Año nuevo, Cumbre Vieja

Fotografía  del nuevo volcán, al fondo, tomada desde la parte alta de Jedey.

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Cumbre Vieja la llamaron,

no se suele comprender,

su nombre debe de ser

Nueva, pero lo ignoraron.

A mí, bien me lo explicaron

y lo suelo recordar,

ya que me gusta enseñar

lo que en la vida aprendí,

y que me enseñen a mí

lo que yo debo explicar.

Jócamo, 1.I.2022

Nota: La erupción de Tajogaite ha servido para popularizar en el mundo el nombre de Cumbre Vieja, contrapuesto al de Cumbre Nueva, también de la isla de La Palma.

Se ha reiterado la paradoja que ello supone, ya que geológicamente la “vieja” es “nueva” y viceversa.

Nada se ha dicho sobre la razón a la que obedece tal evidente confusión.

Lo explico a continuación, en honor a mi primera maestra Esperanza Martel San Gil, que nos lo enseñó cuando nos preparaba para primero de bachillerato en la humilde casa de “Abuelo Juan” (La Rosa-Mazo), a finales de la década de lo 50 del pasado siglo.

Su explicación, geomorfológica, era sencilla y fácilmente comprensible, influenciada por las lecciones de la geografía ibérica de España: las cumbres agudas, con aristas pronunciadas (cordillera Cantabro-Pirenaica) eran “nuevas”, mientras que los paisajes colinos suaves, modelados por el tiempo, como el gallego, eran “viejos”.

Por similitud paisajística, y no por su génesis geológica, las cumbres aristadas de la paleopalma (Cumbre Nueva-Caldera) fueron consideradas “nuevas” y las cumbres suaves, modeladas por colinas o montañas volcánicas recientes de la “neopalma” se consideraron “viejas”. 

Ignoro si la explicación de nuestra recordada maestra era de cosecha propia, o debida a la indudable influencia de su hermano Manuel Martel Sangil, catedrático de Geología, hijo predilecto de Villa de Mazo, que por aquellas fechas publicó un libro sobre la erupción del volcán de San Juan (1949), también de Cumbre Vieja.

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