista Ballena Blanca. Puedes ver más sobre este proyecto periodístico aquí.


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