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Yeray Rodríguez, versos del pueblo

Juan García Luján / Juan García Luján

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Desde esta humilde esquina quiero avisar a todos esos agoreros de la nada, quiero decirles que están muy equivocados. Porque Yeray Rodríguez y Edwin Colón existen, y cuando estos dos se juntan puede ocurrir lo que pasó la noche de este miércoles en el escenario del salón de actos del Paraninfo de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, que la gente se da cuenta de que no hay fronteras para la música, que si se encuentran arte, improvisación, talento y emociones podemos descubrir que Artenara parió un genio que se llama Yeray Rodríguez.

El nuevo disco de Yeray, Una misma tradición, fusiona música de dos países que tienen mucho en común, no sólo porque son islas, no sólo porque de aquí fueron para allá cargados de sueños, no sólo porque lo de menos es si el seis nació en Bayaney o en Corralejo, lo de menos es si el verso se llama punto cubano o lo nombran décima espinela, lo de menos es si la folía emociona a un maúro de la cumbre canaria o a un boricua de la isla americana. Yeray tuvo la habilidad de convidar anoche al mismo escenario al cuatro de Edwin Colon y al timple de Domingo Rodríguez el colorao y el pájaro campana se echó a volar en el escenario y dejó al público loco ante tanto talento.

Talento y emoción, quizá hay otras palabras pero estas dos se me antojan las mejores para describir el nuevo disco de Yeray Rodríguez y Edwin Colón. Comienza Yeray su disco pidiéndonos memoria: Entraron tractores tras mil amenazas/ a tumbar las casas/ de los pescadores/. Los mismos tractores/ no han hecho maldades/ en las propiedades /de algunos señores especuladores/ que en suelo prohibido/ se han enriquecido/ con hoteles que/ aún siguen en pie.

En el prólogo del disco el verseador de Artenara vuelve a mostrarse agradecido a los poetas populares de Canarias, de Cuba, de Puerto Rico y de otros lugares que mantuvieron viva la tradición oral, que no disfrutaron de escenarios ni aplausos pero supieron recoger de sus padres y regalar a sus hijos la tradición del verso improvisado. Yeray regala una canción a su padre “el surco que no acabaste”. La interpretación de este tema puso en pie a un público eñurgado por los versos dedicados a ese padre que trabajaba en la tierra aquel día que Yeray iba a subir por primera vez al escenario, aquel día que se le paró el corazón para siempre al trabajador cumbrero cuando no había terminado de abrir el último surco de su finquita: Como olvidar el asombro/ del muchacho que en mi había/Cuando supo que tenía, que echarse la vida al hombro?Es que la muerte que yerra /cuando avisa y cuando no/Fue a buscarte y te encontró/abriendo un surco en la tierra.

Cuando lo fácil es hacer un disco comercial y facilón, Yeray escoge el camino del compromiso, que no está reñido con el ritmo y la buena música. La mejor prueba es el tema “No hay gente pá tanta cama”: Hay que cambiar el futuro/ porque el futuro nos llama/Porque ya en la tierra nuestra /no hay gente pa tanta cama“. Una crítica que dispara al corazón del sistema que nos transforma el paisaje natural en hormigón, que nos cambia el gofio por el cemento, que convierte las afortunadas en el solar de la fortuna de unos pocos: Hasta hoteles ilegales/ fueron parte de la trama.Mucha es la gente que mama/ del ubre de esta machorra/Y dice cuando se forra/ no hay gente pa tanta cama

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Abelardo García (el Tormento) y Pedro Manuel Afonso pusieron voz a las folías que Yeray compuso sobre la marcha, a partir de las frases que proponía el público. No faltó el buen humor, hasta lo “bien que cae en Canarias” Edwin Colom cuando salta sobre la silla y la rompe en directo contribuyó a las carcajadas de un público entregado. Fue una noche de versos y canciones, de tradición y futuro, de espectáculo organizado y de improvisación popular, de boricuas y maúros, de dos instrumentos nacionales: el timple y el cuatro, de islas que se unen en una misma tradición. Mucho trabajo y mucho talento detrás de un disco hecho sin apoyo público pero con entrega del público. Un disco que es más que un disco, es un libro musical lleno de versos firmados por un poeta llamado Yeray Rodríguez que se tomó a pecho aquellos versos de Agustín Millares que decían: “Yo poeta declaro que escribir poesía es decir el estado verdadero del hombre, es decir la verdad, es llamar por su nombre, al demonio que esconde la maldad noche y día”. Hombre, poeta y genio, con ustedes, Yeray Rodríguez.

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