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Los pies en el Cielo

Lucía con los pies en el cielo. Lanzarote, 2016

Lucía aún no lo sabe pero tiene dos relojes. Los puso en hora su primer latido fuera del vientre materno, sincronizados ambos con su grito animal de amor y dolor. Al dar a luz también le dió su sombra como eterna compañera. Y en este viaje, al principio, las horas cabalgan más rápido que los minutos. 

El ajuste sucede con el paso del tiempo, de manera que cuando uno avanza el otro retrocede. El primero va sumando lo vivido. El segundo descuenta lo que queda por vivir. Así es como la luz se hace amiga de la sombra. Así es como el tiempo juega su partida. 

La vida, como el columpio, tiene el vértigo del péndulo mientras dibuja en su vaivén la curva de una sonrisa. 

Lucía no podría tener otro nombre… aunque su sombra le persiga su luz prevalecerá hasta la noche de los tiempos. 

Desconoce aún el placer que dará soltar los brazos, saltar y volar alto, atravesar nubes y caer, siempre, con los pies en el cielo. 

En el parque donde juega hay un reloj de Sol y a su costado una leyenda que se proyecta en el suelo se desvanece al atardecer: 

Cuando la luz tiene insomnio es la sombra la que duerme. Cuando la sombra despierta, no habrá luz que la gobierne. 

En el momento del click ella saltó hacia mis brazos. 

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