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La Graciosa, la octava isla habitada pero sin calles asfaltadas: un paraíso en las Islas Canarias

Caleta de Sebo es un pueblo idílico de marineros y ahora también turístico. La otra población es Pedro Barba, con una playa espectacular, muy tranquila, y unas veinte casas.

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La Graciosa desde el Mirador del Río, en el norte de Lanzarote. Pete Coleman (CC)

La Graciosa desde el Mirador del Río, en el norte de Lanzarote. Pete Coleman (CC)

Desde cuando conocí por primera vez la isla de La Graciosa hace muchos años a estos tiempos del siglo XXI va mucho calendario y un reconocimiento de ser, por fin, la octava isla habitada de Canarias y reconocida por el Senado de España. Ahora va camino de ser el Cabildo Insular de Lanzarote y La Graciosa, y cuando se produjo el feliz alumbramiento muchos senadores preguntaban a sus compañeros canarios donde diantres estaba esta isla que forma parte del Archipiélago Chinijo, que lo componen aparte de La Graciosa, Alegranza, Montaña Clara, Roque del Este y Roque del Oeste, y que debe su nombre a que chinijo quiere decir en lenguaje coloquial conejero “pequeño”. Cuando llegué a Caleta de Sebo por primera vez ‘mandaba’ en la isla Margarita Páez, ‘Margarona’, que tenía varias propiedades en ‘la capital’ graciosera, entre otras un supermercado y un hostal con restaurante. En el hostal y el bar de Enriqueta conocí por entonces a su yerno Carlos Rodríguez, que hoy día pasado los años dejó la hostelería y tiene en propiedad un taxi/safari con el que hace viajes por toda la isla con los turistas. Con el cambio suscitado en el reconocimiento de La Graciosa me decía un marinero, Pepe ‘el salema’, en ‘El Saladero’, que ahora se podría reivindicar un Cabildo de La Graciosa, y además que Caleta de Sebo y Pedro Barba podrían ser municipios, y no hace falta concretar que todo esto lo decía con mucha ironía y socarronería tomando un café en el bar más madrugador, el primero que abre a las seis y media de la mañana para atender a los marinos que van a trabajar a la pesca. ‘El Saladero’ es en realidad punto de encuentro de madrugada y también de noche, que además está al lado de la Panadería Quela, y en donde encuentras un pan de calidad y con mucha variedad.

Don Carlos, marinero jubilado, era un libro abierto, y entre otras cosas me enseñó muchos secretos y trucos de la pesca. Muchos días sentados en una terraza frente al incipiente puerto de Caleta de aquellos tiempos, me contaba hechos realmente asombrosos. “Recuerdo cuando todavía no teníamos cementerio, a los muertos había que llevarlos en barquillo y luego subirlos a hombros por el Risco hasta Haría. También las mujeres llevaban para Lanzarote los pescados en cestas cargando sobre sus cabezas, y a la vuelta hacían lo mismo con lo que traían a base de trueque desde Haría. La caminata era tremenda, primero la subida por el Risco, pero luego había que pasar por Guinate, Maguez, hasta al pueblo. Por aquellos años todavía funcionaba la Salina del Río –en Lanzarote-, y había que ir a trabajar en bote de remo, llevar bocadillos y agua para pasar el día trabajando y luego por la noche volver en bote a Caleta. Una paliza”. Pepe “el salema”, que fue muy amigo de don Carlos Rodríguez, me habla de las mujeres de La Graciosa, “han sido las que han sostenido todo, verdaderas luchadoras contra las inclemencias, las epidemias, las hambrunas, y el aislamiento, hacer una comida con poca cosa. Margarita Páez “Margarona” y Enriqueta Romero, fueron además dos empresarias que impulsaron la vida en Caleta de Sebo. Las dos tenían hostales con bares y supermercados, pero hace muchos más años, allá por 1930, Jorge Toledo fue el fundador de las actuales “Líneas Romero”, la primera línea postal que conectaba La Graciosa con Órzola. Al principio con un barquito pequeño. Toledo en muchas ocasiones les hacía el favor a los que iban a trabajar a la salina de llevarlos por la mañana y los iba a buscar por la noche, y se ahorraban el esfuerzo de la “remada” en los botes. Al principio en el pequeño barco para traer un “jeep” no cabía ese día más que unos pocos viajeros. El barco lo heredó más tarde la hija de Toledo, Juana González Toledo, que se casó con Juan Romero, quién fue el que amplió el negocio comprando más barcos, y en la actualidad aparte la línea entre Caleta de Sebo y Órzola tienen otra entre Playa Blanca, Lanzarote, y Corralejo, Fuerteventura.

