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Opinión – Lo de Madrid, por Antón Losada

La Isleta, centro neurálgico de nuevas tendencias

spacio para artistas en la asociación Atlas.

Volcánica, trabajadora, multicultural, vieja y nueva. Muchos son los adjetivos que definen a este barrio de origen obrero desde su nacimiento, cuando se comenzaron las obras del nuevo Puerto de la Luz en 1883. La Isleta, quizá precisamente por su carácter cosmopolita y luchador, siempre ha estado en continuo cambio. Como la ciudad de Las Palmas de Gran Canaria.

Actualmente, La Isleta asiste a un inédito proceso de revitalización cultural y social, con la llegada de nuevos actores que están dinamizando el barrio. Se trata de asociaciones y colectivos que reivindican el espíritu del barrio a la vez que fomentan la llegada de nuevas propuestas de cultura alternativa, innovación social y participación ciudadana. Son ellos los que, bajo una nueva mirada, están devolviendo al barrio la esencia de La Isleta más artística, utilizando además la cultura como herramienta de transformación social.

Algo está pasando en La Isleta”, sentenció Alecs Navío el pasado mes de noviembre en un artículo de opinión firmado por él en La Provincia. Este pintor madrileño es fundador de Soppa de Azul, espacio de coworking, centro de creación artística y de exposiciones que desembarcó en el barrio hace cinco años. Él reconoce el gran potencial de La Isleta, que puede llegar a afianzar al barrio como un referente en la isla de la mano de las empresas culturales y creativas, las asociaciones y los vecinos que actualmente conviven en ella.

Soppa de Azul fue pionera en establecer su domicilio en el barrio isletero, con cierta reticencia inicial. Sin embargo, el tiempo le ha dado la razón a Alecs y la semilla cultural se ha implantado en el barrio, surgiendo tras él otros proyectos culturales como La Fábrica de La Isleta o la Asociación Atlas. Para él, el barrio tiene la clave de esta nueva explosión cultural: “La Isleta no sólo acoge al diferente, sino que lo protege, como protege su esencia, que hace suyo lo que en muchos otros barrios o lugares no sería bien acogido y donde conviven sin enjuiciarse”, explica.

De la misma opinión es Manuel Cabezudo, uno de los fundadores de la Asociación Atlas: “La esencia de una ciudad está en aquellos barrios que son pura autenticidad”. Atlas, situada en el edificio que antiguamente daba cobijo al Hostal Los Palmeros, en la calle Anzofé, es una joven asociación que lleva poco más de dos años impulsando una oferta cultural alternativa en pleno barrio isletero: “Había gente que me decía que era una locura venir aquí, pero nosotros queríamos huir de barrios gentrificados y áreas de la ciudad globalizadas, donde las calles y los comercios son iguales a los que puedes encontrar en cualquier ciudad del mundo”, puntualiza Manuel.

Aquí, en el corazón de La Isleta, ha encontrado la fórmula precisa para hacer crecer su propuesta: un espacio cultural independiente, frecuentado por jóvenes extranjeros de diversos países, profesionales de todas las disciplinas artísticas y vecinos. Además, se trata de un proyecto cultural que nace dentro del contexto que vive la sociedad canaria, con propuestas ciudadanas a raíz de la crisis y la falta de soluciones por parte de las instituciones públicas, tal y como asegura su creador.

Manuel entiende la cultura como herramienta de transformación social y, por tanto, nada elitista. De hecho, una de las principales características de Atlas es precisamente su indefinición: se trata de un proyecto cultural inclusivo, en el que dan espacio a propuestas de todo tipo: “Al principio tuvimos que realizar un efecto llamada, pero ahora mismo el 60% de los eventos que realizamos son promovidos por gente fuera del colectivo de Atlas, eso nos encanta”.

La asociación también busca la creación de estas sinergias con los vecinos del barrio, con los que ya ha realizado varias acciones de carácter cultural. Un ejemplo de ellos fue la alfombra de sal que realizaron junto a la artista local Lía Ateca durante las pasadas Fiestas de la Virgen del Carmen, y donde lograron recuperar un tramo del recorrido donde los vecinos habían perdido dicha tradición. El resultado, cuenta Manuel, fue inesperado: “empezaron a salir los vecinos, sacando comida, bebida y poniendo música. La recuperación del tramo era un motivo de celebración para todos. Los vecinos nos ayudaron, se implicaron”. Uno de los propósitos de La Asociación Atlas para 2018 es recuperar más tramos en otras calles del barrio.

Manuel pone en valor el trabajo previo realizado por asociaciones locales, como el Foro por La Isleta, una federación de asociaciones con largo recorrido y que aún hoy en día lucha por los intereses del barrio y se involucra con los problemas existentes. La Asociación Atlas, que forma parte de este foro, quiere dar un paso más allá, aportando frescura y nuevas dinámicas de innovación social y participación ciudadana. Como él mismo indica, “la tradición y los festejos son importantes, pero La Isleta tiene mucho más que ofrecer además del Carnaval y las Fiestas del Carmen”.

