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Los 246 cántabros que tendrán que volver a votar una semana después del 10N

Siete entidades locales en las que no hubo ninguna candidatura en las elecciones de mayo pasarán de nuevo por las urnas este domingo ante el riesgo de su desaparición

Desde un concejo con solo cuatro vecinos en los que tres de ellos son familia hasta la posibilidad de votar por correo o un escrutinio que durará menos de un minuto

Acude a la mesa electoral sin documentación porque se la comió el perro

Un ciudadano deposita su voto en la urna en las pasadas elecciones generales. | EFE

Un total de 246 ciudadanos de Cantabria están llamados a las urnas de nuevo este domingo, tan solo una semana después de la celebración de las elecciones generales del 10 de noviembre. En este caso, también se trata de una repetición, pero por una causa muy distinta al bloqueo político o la falta de acuerdo, sino por la ausencia de candidatos en los comicios del mes de mayo, cuando nueve entidades locales de la comunidad autónoma se quedaron sin aspirantes para ponerse al frente, lo que las dejó al borde de la desaparición.

La convocatoria afecta a los vecinos de los concejos cántabros de La Costana (Campoo de Yuso), Argüébanes (Camaleño), Dobarganes, Dobres, Ledantes y Pollayo (Vega de Liébana) y Santa Águeda (Arenas de Iguña), que volverán a sus colegios electorales por cuarta ocasión en lo que va de año -autonómicas, municipales, europeas y generales por dos veces-, todo un récord que probablemente hubieran preferido no superar.

Y es que a pesar de que el censo afectado por esta convocatoria supera por poco los dos centenares de personas, los requisitos son los mismos que en el resto de elecciones: una campaña electoral de 15 días, la posibilidad de votar por correo, colegios electorales abiertos de 9.00 a 20.00 horas y unos miembros de las mesas que tendrán que ser los mismos que ya lo fueron el 26 de mayo, con lo que harán un dos por uno muy a su pesar.

Además, estos comicios provocan anécdotas muy curiosas, como el hecho de que en el concejo de Santa Águeda, en el municipio de Arenas de Iguña, están convocados cuatro vecinos en total, de los que tres de ellos son una familia que vive en la misma vivienda y una de estas personas es candidata a liderar la junta vecinal sin oposición. El resultado no puede deparar sorpresas, por tanto, y el escrutinio se realizará en menos de un minuto dado el número de papeletas a recontar.

Tampoco son muy numerosos los 9 votantes del concejo de Pollayo, los 22 de Dobarganes, los 46 de Ledantes o los 69 de Dobres, todos ellos en el municipio de Vega de Liébana, o los 33 de Argüébanes, en Camaleño, o los 63 del concejo abierto de La Costana, en Campoo de Yuso.

Peor suerte han corrido los 36 vecinos de Correpoco, en Los Tojos, y los 86 de Abaño, en San Vicente de la Barquera, donde tampoco en esta segunda ocasión se han presentado candidaturas y se quedan así sin elecciones, con la posibilidad manifiesta de que se inicie el procedimiento para su disolución.

Según ha informado la Delegación del Gobierno en Cantabria, en total, habrá siete mesas electorales, con siete urnas, siete cabinas, 650 papeletas electorales y sobres, así como 25 manuales y 21 actas para las personas que se tendrán que ocupar de atender esas mesas y realizar el recuento durante esta jornada electoral tan peculiar solo unos días después de que millones de españoles se pronunciarán sobre el futuro del Ejecutivo central.

Tradición y participación

Las Entidades Locales Menores de Cantabria, administradas por juntas vecinales o concejos abiertos, constituyen instituciones tradicionales de convivencia con arraigo histórico importante en la vida de los pueblos. Los vecinos las reconocen como instrumento de participación en el conjunto de la vida municipal y de defensa de los intereses y del patrimonio común de la localidad.

Así lo recoge la propia ley autonómica que regula estos organismos, que están reconocidos incluso en el Estatuto de Autonomía de Cantabria. En la comunidad existen más de medio millar de Entidades Locales Menores, cuyas poblaciones oscilan desde los tres habitantes de Otero y Rasgada en Valderredible, a los cerca de 10.000 de Muriedas, en Camargo, y casi la mitad de ellas no llegan a los 100 vecinos.

Estas entidades, en los últimos años, vienen padeciendo una serie de problemas, relativos a su constitución y funcionamiento, que van desde la falta de presentación de candidaturas en las elecciones, que ha ocasionado que varias decenas no hayan podido renovarse y haya desaparecido o la dificultad para renovar las vacantes producidas, especialmente en los casos de presidentes y vocales.

Muchas de ellas, pese a su pequeño censo, tienen muchos recursos a su servicio, ya que gestionan el patrimonio municipal y tienen propiedades comunales, como bosques y pastos, que están al servicio de los vecinos que así lo requieran.

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