Calle en Caleta del Sebo con sus casas bajas y sus calles de arena. Macnolete (CC)

Calle en Caleta del Sebo con sus casas bajas y sus calles de arena. Macnolete (CC)

Sobre el nombre de La Graciosa hay diversas opiniones, pero para el historiador conejero Agustín Pallarés Padilla “lo que si puede afirmarse con toda seguridad es que la explicación dada por los historiadores de finales del siglo XVI, el arquitecto militar italiano Leonardo Torriani y el monje andaluz fray Juan de Abreu Galindo, de que le había sido impuesto por las huestes del conquistador normando Juan de Bethencourt en uno de sus viajes a las islas a causa lo agradable que su presencia resultaba a la vista, carece de todo fundamento, ya que el nombre figura en documentos anteriores a la llegada de la expedición de conquista a las Canarias, como es el caso de la crónica de Enrique III, e incluso desde mucho antes en el curioso libro del Conosçimiento, de mediados del siglo XIV, si bien en esta última obra figura con la grafía alterada en la forma “Gresa”. Por tanto, tal y como puede apreciarse, el nombre de La Graciosa existía ya desde mucho antes de la incorporación de Lanzarote a la corona de Castilla, lo mismo que ocurrió con los de Alegranza, El Rio, Arrecife y algún otro”, afirma con muchas razones Pallarés Padilla. Y sobre la importancia de la isla con respecto a la primera conquista de Lanzarote, añade que “La Graciosa debió ser la base desde donde se dirigieron las primeras operaciones militares en Lanzarote, hasta que habiendo acordado con el rey indígena, Guardafía, un pacto de mutuo respeto y colaboración, los expedicionarios se trasladaron al sur de la isla, donde establecieron su cuartel general construyendo el castillo de Rubicón y demás anejos del campamento militar”.

Senderos de Arena. Camino de la Playa de los Franceses. Ramón Peco (CC)

Senderos de Arena. Camino de la Playa de los Franceses. Ramón Peco (CC)

Volviendo al tema de la Salina del Río encuentro una primera referencia del marino y comerciante escocés, George Glas, que escribió en 1764 sobre las salinas: “Esta parte de Lanzarote, frente al Río, es un risco extremadamente escarpado, desde cuyo pie al abrigo o costa hay una distancia aproximada de un tiro de mosquete. El terreno en este lugar es bajo y se encuentra una salina (o salinas) que consiste en un espacio cuadrado de tierra nivelada, y dividido por zanjas de unas dos pulgadas de profundidad; queda en estas el agua del mar, la cual, gracias al calor y la naturaleza del suelo, pronto se convierte en sal”. Por esa época marineros británicos, españoles, portugueses, y de otras nacionalidades, se proveían de sal en la Salina del Río, que estuvo funcionando hasta la década de los años 70 del pasado siglo. Aparte del pescado fresco que normalmente las mujeres gracioseras transportaban a Haría, también era costumbre de proveer a toda Lanzarote y al resto de las islas de pescado en salazón, cherne para sancocho, jareas, pejines…Todo un festival de productos del mar en muchos casos desecados por el sol y la sal.

