Sobre este blog

El Ojo izquierdo nació en El País en 2010 y prolongó su vida durante diez años en la cadena SER, con vivienda propia en el Programa Hoy por Hoy, primero con Carles Francino, después con Pepa Bueno y finalmente con Àngels Barceló.

Ahora se instala con comodidad en elDiario.es, donde es de esperar que se mantenga incólume la aviesa mirada de su autor, José María Izquierdo.

Urge vicepresidencia política

Pedro Sánchez, en una imagen de archivo, con las 4 vicepresidentas: Yolanda Díaz, Carmen Calvo, Nadia Calviño y Teresa Ribera. EFE/ Pool Moncloa/Borja Puig De La Bellacasa

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Sumen este modesto comentario a la avalancha de avisadores a Pedro Sánchez de los hechos evidentes: adiós a los fastos, olvídese de tantas glorias y laureles, quédese con los beneplácitos de una cumbre que salió redonda, felicidades a España, a su gobierno y a usted mismo, pero… y ahí nos abalanzamos todos, vaya preparándose para la catarata de duelos y quebrantos que le espera, un panorama dantesco, puro gore, precios, inflación, desavenencias en su gobierno, la Covid que amaga sobresaltos. Un horror, casi mejor acostarse y que las cosas se resuelvan solas, aquella famosa táctica del inefable Mariano Rajoy. 

Pero sabemos que eso no ocurrirá, que usted gusta de la bronca, máxime cuando ahí tenemos a la oposición, que en algunos sitios civilizados llaman la muy leal oposición -¡qué envidia!- dispuesta a mimetizarse cada vez más con la ultraderecha de Vox, tú quieres robarme votos pero yo voy a robártelos a ti, acabado muy pronto el sueño del enésimo viaje al centro del PP, irredenta formación que nunca abandonará a la España más rancia y más reaccionaria, que coincide, ya ven, con la más corrupta. Porque ahora ya no es solo la reina del vermú madrileña y sus ridículas fugas mentales, que esta Isabel Díaz Ayuso que padecemos en Madrid carece de ese mecanismo que tenemos los seres humanos entre la boca y el hígado por el que hacemos atravesar a las palabras por el cerebro. O falta ese túnel o falta el seso. Añadan, además, que carece de freno a la mentira, enfermedad común en la derecha pero de grado terminal en su caso. 

Y no está sola porque ahora vive acompañada en su furor ultra por un renacido político -¡y con qué vigor!- de sus antiguas cenizas. Integrante de aquella luminosa camada valenciana que aportó nombres por decenas  al saco de la corrupción institucionalizada, los Camps, los Zaplana, los Cotino, las Barberá, los Costa, los Fabra, etcétera, etcétera, héteme aquí que de aquel albañal, de aquella sentina amenizada por los Correa y los Bigotes, emergió, límpido y cristalino, cual flor de loto entre la mugre y la inmundicia, el inefable Esteban González Pons, qué sonrisa tan encantadora, miren ustedes cuán moderado soy, tanto como mi jefe de filas, el señor Núñez Feijóo, reconocido centrista, el mismo que aplaude con las orejas las becas para ricos de Madrid. ¿Hay dos PP? Falso. Uno y bien reaccionario. 

Por eso, por su acreditada templanza, es por lo que llevan días poniendo en cuarentena como auténticos cuatreros la validez y legalidad de las próximas elecciones, acusando de querer hacer trampas en las urnas al gobierno del PSOE. ¿Pero no era esa la táctica del asilvestrado Donald Trump, sucia maniobra criticada hasta por las voces más moderadas de los republicanos? Pues aquí, esta derecha de la que tanto disfrutamos, apoyada por esa prensa ultraderechista que patrocina gozosa cualquier ignominia, ha elegido ese mismo camino, tan zafio y tan peligroso. Más allá de Vox, más allá de Abascal. ¿No se les cae la cara de vergüenza a estos virtuosos moderados?

