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Pilas de lechones muertos cubiertos de placenta y otros horrores “constantes” en la industria porcina

28 de febrero de 2026 06:02 h

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Todos los cerdos con la cola mutilada aunque las directivas europeas lo prohíben. Heridas, abrasiones, prolapsos… problemas de salud generalizados. Falta de higiene en todas las granjas, llegando incluso a la documentación de lechones muertos dentro de los abrevaderos.

Cada investigación de Fundación Igualdad Animal es una nueva pesadilla. Es abrir las carpetas de imágenes con el estómago ya revuelto, anticipando el horror y sabiendo que, aunque no queda capacidad para la sorpresa, será inevitable estremecerse y maldecir.

Esta nueva investigación se centra en nueve granjas de la industria porcina en Aragón y con ella Fundación Igualdad Animal constata y denuncia que las inspecciones son casi inexistentes, ya que cada año apenas controlan entre el 1% y el 3% de las granjas que hay en toda España, y en la mayoría de los casos, con aviso previo.

Las imágenes recopiladas y difundidas pertenecen a nueve granjas de cría, maternidad y engorde de cerdos en Aragón, concretamente en las provincias de Teruel y Zaragoza, y todas y cada una de ellas muestran la crueldad y el abandono al que se somete a estos animales.

La ley ya de por sí es laxa, tanto que permite hablar de “bienestar animal” cuando los animales no son más que mercancía, criados con la única finalidad de convertirlos en productos de consumo cuando apenas son cachorros. Por ello, la mayoría de los hallazgos muestran prácticas que son estándar en la industria porcina en España. Sin embargo, también se han documentado violaciones de la legislación.

Fundación Igualdad Animal explica que las imágenes muestran la “alarmante mortalidad” de los lechones en las granjas de cría investigadas, donde los más débiles no logran mamar y simplemente se les deja morir de hambre. No tienen ningún valor en una industria que ya cuenta con esas muertes en el precio final de las lonchas en los lineales. Tanto es así que la industria fomenta las camadas numerosas, aunque eso provoca que las cerdas no tengan capacidad de amamantar a todas las crías, que muchos lechones nazcan extremadamente débiles y problemas en el parto.

En las granjas investigadas se ha documentado la presencia de lechones tan débiles que mueren de hipoxia durante las primeras 24 horas de vida, una cerda con un mortinato atrapado en su canal de parto, con las patas traseras sobresaliendo, y los recién nacidos muertos cubiertos de placenta amontonados detrás de las cerdas son una constante.

En las granjas porcinas españolas, la mortalidad de los lechones se sitúa en torno al 15% sobre el total de nacidos vivos, y llega al 20% si se tienen en cuenta los mortinatos o nacidos muertos.

En las instalaciones de cría documentadas, las cerdas se ven obligadas a un confinamiento extremo que no les permite satisfacer sus necesidades etológicas más básicas, lo que provoca comportamientos estereotipados y autolesiones. Solo a modo de ejemplo: en cuatro de las granjas se encontraron jaulas de gestación muy estrechas que solo tenían 203cm de largo y 61 de ancho, y las cerdas apenas cabían dentro de ellas; cerdas con comportamientos estereotipados con heridas en la boca y el hocico por morder insistentemente los barrotes; cerdas madres con comportamientos agresivos y amputaciones en las orejas. Incluso dentro de los recintos grupales, los cerdos se encuentran hacinados y están sujetos a altos niveles de estrés.

Además de las prácticas estándar de alojamiento perjudiciales para el bienestar animal, se observan posibles violaciones y casos de incumplimiento de los requisitos legales.

En prácticamente todas las instalaciones, los cerdos tienen la cola mutilada pese a que las directivas europeas lo prohíben. La investigación documenta cubos llenos de muñones de cola, así como testículos amputados, y colas amputadas esparcidas por el suelo.

Anna Mulá, gerente de Incidencia Legislativa de Fundación Igualdad Animal, explica que en noviembre de 2025 se presentaron denuncias contra varias explotaciones por “graves deficiencias estructurales”. La administración autonómica realizó inspecciones pero no abrió expediente sancionador porque no apreció infracciones en la normativa sobre bienestar animal. Si solo se inspeccionan entre el 1% y el 3% de las granjas y casi siempre con aviso previo, muchas de esas prácticas denunciadas “pasan totalmente desapercibidas” y se siguen ejecutando “con total impunidad”, denuncia Mulá, que alerta además de que en Aragón se han reducido “drásticamente” los recursos públicos para inspeccionar y sancionar, por lo que los animales siguen sufriendo mientras aumenta el “riesgo sanitario”.

Lo peor de esta investigación es que no son casos aislados. Fundación Igualdad Animal y otras organizaciones han documentado estas prácticas en prácticamente todas las instalaciones a las que han accedido, porque, de nuevo, la realidad no es la que muestra la industria en sus anuncios bucólicos y eslóganes engañosos. No hay bienestar posible cuando se trata de explotar a los animales para obtener un beneficio. No hay cerdos felices, ni vacas felices, ni corderos felices, ni gallinas felices ni animal alguno feliz cuando la única razón de su existencia es ser un producto. Y así seguirá siendo mientras exista esta industria de muerte, esta cadena de desmontaje de cadáveres que solo ve la luz con este tipo de investigaciones.