El Tenerife se empacha de puntos y oficio
El Tenerife volvió a apostar por el oficio como vía hacia el éxito. En un partido empezado con media hora de retraso —un ataque de incompetencia visual del árbitro obligó al Zamora, previo cobro a su rival de 15 mil euros como compensación, a jugar con su camiseta reserva— y acabó bajo un lluvia de aguanieve torrencial y la recriminación de Óscar Cano a Álvaro Cervera explicándole cómo negociar los insultos de un aficionado mientras diriges a tu equipo.
Este Óscar Cano es el protagonista del primer capítulo del despropósito perpetrado la temporada pasada por Garrido, Pozas y Guerrero que acabó con el descenso del Tenerife a la Primera Federación y la ascenso de estos gestores al podio de la historia negra del tinerfeñismo. Cano et alii (los citados) aprobaron el fichaje —de entre una lista que superado el duelo todavía indigna— de un lateral izquierdo sin habilidades para la Segunda División que ya en la pretemporada apuntó sus carencias. Cano, un visionario del fútbol, disculpó en aquel momento al futbolista diciendo que no jugaba desde el mes de mayo. Igual que el resto de la plantilla, olvidó decir, para evitarse el bochorno de semejante juicio.
Año y medio después, ha sido capaz de colocar al Zamora a las puertas de la promoción hasta encontrarse con este Tenerife autoritario al que no encontró manera de meterle mano. Lo intentó con Cervera con el partido acabado y tampoco. En peores plazas y con lances más difíciles ha negociado Cervera como para que esto no pasara de una vaquilla en un tentadero.
Con un árbitro corto de entendederas cromáticas, transferencias urgentes, un tiempo de perros y un entrenador con tiempo para la urbanidad mal entendida se jugó el partido y todo. Si había cuentas pendientes de la primera vuelta no debían de ser entre jugadores, porque si de algo careció lo de este sábado fue de juego sucio campo adentro.
Al Tenerife le bastó el orden táctico, que antes fue corrigiendo Cervera según surgían las fallas iniciales—la más importante cuando le cayeron a David por su zona y optó por juntar cinco medios por detrás de De Miguel— y luego, descanso mediante, cerrando con cinco —David como central derecho y Marc Mateu en su flanco natural— hasta dar con un tránsito rentable, entre cómodo y gris. Con un resultado distinto a este 0-1, habría sido un sopor de partido impropio de este Tenerife intratable. A favor de corriente tras el gol que armó Aitor Sanz y pulió Carlos Ramos, hasta se acepta pulpo como animal de compañía.
En ventaja consumido solo un sexto, el Tenerife ya había descontado la baja de Enric Gallego y el miedo que podía provocar. Cervera abrigó a De Miguel colocándole a Juanjo como tercer medio centro adelantado —un segundo lateral cuando lo mutó a interior— y devolvió galones de titular a Aitor Sanz, que a estas alturas se come estas citas sin indigestiones. Su gol de este sábado no es lo de menos, pero el cuajo con el que se maneja para lo demás, si el equipo no pierde el sitio, recuerda el papel como seis de referencia que bien podría hacer suyo un Ulloa cualquiera.
De regreso de la caseta y de un remate de Loren en el 20 como única respuesta nociva del Zamora, el Tenerife cambió de plan con la defensa de cinco. Cumplió lo justo hasta que Farrell obligó encarado con Dani (59) en la más clara en el área de los locales y se estiró hacia el área del Zamora cuando adivinó el riesgo de que la zaga no caminara con el resto y se le alargaran las líneas.
Apareció de nuevo Nacho Gil —con la conducción, porque como casi defiende más que ataca, resulta que Nacho Gil es omnipresente e indispensable— y andando el 65 intuyó donde iba a caer un centro envenenado de Marc Mateu para prolongarlo ante el portero y dejar la pelota liberada, sobre la línea de gol, a Landázuri, otro que anda tan sobrado de recursos que se cruza de puerta a puerta buscando el premio de un delantero. En esta lo trastabillaron lo justo para evitarse el 0-2.
De Miguel también tuvo la suya (73) con una vaselina corta de altura que agarró a Fermín desnortado, aunque lo justo para enmendarse a tiempo con una mano salvadora bajo palos. Y volvió a intentarlo Aitor con una volea lejana que no iba dentro por más que el portero llegara a desviarla.
Cambio tras cambio, al Zamora —dimitido, decepcionante, Kike Márquez— solo le lució la entrada de Marcelo para caer dos veces por la calle del diez con sendos tiros desde la frontal del área (81 y 86), uno respondido seguro por Dani, el otro cercano, por fuera, a la cruceta.
La entrada de Ulloa y un descuento jugado más cerca de Fermín que de Dani durmieron lo que quedaba por facturarse. El balance: tres puntos, otra meta a cero y dos más de distancia con el segundo. Y una duda, razonable: qué factores pueden hacer perder la solvencia a este Tenerife de enero camino de un ascenso prematuro del que Oscar Cano (Deo gratias) no será partícipe.
(0) Zamora CF: Fermín; Luismi Luengo, Athuman (Mario García, min. 80), Codina, Dani Merchán; Loren (Carbonell, min. 59), Carlos Ramos (Monerris, min. 66), Markel Lozano, Jaime Sancho; Kike Márquez y Farrell (Marcelo, min. 66).
(1) CD Tenerife: Dani; César, Landázuri, León, David; Alassan (Noel López, min. 85), Aitor Sanz, Juanjo (Marc Mateu, min. 46), Fabricio (Ulloa, min. 85), Nacho Gil; y De Miguel.
Gol: 0-1, min. 17: Aitor Sanz.
Árbitro: Guillermo Conejero Sánchez (comité extremeño). Amonestó a Carlos Ramos (min. 41), Athuman (53) y Luismi Luengo (83); y al visitante Nacho Gil (66).
Incidencias: Partido de la vigésima jornada del Grupo I de la Primera Federación 25-26. Estadio Ruta de Plata, ante 3.503 espectadores, cerca de 60 del CD Tenerife. El partido comenzó con media hora de retraso por la pretensión del árbitro de que el Tenerife jugara con otra equipación distinta a la anunciada por entender que inducía a confusión con la de su rival. Al no disponer de una alternativa, el Zamora actuó con su segunda camiseta de juego, de color verde.
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