Hacia esa meta también avanza José Alberto Medina, pianista, compositor y fundador del centro artístico multidisciplinar La Fábrica de La Isleta, que comenzó su andadura en el barrio capitalino hace cuatro años. Él afirma que con las nuevas propuestas que están surgiendo en el barrio “se retoma en La Isleta lo que se había perdido hace años, el movimiento artístico del barrio, impulsado por artistas como Pepe Dámaso”.

La Fábrica de La Isleta viene a suplir las necesidades que él mismo experimentó como artista novel, antes de marcharse a estudiar a Barcelona, Nueva York y París: “El recuerdo que yo tengo es que te sentías en una isla con ganas de experimentar y pocos sitios que te ofrecieran lo que necesitabas”. Ahora, este centro está dando cobertura a artistas jóvenes a través de métodos pedagógicos no convencionales y con un gran componente práctico, puesto que uno de los grandes pilares de La Fábrica son las jam session, en las que confluyen artistas experimentados con jóvenes talentos para interpretar géneros musicales que van desde el rock hasta el blues y el jazz. Asimismo, se trata de un espacio innovador, porque no se cierra únicamente a una disciplina, como es la música, sino que también acoge performances, actividades y masterclass relacionadas con la danza, el teatro y la pintura.

Para José Alberto, su llegada al barrio fue casual, aunque puede que este espacio, situado frente a la histórica Plaza del Pueblo, lo encontrara a él de forma inconsciente: “Volví a la isla, después de varias experiencias en el extranjero que me abrieron los ojos y, aunque no era mi intención abrir un espacio de este tipo aquí, me encontré con este local de forma casual, me gustó y comenzó todo”. Casi cuatro años más tarde, por sus puertas han pasado desde artistas de renombre, como las recientes actuaciones de Joham Grim, Federico Lechner o Maciej Fortuna, hasta alumnos que empiezan desde cero, consolidándose como un punto de encuentro y de inflexión, en palabras de su fundador.

La Fábrica de La Isleta también ha formado parte del nuevo movimiento de dinamización cultural del barrio. De hecho, el movimiento Isletarte, que aúna a varios colectivos y asociaciones del barrio, empezó en el corazón de La Fábrica y en el marco de la Plaza del Pueblo. El centro es además organizador de La Isleta Sunset, actividad musical con la que animan las tardes de los domingos del Paseo de Los Nidillos, y del FábricaFest, con el que han llevado su oferta musical alternativa a otros puntos del Archipiélago.

Cultura frente a la gentrificación y el turismo de masas

La oferta de cultura promovida por las asociaciones está atrayendo al barrio a turistas que huyen de las fórmulas planteadas para el turismo de masas. Por este hecho, las asociaciones residentes en La Isleta son conscientes de que, con su llegada, también podrían estar contribuyendo a acelerar el proceso de gentrificación que vive el barrio desde hace unos años, debido a la mayor afluencia de turistas, la construcción de viviendas vacacionales o la reciente inauguración del acuario Poema del Mar.

Las asociaciones del barrio observan este proceso con desconfianza. Por este motivo, abogan por una “gentrificación positiva”, que se nutra de un enriquecimiento cultural que beneficie a ambas partes. Un ejemplo de esto son las sinergias que surgen en Soppa de Azul de artistas residentes y extranjeros que comparten en el coworking áreas de trabajo comunes e intercambios de ideas.

Por su parte, la Asociación Atlas lleva a cabo el proyecto Turismo Social-Colaborativo, con el que atraen a voluntarios de todo el mundo para que expongan en un espacio común aquellos proyectos que están desarrollando en sus países de origen, con el fin de poder replicarlos en las islas: “Yo soy consciente del handicap de la triple insularidad, el vivir en un territorio muy pequeño, pero por otra parte Las Palmas de Gran Canaria es una ciudad muy endogámica, no estamos abiertos a lo de fuera”, indica Manuel Cabezudo, que busca con su espacio realizar acciones que también mejoren la calidad de vida de los vecinos, aunque admite que se trata de una meta más a largo plazo.

Precisamente, esta fórmula de intercambios culturales en positivo los ha catapultado como un referente en innovación social en la capital grancanaria, siendo invitados a participar en el I Forum de Innovación Social y Organizaciones Colaborativas, donde Manuel habló sobre la necesidad de romper con estructuras políticas, sociales y culturales que mantengan formatos “muy obsoletos”.

Tanto ellos como José Alberto Medina, de La Fábrica de La Isleta, reclaman a las instituciones públicas una mayor implicación con los proyectos culturales alternativos y con la cesión de infraestructuras y espacios públicos para llenarlos de nuevas ofertas culturales. Según José Alberto, “la política es una barrera para que las propuestas culturales como ésta avancen. Tienes que buscar la financiación en el ámbito privado y por parte del público”.

Todos los colectivos consultados coinciden en que aún faltan muchos años para que La Isleta pueda convertirse en un referente en las islas como pueden ser Lavapiés en Madrid o Gràcia en Barcelona. Lo que es indudable es que el barrio está avanzando hacia el futuro. De los actores dependerá que se convierta en una extensión de la céntrica avenida de Mesa y López o en un ejemplo tangible de que la gentrificación positiva y la cultura pueden crear ecosistemas urbanos diferentes a las fórmulas ya conocidas en las islas.

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