Aguas turquesas y, al fondo, los riscos del norte de Lanzarote. Simon Turkas (CC)

Aguas turquesas y, al fondo, los riscos del norte de Lanzarote. Simon Turkas (CC)

Vuelvo a recordar una conversación con Enriqueta Romero en su viejo hostal, hoy día más moderno y con mejor restaurante. En aquella ocasión hace años me contaba que no pudo estudiar “mi padre no me dejó porque tenía que ayudarlo, con siete años cuidaba las cabras, subía y bajaba El Risco, primero cargando pescado en cestas que portaba en la cabeza, luego a la vuelta traía tomates, papas, gofio, alguna verdura y fruta. Para avisarles que había llegado de nuevo al Risco, encendía una hoguera para que viniera a buscarme un barquillo. Más tarde hizo la pensión con un bar pequeño, cuatro habitaciones, seis mesas. En la década del 70 me quedé en el hostal, y trabé amistad con Carlos “aquí no me conocen por mi apellido Rodríguez, tú preguntas por Carlos el yerno de Enriqueta que tiene un taxi/safari”, me dice siempre que vuelvo. Ahora le primitiva pensión es un hostal con doce habitaciones y un restaurante de cierto nivel y con una carta y menú interesante. “Pero ahora ya no hago las paellas, ahora tengo dos cocineros y unos catorce empleados entre hostal y restaurante”. Una mañana el año pasado después de ir a comprar a la panadería me tropiezo con un octogenario al que todos le dicen “don Enrique”. Le pregunto luego a Carlos porque le dicen “don”, cuando casi todos los parroquianos y habitantes gracioseros tienen mote y se tutean, y me lo explica: “Es que tenía dos barcos que iban a la pesca a África, tenía doce marineros empleados, todo el mundo le dice don Enrique”. Don Enrique, al calor de un cortado mañanero me contaba cómo iba a pescar a Cabo Blanco “primero tuve barcos de vela, luego de motor, allá por 1950, más o menos, no recuerdo bien, se me hundió uno en Órzola, la mar cuando se pone brava es terrible en aquella zona. Los primeros habitantes de Caleta de Sebo procedían mayormente de Haría , de Maguez, Ye, Teguise, que vinieron a trabajar muchos a la factoría de salazón a finales del siglo XIX que se instaló en Pedro Barba , y cuando fracasó muchos decidieron quedarse en la isla. Mi abuelo fue uno de ellos”.

Playa de Caleta del Sebo. yeowatzup (CC)

Playa de Caleta del Sebo. yeowatzup (CC)

De repente, para La Graciosa todo cambia, porque ahora ya es oficialmente la octava isla de Canarias que está habitada, 720 vecinos todos en Caleta de Sebo, porque Pedro Barba sólo tiene unas veinte casas residenciales para alquilar desde que fracasó la factoría. Ahora la Comisión General de las Comunidades Autónomas del Senado ha aprobado por unanimidad una moción del Partido Popular con dos enmiendas de Unidos Podemos y la ha declarado como la octava isla de Canarias, y también se insta al Parlamento Canario y a las Cortes Generales a desarrollar en la reforma del Estatuto de Canarias el compromiso adquirido para que de “esta forma quede clara la existencia de La Graciosa como isla habitada sin perjuicio de su adscripción administrativa a Lanzarote”. Pero lo que no ha cambiado en La Graciosa son sus calles que no están ninguna asfaltadas. Carlos “el yerno de Enriqueta” me lo dice claramente. “el día que asfalten las calles de Caleta de Sebo ya esto no tendrá gracia, ni será La Graciosa”. Así de claro y así de rotundo. Pero la famosa frase que pronunció Margarona hace años“ sólo se acuerdan de La Graciosa cuando vienen a enseñar el ombligo” ha pasado a la historia. Ahora la comunicación con Órzola no la lleva sólo Líneas Romero (Tel: (+34) 928 596 107), también está Biosfera Express (Tel: (+34) 928 842 585), que tienen que compartirse los muelles de Órzola y Caleta de Sebo a la hora de la llegada de los barcos, mientras que de las fondas y los hostales de Margarona y Enriqueta se ha pasado a múltiples restaurantes y apartamentos.

