El plan fallido de Trump en Irán: 'Momento Suez 1956' en el estrecho de Ormuz 2026
El alto el fuego anunciado esta semana entre Estados Unidos e Irán llegó horas después de una reunión en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas en la que China y Rusia vetaron una resolución que proponía coordinar esfuerzos para garantizar la navegación por el estrecho de Ormuz, incluida la escolta de buques mercantes.
El veto en la ONU
Ese proyecto de resolución, propuesto por Baréin en estrecha colaboración con Kuwait, Omán, Qatar, Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos y Jordania, estaba respaldado por Estados Unidos. El Gobierno de Donald Trump apoyaba contundentemente ese plan, cuyo primer borrador contemplaba, incluso, el uso de “todos los medios necesarios”, una formulación que permitía autorización para el uso de la fuerza militar.
Un segundo borrador dejó fuera esa expresión, pero mantuvo la iniciativa de “alentar con firmeza” a los Estados interesados en el uso del estrecho de Ormuz para garantizar la navegación mediante esfuerzos de “carácter defensivo”.
La resolución recibió once votos a favor —incluidos los Estados Unidos, Reino Unido y Francia, tres de los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad— dos abstenciones —las de Pakistán y Colombia— y fue bloqueada por China y Rusia.
El embajador de China en Naciones Unidas, Fu Cong, indicó que dicha resolución no contemplaba las causas del conflicto de forma integral y equilibrada y que su aprobación transmitiría “un mensaje totalmente erróneo que podría tener ”consecuencias muy graves“ en un momento en el que ”Estados Unidos está amenazando abiertamente la misma supervivencia de una civilización“.
Cong afirmó que “Estados Unidos e Israel son los instigadores de este conflicto” y que la obstrucción del estrecho de Ormuz es causada por “las acciones militares ilegales de EEUU e Israel contra Irán”. Además, instó a Washington y Tel Aviv “a cesar de inmediato su guerra ilegal”.
Por su parte, el representante permanente de Irán ante la ONU agradeció el veto de China y Rusia y las abstenciones de Pakistán y Colombia y afirmó que la propuesta de resolución era un proyecto de Estados Unidos con el que se hubiera normalizado el uso de la fuerza.
Sin ese veto en la ONU a la resolución para Ormuz, habría sido más difícil alcanzar un alto el fuego, que llegó pocas horas después de la votación. Si la resolución hubiera salido adelante, se habría legitimado en Naciones Unidas la intervención “defensiva” de una fuerza naval internacional en el estrecho de Ormuz, aunque la puesta en práctica habría sido difícil.
La guerra contra Irán ha permitido a Israel intensificar sus ataques contra Líbano y Gaza e impulsar más anexión ilegal de territorio en la Franja y en Cisjordania
Hasta ahora Irán ha impedido el paso por esta vía marítima de barcos estadounidenses, israelíes y otros aliados europeos. Con ello ha descendido bruscamente el tráfico marítimo por esa ruta, aunque sí han podido cruzarla embarcaciones chinas y de otras naciones asiáticas. Pakistán, India, Irak y Filipinas han alcanzado acuerdos con Teherán para lograr el paso de algunos de sus barcos de forma segura. China lleva tiempo adquiriendo petróleo de Irán y pagándolo principalmente en yuanes, no en dólares.
Israel impulsó esta guerra contra Irán en medio de intensas negociaciones entre EEUU y Teherán y con la posibilidad de un acuerdo a la vista, con importantes avances que había anunciado públicamente el ministro de Exteriores de Omán, mediador en las mismas. Netanyahu logró convencer a Trump de que era posible acabar rápidamente con todo el entramado del poder iraní. Y el secretario de Estado de EEUU, Marco Rubio, justificó la intervención militar estadounidense contra Teherán afirmando que Israel iba a atacar Irán de todos modos.
La escalada ha permitido a Israel intensificar sus ataques contra Líbano y Gaza e impulsar más anexión ilegal de territorio en la Franja y en Cisjordania. Sin embargo, Trump no ha logrado los objetivos que buscaba, lo que podría afectar a la confianza y la solidez de las alianzas entre Washington y Tel Aviv. El presidente estadounidense optó por seguir las ambiciones de Netanyahu y no obtuvo los resultados prometidos.
Trump no ha logrado los objetivos que buscaba, lo que podría afectar a la confianza y la solidez de las alianzas entre Washington y Tel Aviv
Momento Suez 56 para Trump
Son muchas las diferencias con la crisis de Suez de 1956, pero hay algunas similitudes que merece la pena señalar. Ese año Israel invadió el Sinaí egipcio y Gaza, con el apoyo secreto de Francia y Reino Unido, que querían hacerse con el control del canal de Suez tras la nacionalización del mismo por el presidente de Egipto, Gamal Abdel Nasser.
Al igual que Estados Unidos en 2026 justificó su intervención contra Irán afirmando que Israel iba a atacar de todos modos, en 1956 Londres y París usaron la excusa de la invasión israelí para enviar tropas al canal de Suez, con el objetivo de tomar su control y derrocar a Nasser. El presidente de Estados Unidos, Dwight D. Eisenhower, se interpuso en sus planes, oponiéndose a aquella operación a través de presión política y sanciones económicas. Aquel episodio marca, con gran consenso académico, la consolidación de Estados Unidos como sucesor del liderazgo francés y británico en la región.
Setenta años después, el presidente Donald Trump ha estado semanas exigiendo la formación de una coalición internacional para tomar una de las rutas comerciales más importantes, el estrecho de Ormuz, intentando legitimar así una ofensiva nacida de forma ilegal.
