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El Tenerife se enreda tras marcar y cede otro empate

De Miguel celebra su gol con David

José Miguel Galarza

Santa Cruz de Tenerife —
12 de abril de 2026 22:57 h

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Un golazo de tiro libre con el tiempo extra agotado castigó la incapacidad del Tenerife para manejar el partido en Mérida a su conveniencia. Había hecho lo imposible en otro encuentro gris con el gol de De Miguel en el minuto 78, pero cuando debió enfriar la calentura de su rival y llevar el choque más cerca de Csenterics que de Dani, ni le apareció un colmillo italiano ni dispuso de jugadores con poso para que le durara el balón.

Y así el empate del Mérida —una ejecución de manual de Víctor Corral— para cerrar el frenesí al que mudó el partido tras lo de De Miguel, cerrando con un remate brillante la única pelota bien puesta al área, cuando Dani Fernández por fin le dio la banda a César para buscar la verticalidad perdida con el chico arrancándose siempre —tanta voluntad estéril— de fuera adentro.

En un contexto distinto a la penitencia en la que se ha convertido la vida del Tenerife de marzo a hoy —cuando la ausencia de victorias se ha mezclado con la ansiedad del entorno más ruidoso para fijar la fecha del ascenso, como si se tratara de programar la cabalgata del Carnaval—, la gestión del 0-1 debería haber incluido lo que manda el canon: que todo pasara en el campo del rival, que las interrupciones fueran pro domo sua o que una tarjeta no lo igualara a un rival que se había quedado en la decena desde la expulsión de Jacobo Martí en el 59, por citar algunos de los diez mandamientos del catenaccio.

Ocurre que el Tenerife de abril, como el de marzo, ha perdido la contundencia con la que se fabricó la ventaja de la que todavía goza, en lo que perdía por el camino a Nacho Gil —el futbolista que verdaderamente dio sentido a la propuesta de Cervera— y no daba con un relevo idéntico —porque carece de él— y las prestaciones individuales, los refuerzos de enero y la letalidad languidecían.

Y entre una cosa y otra, al Tenerife se la ha hecho un mundo cada nuevo capítulo. Suma a poquitos y mejora cosas como empeora, según quién tenga enfrente o a quién elija Cervera. Hoy optó por alargar la confianza en Maikel Mesa y Dani Fernández y el balance fue —como el del equipo todo— desconcertante. El uno solo tuvo un tiro en la frontal que se le fue alto y al juvenil —no más que un futbolista entre mayores que lo miran como a un niño— le sobra talento y le faltan músculo y oficio.

Con Maikel a ratos viniéndose a la calle del ocho o dejando a Enric Gallego como medio punta de enlace —un trasunto de aquella fórmula que inventó Cervera con Aridane y Ayoze Pérez—, el primer Tenerife vivió de las conducciones de Noel López en lo que no se hacía con el medio juego en el primer tercio y concedía luego un partido de ida y vuelta con intercambio de golpes: un tiro al larguero de David y dos llegadas locales cayendo por dentro que salvó Dani Martín a Chiqui y a Jacobo.

De vuelta del entreacto, poco cambió hasta las entradas de De Miguel y Baldé, benéfica la primera por un Maikel apagado del todo e insípida la otra por un Noel ya menos eléctrico. De Miguel, en realidad, se reclamó gracias a la primera llegada finalizada por César, cuando Dani le dejó el carril limpio para que el lateral se armara un recorte y un pase con rosca medida que el delantero obró un gol notable en el palo largo, un remate de cabeza cruzado e imposible para el portero.

Pero como tantas veces y una cotidianeidad imposible de entender, el 0-1 no tranquilizó al Tenerife. Haciendo virtud de la inferioridad, el Mérida se tiró a las bravas para rescatar el punto perdido y los blanquiazules participaron en el guion con una sucesión de detalles que acabaron por animar también al árbitro a sumarse a lo que ya era una bulla de gente esperando el empate.

Con los locales desaforados a cuarenta metros de Csenterics, el Tenerife construyó un catálogo de errores, unos por incapacidad de sus elementos —así lo de Baldé para arrancar una contra o guardarse una pelota en una esquina—, otros por la sobrexcitación de Juanjo metiéndose en el lío de una entrada en el área a Hallson que, como el cruce de Aitor Sanz que le costó la segunda amarilla, avivaron las brasas en la grada y el gatillo  fácil del árbitro —también de Primera Federación— pitando con el viento a favor.

Siquiera el penalti parado a Sofiane por Dani Martín recordó al Tenerife que seguía ganando. Afrontó casi todo el descuento diez contra diez por la roja a Aitor, se empeñó en no ganar los duelos en lo que se arrimaba al área y acabó penando toda su incompetencia con una falta inexistente de Agüero de la que Víctor Corral sacó este 1-1 sangrante.

(1) AD Mérida: Adrián Csenterics; Jacobo Martí, Lancho, Javi Domínguez, Manu Rivas (Vergés, 46’); Almeida (Gaizka, 64’), Doncel (Hallsson, 78’); Capi (Víctor Corral, 64’), Martín Solar, Chiqui (Javier Areso, 64’); y Sofiane.

(1) CD Tenerife: Dani; César, Landázuri, Agüero, David; Aitor Sanz, Juanjo (Fabricio, 86’); Dani Fernández (Ybarra, 86’), Maikel Mesa (De Miguel, 72’), Noel López (Baldé, 72’); y Enric Gallego (Ulloa, 90+4’).

Goles: 1-0 (78’): De Miguel. 1-1 (90+11’): Víctor Corral.

Árbitro: Ignacio de Santisteban Adame (comité andaluz). Expulsó por doble amonestación a Jacobo Martí (17’ y 59’) y a Aitor Sanz (29’ y 90+2’). Amonestó a Almeida (35’) y al entrenador, Fran Beltrán (80’); y a los visitantes Agüero (69’), De Miguel (92+3’) y Dani Martín (90+11’).

Incidencias: Partido de la 32.ª jornada del Grupo I de la Primera Federación 25-26. Estadio Romano José Fouto, ante 4.317 espectadores, de los que unos 300 eran seguidores del CD Tenerife.

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