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Aislacionismo
Nada es nuevo. Simplemente lo quieren volver a hacer: aislacionismo. Ese es el diagnóstico. Esa enfermedad es infecciosa y recurrente. En 1920, EEUU rechazó entrar en la Sociedad de Naciones. Había ganado la guerra. Pero no quería firmar un compromiso que le exigía volver a entrar en guerra ante una agresión a cualquier país miembro adherido. Falta de compromiso.
Los americanos se lamentaban de haber perdido a 100.000 mujeres y hombres en una guerra entre pequeñas y antiguas monarquías feudales con poderosos emperadores de opereta que se dedicaban a atacar a sus vecinos probando nuevas armas. Nos suena este cuento dicho con ironía.
El aislacionismo americano se conjuga normalmente con el sentimiento probritánico que siempre anida en EEUU, y entraron en guerra, en la Primera y Gran Guerra, por no poder soportar a los submarinos alemanes que hundían sus barcos que suministraban al imperio británico en guerra.
En 1940, las convenciones de los dos grandes partidos americanos se declaran aislacionistas y probritánicos y temen a Alemania. Y otra vez son los barcos hundidos, esta vez en Pearl Harbour los que propician dejar atrás la neutralidad y declararle la guerra a Japón. Pero no a Alemania. Son estos los que declaran la guerra a los americanos. Todo en cuestión de días. En 1940. con la guerra en Europa ya se constituye el America First con un presidente, Charles Lindbergh, que es una gloria nacional pero filonazi. También nos suena esto.
Insisto, no hay nada nuevo. Hoy los americanos mantienen su participación global a través de la OTAN pero el país se pone de espaldas y ha vuelto al América First. Y ese personaje fanático, ser humano simple y tan extraño que no necesita explicación, baila en el tablero de la forma más errática, aspirante a Príncipe de la Paz, figura que suele aparecer cuando las naciones tocan fondo. Nosotros los españoles ya nos pudimos ahorrar tener un príncipe de la paz.
Y están los americanos en la OTAN porque le cogieron en su día miedo al imperio comunista como en 1940 tenían miedo a los alemanes. Y con los franceses y los alemanes poniendo sobre la mesa el servicio militar, en la Carrera de San Jerónimo Gobierno y oposición practican el y tú más. Aislacionismo u ombliguismo. En Europa que nadie se pregunte por quién doblan las campanas no sea que la respuesta sea por ti.
Fue Ortega quien dijo que al Parlamento no se va a hacer el tenor, ni el payaso ni el jabalí. De tenores nada de nada no sea que alguien diga tenor maldito y otra voz conteste quien ha llamado tenor a ese maldito. Apenas saben cantar. Jabalíes son muchos, pero están enfermos y los abaten en Cataluña. Son pues payasos que no conocen al señor de Montaigne que aseguraba que se acercaba a la verdad menos a través de la razón que mediante la duda y la reflexión. Que tenía menos miedo a la mentira que a la falsa ilusión de creerse en posesión de la verdad.
En el octavo círculo del infierno coloca Dante a los cismáticos y a los sembradores de discordia. Pues ya saben dónde cuelgan el sombrero nuestro presidente y nuestro líder de la oposición. Producen intolerancia que es peor que la intransigencia, pues ésta al menos sirve para contener a los intolerantes. Pero acaso Sánchez y Feijóo estén en el noveno círculo, siempre del infierno, con los peores, con los traidores. Están con el Conde Ugolino, que en ese círculo del infierno tiene que comerse a sus hijos por el hambre. Pues esto es, están bien donde están y se comen la convivencia que aún hoy tenemos los españoles.
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