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El alma de los brutos

Tratar a los animales no humanos como objetos es una práctica con fuerte arraigo en nuestra cultura de la que liberarnos para una ecología real

Grupo de personas concentrado en Santander contra la caza de perros.

Grupo de personas concentrado en Santander contra la caza de perros.

Que estemos trabajando para acabar con nuestro machismo, nuestro racismo o nuestro clasismo no es producto de la evolución natural sino del esfuerzo sostenido en el tiempo por parte de generaciones y generaciones que han contado con su panda de locas inicial, una postrera masa crítica creciente y, finalmente, un estallido colectivo —en feminismo estamos presenciando el último relevante— que apuntala los cambios y dificulta la marcha atrás. En lo que se refiere a ecología, podemos decir que apenas estamos en el momento 'panda de locas', si no fuera porque la juventud movilizada por la emergencia climática ha roto el cerco y potencia el crecimiento de la masa crítica… Sin embargo, aún es precaria y, sobre todo, muy parcial, nuestra capacidad de darnos cuenta de nuestra actitud "ecocida" cotidiana y sus profundísimas raíces.

Se denomina "ecocidio" a la destrucción de territorios y especies, premeditada y masiva, por medios humanos u otros. La expansión constante del ser humano sobre la naturaleza, además de la destrucción del ecosistema origina la destrucción de la cadena alimenticia animal, desequilibrando las especies, inclusive la humana. Este tipo de crimen estuvo a punto de ser incluido como quinto Crimen Contra la Paz dentro del Estatuto de Roma, y fue examinado por la ONU durante décadas, pero excluido finalmente en 1996.

Durante miles de años y por diversas razones, se han producido 5 grandes extinciones de las especies que han poblado la Tierra. En la actualidad, y debido a la acción de los seres humanos, el planeta está al borde de la sexta, causada, en buena medida, por la destrucción humana de los hábitats animales, la caza y el cambio climático. Los cálculos conservadores dicen que se han extinguido 200 especies en los últimos 100 años, cuando la tasa "normal", la debida a la evolución, es de dos especies por siglo. Según datos de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza, el organismo internacional con mayor potestad sobre el problema, aproximadamente 5.200 especies se encuentran en peligro de extinción.

Este domingo miles de personas se han manifestado en 39 ciudades de toda España, también en Santander, además de en seis europeas contra la caza y el maltrato de los perros de caza y han exigido la aprobación de una ley de protección animal adecuada. Hay muchos más cafres de los que imaginamos conviviendo con nosotras: personas aparentemente normales que, al finalizar la temporada de caza, en febrero, abandonan masivamente a estos perros, muchos de ellos tirados a pozos o barrancos. Un galguero puede criar hasta 20 galgos al año, de los que solo el 20% son utilizados para la caza, pero el resto suelen ser 'desechados', y se calcula que unos 50.000 son sacrificados al finalizar la temporada.

Además de estos casos, o los toros, o las fiestas populares bizarras, o los animales cautivos y explotados en zoológicos o en circos, existe un maltrato animal silencioso y cotidiano, como la compra de animales como si fueran objetos y su abandono: Ecologistas en Acción estimaba en enero que tres animales son abandonados cada cinco minutos en España. Por no hablar, pues requeriría otro artículo completo, del espinoso y fundamental asunto de su uso alimentario o para experimentación, su hacinamiento, abuso y sacrificio en condiciones deplorables.

Todo esto tiene una base cultural fuertemente arraigada. En los albores del pensamiento occidental, y pese al antropocentrismo dominante, la tradición aristotélica entendía la naturaleza como un organismo vivo, de un modo cercano, podríamos decir, a la hipótesis Gaia de James Lovelock según la cual la Tierra es como un ser vivo. Los animales tenían alma, principio de vida y movimiento —aunque no intelectiva, la superior—. Sin embargo, desde que el cristianismo introduce un abismo entre el ser humano —creado a la imagen y semejanza de Dios— y el resto de las "criaturas", desde que la naturaleza deja de ser el lugar de lo divino, como ocurría en Grecia, y toda divinidad es acaparada por el Dios monoteísta, el estatuto de los no humanos queda drásticamente rebajado —y el de algunos humanos animalizados, como las mujeres o los esclavos—.

En la época medieval y a principios de la Modernidad se dieron abundantes debates sobre "el alma de los brutos", en los que se polemizaba sobre si los animales no humanos tenían alma. Es Descartes —siglo XVII— quien acaba de dar la puntilla a la cuestión, señalando que eran sólo materia, cuerpo, "autómatas" carentes de alma: veda abierta al especismo, al maltrato sin remordimiento que tan buen juego hace con una ciencia que se entendió desde su inicio como "dominio de la naturaleza". Porque la tradición galileana de ciencia impuso una visión mecanicista, con el ser humano en un lugar jerárquicamente superior y una naturaleza objetivada y sujeta a relaciones instrumentales para beneficio del crecimiento económico e industrial. Bacon, padre de la ciencia moderna, habla de "conquistar" y "subyugar" la naturaleza… Y así seguimos hasta hoy.

No es posible una ecología real sin animalismo. No podemos enorgullecernos de nuestra bolsita de rafia ecológica cuando lo que vamos a comprar son productos de ganadería industrial, que concibe al animal como una máquina de producir carne y lo somete a un escalofriante proceso lleno de sufrimientos. Llegará el momento en que tengamos que replantearnos masivamente también el consumo de carne animal o al menos sus condiciones, y hoy la aún 'panda de locas' —¡gracias!— nos remueve la conciencia advirtiéndonos que la esclavitud animal basada en la ideología especista no es muy distinta a la esclavitud humana apoyada en el racismo, por lo que en un futuro el especismo será cuestionado como se ha hecho, por fortuna, con otras formas de discriminación.

En 2017 todos los grupos parlamentarios apoyaron una reforma del Código Civil para que los animales dejen de ser considerados cosas y pasen a ser tratados como seres vivos dotados de sensibilidad y, aunque fuera insuficiente y más declamación que promulgación de derechos, pues los animales siguen siendo, por ejemplo, objeto de compra y venta, ya hay en el Gobierno el primer cargo animalista, que se propone incorporar al cuerpo jurídico nacional las directivas europeas sobre maltrato y sacar adelante una ley de bienestar animal. Poco a poco vamos dando pasos que hace un tiempo sonaban imposibles.

Mirar la naturaleza de otra forma, cambiar de paradigma al tratar con la Tierra, es imprescindible para el buen vivir de todos sus pobladores y pobladoras. Nunca han sido fáciles los cambios y exigen reflexión, compromiso y una mirada profunda, pero si el objetivo es una relación respetuosa con todos los seres vivos, merece la pena el esfuerzo. Con trabajo, en unas décadas, podríamos hacer obsoletos, para su alegría, aquellos versos de la 'loca' Gloria Fuertes: "El corazón de la Tierra tiene hombres que lo desgarran…".

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