Paisajes volcánicos en el interior de la isla de La Graciosa. Susanne Winter (CC)

Paisajes volcánicos en el interior de la isla de La Graciosa. Susanne Winter (CC)

Hablando de playas y de pequeñas altitudes, empezaremos por destacar la Playa de Caleta, en el centro mismo del pueblo, en donde los niños aunque quieran no pueden ahogarse, tal es la poca profundidad y la tranquilidad de sus aguas. Después caminando al poco te encuentras con El Salado, y ya seguidamente La Francesa, quizá la mejor playa, junto a La Cocina, que está a los pies de la bella Montaña Amarilla (172 metros), con unos colores amarillo mostaza sorprendentes, y en donde contemplas en una sucesión de imágenes, toboganes, olas petrificadas, espigones, bañeras de gigantes, rocas agrestes . Una visión increíble de Montaña Amarilla, y con la playa de La Cocina a sus pies. Pero no hay que perder al otro lado de la isla la Playa de Las Conchas, visita obligada, en la que hay que tener cuidado por su mar bravío, en donde casi siempre hay bandera roja, pero te puedes al menos remojar en la orilla, eso sí, con mucho cuidado. De ahí puedes hacer fotos de Montaña Clara, y muy al fondo se ve también Alegranza . Al lado de Las Conchas está otra playa de piedras, la Baja del Ganado, la preferida por los buceadores experimentados, los cálidos colores de aguas turquesas contrastan con el negro volcánico de su orilla. Más allá nos encontramos con la Playa del Ámbar, también conocida como la de La Lambra, de fuertes corrientes, por lo que hay que tener cuidado en bañarse, si acaso en la orilla. Y nos encontramos con Pedro Barba, el otro pueblo de la isla, hoy día con unas veinte casas residenciales, y con una preciosa playa de 110 metros de longitud con aguas tranquilas y cristalinas en donde te puedes bañar prácticamente solo . Dista de Caleta 6 kilómetros, por lo que se puede hacer una excursión a los que gustan el senderismo, en este caso costero. En cuanto a las mayores alturas de la isla, Las Agujas Grandes (266 metros) es la mayor, y le sigue en altura la del Mojón (188 metros). Pero a estas dos le gana Montaña Amarilla en belleza y majestuosidad. Pero hay quienes todo esto lo quieren ver paseando en bicicleta, y para ello hay dos rutas aconsejables, la del norte, que es un trayecto circular de 15 kilometros, y bordea las cimas de Las Agujas y Montaña Bermeja, pasar por la playa de Las Conchas, y luego te puedes acercar al otro pueblo de la isla, Pedro Barba, y seguir hacia La Caleta. La otra ruta, la del sur, es la que pasa por la playa El Saladar y sigue hasta La Francesa, puedes dejar la bicicleta en la Punta de la Herradura, donde hay un aparcamiento de bicicletas, y te puedes dar un baño y descansar en La Francesa. En ambos casos, en la ruta del norte y la del sur, lleva siempre bastante agua en la mochila.

Gaviotas sobre las peñas. Imagen playera en La Graciosa. Susanne Winter (CC)

Gaviotas sobre las peñas. Imagen playera en La Graciosa. Susanne Winter (CC)

La Graciosa enamora desde que desembarcas en el muelle de Caleta de Sebo y te vas con la maleta arrastrando por las calles de arena al apartamiento elegido para pernoctar, o si ya eres mayor o vienes cansado del viaje por mar desde Órzola, puedes alquilar un taxi/safari que te dejará en la puerta de tu apartamento. Un deseo final, espero que no asfalten nunca la isla, se le iría todo el sabor que ahora tiene tal y como está, conservando su esencia de tiempos pasados.

