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Incultura general

Uno de cada cuatro ciudadanos piensa que el Sol da vueltas alrededor de la Tierra y uno de cada tres cree que tuvimos que pelearnos con los dinosaurios por un plato de paella. ¡Cómo para leernos un programa electoral, comprenderlo, votarlo y exigir su cumplimiento!

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¿Está Ottawa entre las ciudades más importantes de Japón? ¿El universo es plano y está sujetado por dos elefantes vestidos con traje regional? ¿Es magenta el caballo blanco de Santiago? ¿Puedo quedarme embarazada con un sólo beso? ¿No llevar cinturón de seguridad en el coche mejora la circulación (de la sangre)? Pasen y vean, damas y caballeros. En estos momentos, todo es ya posible.

Dance me to the end of love

Esta semana nos “ha sorprendido” la secretaria de Estado de I+D+i, Carmen Vela, con los resultados de una encuesta oficial sobre la percepción que los españoles tenemos sobre la Ciencia. Y no, no se refería al conocimiento que los ciudadanos puedan poseer sobre el modelo cosmológico de Friedmamm, el puente Einstein-Rosen, el big crunch o la Teoría de Cuerdas. No, no sudéis; simplemente, versaba sobre cultura general (o, visto lo visto, sobre incultura general).

Para desgarro existencial, en dicha encuesta quedan recogidos datos como que el 30% de los españoles cree que el ser humano convivió con los dinosaurios (tampoco me sorprende mucho, a la vista de algunas candidaturas electorales), que para el 25%, el Sol gira alrededor de la Tierra (no podría ser de otra manera viviendo aquí Ronaldo y Messi), que el 11,5% niega la evolución del ser humano desde los primates (¡nuestra propia dosis de Tea Party con limón!) o que el 43% no sabe lo que es realmente el fracking (no interesa, no vaya a ser que descubramos que es una sistema de búsqueda de combustibles fósiles que destroza el subsuelo y las reservas acuíferas a base de sustancias químicas).

¿Casualidad?

Yo creo que no. Aunque sea humanamente normal que no todo el mundo tenga el mismo nivel cultural, algo que (por si acaso) ya se está encargando este Gobierno de perpetuar, parece sensato pensar que con la educación obligatoria debería bastar para que algunos conocimientos básicos estuvieran en la cabeza de la mayoría.

¡¡Por lo menos saber que el planeta que nos acoge y que tan profesionalmente estamos destrozando se mueve!!

¿Qué falla? ¿Por qué obtenemos este tipo de respuestas cada vez que realizamos encuestas de esta clase? ¿Por qué nuestras universidades están siempre lejos de los primeros puestos de las universidades del mundo? ¿Por qué nuestros jóvenes quedan atrás en las diversas pruebas comparativas con el resto de países de nuestro entorno?

Imaginad un mundo perfecto en el que los representantes de los ciudadanos se reunieran y llegasen a acuerdos básicos para el Estado. Entre ellos, un acuerdo base para la educación de las próximas generaciones. Así de sencillo: “esto es bueno”, “esto es mejorable”, “mejor así”, “esto hay que cambiarlo”, “esto mejor fuera de las aulas”, “vale, ya tenemos un sistema para dos décadas.”

Sencillo, ¿no? Todos sabemos que es utópico o, por lo menos, lo es con gente que cada cuatro u ocho años le da por tirar en una o en otra dirección para mostrarle a su electorado que están ahí, “defendiéndoles” y que también saben hacer cosas fuera de Nóos, los EREs, la Gürtel, los aeropuertos sin aviones, la caja B, el 3% y ese largo etcétera nuestro de cada día. A veces tengo la sensación de que parte de la derecha de este país quisiera vivir (y, en cierto modo, viviese) en el siglo XV mientras que parte de la izquierda quisiera hacerlo en el siglo XXII. Ambas cosas incompatibles e imposibles... por el momento.

Y, en público, debaten sobre si la religión (católica) sí o no, que si tú dices que los homosexuales tienen los mismos derechos y eso es adoctrinar, que si vamos a meter más horas de inglés (que no estudiarlo mejor), que así no te dejo espacio para tu lengua o tu historia, que si sólo se enseña en mi lengua porque la puso Moisés en las tablas del monte Sinaí, que si hay que meter la caza como asignatura, que si hay que cambiar de libro cada semestre, que si metemos algo de sexualidad en el aula las chavalas van a quedarse embarazados por miles de millones, que si el latín no vale para nada…

A fructibus cognoscitur arbor.

Y detrás de esta cortina enorme de humo, lo que nos queda es un país abocado al analfabetismo práctico donde uno de cada cuatro ciudadanos piensa que el Sol da vueltas alrededor de la Tierra o en el que uno de cada tres cree que tuvimos que pelearnos con los dinosaurios por un plato de paella. ¡Cómo para leernos un programa electoral, comprenderlo, votarlo y exigir su cumplimiento!

En tiempos en los que desde tu móvil puedes acceder a toda la información del mundo con el movimiento de un dedo, en esos tiempos, seguimos intentando convertir a los jóvenes en espejos que proyecten sobre un examen un buen número de datos que olvidaran en cuanto se acueste el Sol. Parece darnos igual que las próximas generaciones no fijen los conocimientos mínimos sobre unas cuantas disciplinas, lo mismo que pasamos de puntillas por el aprendizaje sobre nuestras normas básicas de convivencia, el respeto a los demás, la óptima navegación por las autopistas de la información, los primeros auxilios o el lenguaje audiovisual.

En mi opinión, desgraciadamente, seguimos sin acercarnos a lo que (en palabras del propio Google) es educar: “desarrollar las facultades intelectuales, morales y afectivas de una persona de acuerdo con la cultura y las normas de convivencia de la sociedad a la que pertenece.”

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