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Una goleada al Real Oviedo devuelve al Tenerife a su mejor versión

Mollejo celebra su gol al Oviedo

Cuatro goles y una noche casi sin sobresaltos devolvieron al Tenerife a su verdadera esencia. Llegaba a la cita de este viernes comprometido por los cinco puntos que se dejó entre el derbi y la visita a Lezama, pero si había dudas en el entorno las despejó todas con un partido espléndido, coral, que dejó noqueado al Real Oviedo y al grupo de Ramis otra vez más cerca del ascenso directo que del corte de la promoción.

Los blanquiazules fijaron el rumbo con un comienzo eléctrico que echó a perder el planteamiento de Ziganda. Salió su equipo empeñado en achicarle el campo al rival y le respondió el Tenerife con dos bofetadas, la una como resolución de un mal despeje de Dani Calvo, la otra incapaz de negar un cabezazo espléndido –otro– de Elady, que domina todas las suertes como nadie en este equipo. Con un cuarto de hora gastado, el 2-0 dio tranquilidad al Tenerife y descubrió la incapacidad del Oviedo –acostumbrado a golpear primero– para manejarse marcador abajo.

Al cabo, se impuso el Tenerife con el juego con el que parece más cómodo y es, sin duda, más efectivo. Esperó al Oviedo en su medio campo, abrochó bien los ajustes las más de las veces –solo tuvieron problemas los centrales con un par de pelotas al espacio para Borja Bastón y Obieng– y se desplegó, felino, cuando recuperó la posesión. Y en dos vueltas a campo abierto, con un pase corto y otro a la carrera del lateral, armó los dos tantos del primer acto.

En el 1-0, el pase definitivo, después de un primer remate en semifallo, fue de Pomares, que luego de aprovechar una entrega soberbia de Bermejo para que corriera su banda, la puso al área y tuvo la fe de buscar la segunda jugada que provocó un corte fofo de Dani Calvo. Le pegó dos veces el zaguero y acabó el balón desviado para Mollejo, que no perdonó.

Pomares tiene una virtud sobresaliente que no abunda. Ha sido capaz de sobreponerse a las pifias de diciembre elevando sus prestaciones. Esta noche originó el 1-0, regaló el 2-0 a Elady con un pase en llegada desde su flanco que enlazó perfecto con la cabeza del hoy segundo delantero y obligó a Femenías, a segundos del entreacto, a volar hasta la escuadra cuando ya entraba un tiro desde treinta metros, lejos de la frontal. Y entre pases y remates, completó su faena más completa desde que es blanquiazul. Sin pasar facturas gestuales y con un despliegue elogiable.

Pomares sirve de ejemplo para otra actuación orquestal del Tenerife en la que nadie desentonó –más allá de lo poco que puede lucirle a Gallego una jornada sin aciertos– y todos alcanzaron cuando menos el notable. Con la mejor nota, Álex Corredera, repuesto a su nivel óptimo. Liberado por Aitor para hacer menos trabajo sucio que lustroso, se apareció para arrancar la conducción desde su área, para filtrarla entre Luismi y Jimmy, para esconderla o ponerla al área. No tiene el ímpetu de Milla, pero acabará siendo mejor porque al gasto físico que es capaz de acumular le une el talento que le permite ver el fútbol en la dimensión del pase corto, del largo y de los espacios donde descargar cuando hay que liberar la presión o de percutir cuando juega vertical.

Corredera se ganó el sobresaliente como Elady –fuera de su sitio habitual por la baja de Shashoua del once– mejorando la salida en largo con su pelea con los centrales o como Soriano fiable en todas las suertes: por arriba lo ganó todo y en la respuesta a los remates anduvo felino: una mano a Borja antes, un tiro a bocajarro de Lucas en la segunda mitad. Otra jornada inmaculada.

Ziganda solo esperó hasta el descanso para buscar remedios a la tragedia. Ganó el Oviedo mucho con la entrada de Pombo, Lucas y Borja Sánchez. Cayó más y mejor al área, pero cuando no se topó con Soriano lo hizo con los centrales. Peleado con la eficacia, perdido definitivamente el medio juego, no podía esperar que el Tenerife hiciera aún más sangre con sus cambios. Se agarró a la proyección que le da Michel jugando de ocho y se hizo la luz con una asistencia de Rubén Díez en la línea de puerta que definió el propio Herrero. Como fin de fiesta, un tiro soberbio del extremo que cogió altura y entró pegado a la cruceta.

El golazo de Rubén debería obrar como detonante de lo que demostró en Castellón y aquí casi no ha ofrecido. Y la goleada del Tenerife, para devolverle a la línea de eficacia que le mantiene en los puestos de promoción desde el otoño. No se cae, encaja poquísimo y pega como pocos cuando juega directo. Si mantiene estas virtudes, pasará en nada por el campamento base listo para discutir el ascenso con quien sea.

(4) CD TENERIFE: Soriano; Mellot (Moore, m.84), Sergio González, José León, Pomares; Mollejo, Aitor Sanz (Michel, m.56), Álex Corredera, Bermejo (Shashoua, m.84); Elady y Enric Gallego (Rubén Díez, m.67).

(0) REAL OVIEDO: Joan Femenías; Carlos Isaac (Jirka, m.67), David Costas, Dani Calvo, Mossa (Lucas, m.46); Sangalli (Borja, m.46), Jimmy, Luismi; Viti, Borja Bastón (Joni Montiel, m.84) y Obeng (Pombo, m.46).

GOLES: 1-0, Mollejo (m.6). 2-0, Elady (m.14). 3-0, Michel (m.79). 4-0, Rubén Díez (m.89).

ÁRBITRO: Óliver De la Fuente Ramos (Comité castellano y leonés). Amonestó a Enric Gallego (m.24) y a los visitantes Mossa (m.44), Carlos Isaac (m.61) y Lucas (m.73)

INCIDENCIAS: Partido de la 24ª jornada de LaLiga SmartBank 21-22, jugado en el estadio Heliodoro Rodríguez López. 7.310 espectadores, con restricción del aforo al 50 por ciento por la crisis sanitaria.

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