COMER EN LA GRACIOSA

En relación a las gastronomía graciosera no hace falta explicar que destaca el pescado fresco, y el primer restaurante que te encuentras cuando bajas del barco es “ El Varadero” (Avenida del Mar, 123; Tel: (+34) 928 842 175), frente al mismo muelle, con una terraza muy cómoda, ofrece pescado fresco, lapas, una excelente paella, y tiene también en el piso superior habitaciones para alquilar. “ El Marinero” (García Escamez s/n; Tel: (+34) 928 842 070), es otro restaurante de cierta calidad, hacen un arroz con carabineros magnífico, y también suelen tener morena frita, lapas, pulpo asado, al igual que “ El Girasol” (La Popa, 2; Tel: (+34) 928 842 192), al lado de la playa de Caleta, con unas lapas magnificas, cherne fresquísimo, gofio escaldado- “ El Veril ”, (Avenida Virgen del Mar sn; Tel: (+34) 622 051 267), situado en la misma playa de La Caleta, con terraza en la arena, buen taperío y pescado fresco, paellas, caldo pescado; y por detrás el clásico de siempre, “ Enriqueta” (Mar de Barlovento, 6; Tel: (+34) 629 911 966), ahora con mejores instalaciones, buenos entrantes, buen pescado y buena carne, no hace falta decir más, y poco más allá, al lado de los apartamentos de “Línea Romero”, está la “ Tasquita El Caletón” ( Avenida Virgen del Mar, 53; Tel: (+34) 619 770 444), chiquitito pero con buenas viandas, y casi siempre con unas lapas estupendas, atendido por dos hermanas muy agradables. Un templo gastronómico es “ Casa Chano” (Avenida Virgen del Mar sn; Tel: (+34) 928 842 068), casi al lado de la Pescadería, en Las Caletillas, en donde te puedes dar un baño en una playa muy coqueta, y su dueño don Chano, picando los ochenta años, toda un sabio graciosero. Para los que quieren descansar de tanto pescado, la hamburguesería “ Los Mateos” (Las Sirenas, 85; Tel: (+34) 928 842 165) cumple esa función carnívora con unas hamburguesas enormes y de buena carne, y además para los futboleros siempre da los encuentros de Liga y Champions. El Bar Saladero (Avenida del Mar, 107), es como dijimos el que abre de madrugada, está al lado de la Panadería Quela (Las Gateras, 2), y puedes comprar pan y tomar un café muy de mañana.

Hay dos supermercados: La Mar (Margarona, 19; Tel: (+34) 928 842 100) y Simply Basic (García Escámez, 12; Tel: (+34) 928 842 201) No se pueden ir sin visitar El Museo Chinijo (Margarona, 27; Tel: (+34) 928 177 461), en donde te explican todo lo relativo al aloe vera, y a los peces y la fauna del Archipiélago Chinijo, de las pardelas cenicientas, los paiños pechialbos, cernícalos, lechuzas, halcones, águilas pescadoras, y los abades, chernes, viejas, samas, gallos, meros, atunes….

OTRAS DIRECCIONES DE INTERES

Alquiler de bicicletas y piraguas: El Mato Bike (Calle La Fija, 4; Tel: (+34) 664 893 281); Uruciosa Bike (Calle La Caletilla, 2; Tel: (+34) 626 507 458)

La Molina Bike ( Calle Mar de Barlovento, 2 ; 630197921)

Centro de Buceo y paseos en catamarán: Líneas Romero (Avenida Virgen del Mar, 119; Tel: (+34) 928 842 213 y (+34) 639 451 430).

Fotos bajo Licencia CC: Pete Coleman ; yeowatzup ; Simon Turkas ; Susanne Winter ; Ramón Peco ; Macnolete

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