Con sus ataques Estados Unidos e Israel provocaron el bloqueo parcial del estrecho, algo que era previsible, y, tras ello, Trump pidió a sus aliados “encargarse de ese paso”. Hasta ahora su plan ha resultado fallido, tanto en el plano militar como en el diplomático. Irán ha resistido militarmente, Estados Unidos no ha logrado el visto bueno en la ONU a una intervención en Ormuz y con todo ello ha perdido capacidad disuasoria, ya que por el momento no ha obtenido lo que esperaba ni ha cumplido sus amenazas. Además, China sale fortalecida, con un papel propio en las negociaciones organizadas por Pakistán.
La vía para la paz pasa por el reconocimiento y el respeto de la soberanía de Irán, Líbano y Palestina, actualmente amenazadas o negadas
Más allá de las conversaciones iniciadas este sábado sobre Irán, el alto el fuego en la región es frágil, parcial e irreal, ya que Israel tiende a incumplirlo, tanto en Gaza como en Líbano. En un escenario como este la vía para la paz pasa por el reconocimiento y el respeto de la soberanía de Irán, Líbano y Palestina, actualmente amenazadas o negadas.
Estados Unidos lleva décadas interviniendo en cuestiones políticas, económicas y militares en Oriente Próximo y estará tentado a seguir haciéndolo. Una vez fracasado su plan para Irán, algunos halcones proisraelíes intentarán impulsar un proyecto más a largo plazo, con la voluntad de seguir desgastando y debilitando a Teherán a través de presiones políticas, económicas, diplomáticas y militares, como se hizo con Irak desde 1990 hasta su invasión ilegal en 2003.
Por eso entre los diez puntos exigidos por Irán se incluyen como condiciones indispensables la retirada de las sanciones y resoluciones contra el país, la liberación de activos iraníes congelados, el fin de los ataques contra Irán y sus aliados, así como un protocolo de paso seguro por el estrecho de Ormuz supervisado y regulado por Irán.
“Terminar el trabajo” en Líbano
El empeño de Israel en extender su control y ocupación colonial representa el principal obstáculo para un alto el fuego real y duradero. Los bombardeos masivos de Israel contra Líbano horas después del anuncio del alto el fuego han hecho tambalear las negociaciones y muestran la voluntad de Netanyahu de continuar con sus planes en territorio libanés. Esos ataques mataron a más de 250 personas en tan solo unas horas e hirieron a más de mil.
Israel no ha respetado el alto el fuego en Líbano desde su anuncio en noviembre de 2024. Datos de las fuerzas de paz de Naciones Unidas en aquel país indican que el Ejército israelí ha violado el alto el fuego miles de veces desde entonces. Tampoco respeta lo acordado para Gaza, donde ha matado a más de setecientas personas desde el anuncio del alto el fuego en la Franja hace seis meses. El Gobierno de Tel Aviv tiene un concepto de alto el fuego poco acorde con el significado real de esas palabras.
Israel quiere seguir presente en Líbano, con tropas en el sur del país y con el objetivo de “terminar el trabajo”, expresión habitualmente empleada por representantes y funcionarios del Estado israelí. “Terminar el trabajo” significa seguir lanzando ataques contra territorio libanés, en los que mata a población civil, para atacar a la milicia de Hezbolá.
Líbano puede ser el principal punto de fricción que ponga en riesgo las conversaciones entre EEUU e Irán, porque una guerra en territorio libanés es percibida como amenaza por Teherán
La soberanía libanesa ha estado amenazada por Israel en numerosas ocasiones. En 1978 invadió el sur del país, en 1982 bombardeó masivamente Líbano —provocando la muerte de unas 20.000 personas— y el Ejército israelí permaneció en territorio libanés hasta el año 2000. En 2006 volvió a bombardear Beirut, provocando más de un millar de muertos y poniendo en práctica la doctrina Dahiya, es decir, el uso de la fuerza militar masiva y desproporcionada. La milicia de Hezbolá nació tras los ataques masivos israelíes de 1982, como consecuencia de aquella agresión.
Se ha llegado hasta aquí debido a la complicidad insistente de Washington, Londres y la Unión Europea con Israel. La UE es el mayor socio comercial de Tel Aviv y, pese al genocidio, mantiene vigente su Acuerdo de Asociación preferencial con Israel. No ha suspendido sus relaciones comerciales ni está ejerciendo la presión necesaria en el seno de Naciones Unidas para proteger el derecho internacional en los Territorios Ocupados Palestinos.
Como indicaba el director asociado de Human Rights Watch para la UE, Claudio Francavilla, “existe una línea directa entre Trump amenazando con la aniquilación de una civilización en Irán y los líderes de la Unión Europea ni siquiera mencionando a Estados Unidos e Israel en sus cobardes declaraciones. Ahí es donde comienza la impunidad”. Como ha señalado esta semana la relatora de la ONU para Palestina, Francesca Albanese, “Israel no se detendrá hasta que los Estados y los pueblos lo obliguen a detenerse”.
Esta semana Israel aprobó la creación de 34 nuevos asentamientos en Cisjordania y representantes de su Gobierno anunciaron que expandirán sus fronteras en Gaza, Líbano y Siria. Sea cual sea el resultado de estas negociaciones, el Gobierno de Netanyahu sigue gozando de total impunidad. Mientras eso no cambie, la apuesta israelí por el uso de la fuerza bruta condicionará toda la región, porque es en la guerra donde Israel logra lo que el derecho internacional le niega.
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