Así que por supuesto Sánchez necesita nuevas ideas y nuevas fuerzas. ¿También nuevas caras? Pues seguramente también. La primera cima a escalar será la aprobación de los gastos para Defensa, por un lado, y las medidas anticrisis por otro. Dado que el socio de Gobierno, sentados en la silla de al lado, apenas a 50 centímetros uno de otro ministro –o de otra ministra- va a poner trabas hasta cansarse, lo mismo tiene el presidente que ir a buscar el sí de la oposición. Le costará mucho al PP negarse, que sus aliados europeos, y los de Estados Unidos, no nos engañemos, van a advertirles que con las cosas de comer no se juega. Este veterano plumilla, calificado así para evitar el de decrépito anciano, guarda en su memoria la cena que tuvo con el entonces presidente de Alianza Popular, Manuel Fraga, la noche anterior al referéndum de la OTAN del 12 de marzo de 1986. Estaba desolado y arrepentido por su error y así nos lo hizo saber a los tres o cuatro periodistas de El País que compartíamos mantel. Mal aconsejado, acusó directamente a Óscar Alzaga y los democristianos, decidió que su partido optara por hacer campaña a favor de la abstención. Le llovieron críticas feroces de Washington y todos sus aliados europeos. Es de suponer que Núñez no querrá pasar por la misma vergüenza. 

Pero Sánchez tiene otra batalla aún más difícil: la inflación. Y fíjense ustedes que para intentar solventar este gravísimo problema cuenta con un Gobierno fuertemente armado, desde la vicepresidenta Calviño –ahí es nada- hasta Yolanda Díaz, Teresa Rivera, dicen que sabe mucho, María Jesús Montero, Escrivá o Planas. Pero, ¿y qué se hace con la otras dos guerras, la de convencer a Unidas Podemos y la de neutralizar las mentiras y ataques feroces del PP y la prensa de la caverna? Cree este Ojo que la cosa está clarísima: se necesita una vicepresidencia política de fuerza contrastada, con reconocimiento interno y externo, capaz de afrontar ambos retos.

Carece Sánchez de esa ayuda absolutamente necesaria. Por un lado, poner orden en el propio Gobierno y evitar, o en su caso apagar, los demasiado frecuentes incendios con Echenique o Belarra. ¿Y quién toma las riendas de responder con firmeza y eficacia a las provocaciones de esta derecha de tan montaraces modos? Olviden ustedes a los portavoces variados que ahora ejercen en el Gobierno y el partido, sean compasivos con el Ojo y no le obliguen a calificar a los levísimos villanos que ahora ocupan esos puestos, se llamen Felipe, Héctor o Isabel. Por no hablar de Adriana. Gustara o no Carmen Calvo, el Ojo también tiene su propia opinión, ahí contaba Sánchez con una persona que ponía gesto y palabras en la pelea cara a cara. Desapareció nombre y cargo –vicepresidencia política- en la remodelación de junio de 2021, y todavía tenemos ese hueco –vital, importantísimo- sin cubrir. Las tres vicepresidentas, tres, están demasiado volcadas hacia la economía, líbrenos el señor de despreciar los asientos contables, aunque Calviño se ha permitido lucir en el Congreso alguna incuartata política frente a la oposición, y Díaz, sin duda la más ideológica, no pertenece al PSOE. Elección imposible, pues.

¿No quiere Sánchez nombrar a nadie o no sabe a quién? Pues urge, y mucho, porque el tiempo corre y las elecciones municipales y regionales se acercan. Tic, tac, tic, tac.  

Adenda. Ya que los señores magistrados del Tribunal Constitucional han decidido por su cuenta y riesgo, como si se tratara de una amigable peña de jugadores de mus del bar de la esquina, cruzarse de brazos y aparcar los recursos sobre el aborto, la eutanasia y otros varios, podían aprovechar, ya puestos, para dimitir y ahorrarnos sus cuantiosos sueldos que les abona todos los meses el Estado –o sea, usted y yo- por esa huelga encubierta de brazos caídos. ¿Piensan tan finos juristas estar holgazaneando hasta que a Feijóo se le antoje pactar? ¿Qué ven sus señorías cuando se miran al espejo?

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El Ojo izquierdo nació en El País en 2010 y prolongó su vida durante diez años en la cadena SER, con vivienda propia en el Programa Hoy por Hoy, primero con Carles Francino, después con Pepa Bueno y finalmente con Àngels Barceló.

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