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ALBACETE

El Acequión o la arqueología “participativa” para entender la sociedad del agua en la Mancha hace 4.000 años

Hace algo más de 4.000 años, una megasequía dejó sin agua a quienes vivían en lo que hoy conocemos como la provincia de Albacete. El Evento Climático 4.2. ka BP duró varios siglos y la necesidad agitó el ingenio de los habitantes del lugar.

Sobre el fondo seco de una laguna construyeron un pozo para extraer el agua desde unos tres o cuatro metros de profundidad. Era cuestión de supervivencia en un momento de gran aridez a escala mundial, en plena Edad del Bronce. El lugar es conocido hoy como El Acequión. Está a unos 15 kilómetros de Albacete y es un foco de interés científico mundial.

Los investigadores llevan desde las dos últimas décadas del siglo XX tratando de averiguar qué era este lugar, para que sirvió y quiénes fueron sus habitantes. Algunas ideas iniciales fueron descartadas, como el concepto de ‘crannog’ (isla o plataforma artificial prehistórica construidas en lagos o ríos, muy comunes en Escocia e Irlanda) que le fue inicialmente atribuido.

Las recientes investigaciones parecen confirmar que el objetivo original de esta infraestructura hidráulica fue captar agua subterránea para garantizar la subsistencia de los seres humanos, de su ganado y de sus cultivos.

Ahora, un proyecto científico de la Universidad Complutense de Madrid, bajo la dirección de Luis Benítez de Lugo busca poner a prueba esa hipótesis desde el paleoclima, la hidrogeología y la geofísica.

“Es un tipo de yacimiento arqueológico que solo existe en Castilla-La Mancha. Estas infraestructuras hidráulicas estaban destinadas a captar agua del acuífero y fue una respuesta social de una sociedad resiliente: o morían o construían motillas de forma organizada en un territorio amplísimo en el sur de la meseta”, señala el arqueólogo.

Fue una respuesta social de una sociedad resiliente: o morían o construían motillas de forma organizada en un territorio amplísimo en el sur de la meseta

El Acequión fue excavada durante cuatro meses entre 1986 y 1989 bajo la dirección de Manuel Fernández Miranda, María Dolores Fernández Posse ‘Pachula’ y Concepción Marín Morales. Documentaron una ocupación durante la Edad del Bronce y otra durante la Edad del Hierro, pero todavía queda mucho por saber.

“Estamos recuperando esta motilla para ponerla al servicio de la ciudadanía y resolviendo interrogantes sobre aquel tipo de sociedad”. Algunas tesis han sido desterradas, explica el investigador. “Antes se creía que era un poblado fortificado construido en llano, pero los científicos han descubierto que en realidad se creó en una depresión, en fondo de una laguna seca”.

Cuando la sequía remitió, y las aguas volvieron a la laguna, primero de forma puntual y después de manera habitual, el asentamiento tuvo que adaptarse arquitectónicamente. En el Bronce Medio, el poblado ya contaba con un doble recinto de mampostería. La muralla más exterior para proteger el interior del poblado de las crecidas de la laguna.

Eso dio lugar a un complejo de muros concéntricos de piedra que protegían un pozo central y diversas áreas domésticas y de almacenamiento. Entre los interrogantes está el de su disposición arquitectónica, porque es diferente. “Otras motillas tienen torres y fortificaciones, pero al Acequión no se le conocen estos elementos. Ni siquiera se han encontrado puertas fortificadas, así que para entender cómo funcionaba es necesario avanzar en las excavaciones”, defiende Benítez de Lugo.

De forma reciente también han descubierto que, en la ribera de la laguna hubo otro asentamiento de investigarán con georradar este mismo año. “Es posible que sea el poblado exterior que gestionaba la propia motilla”.

Se sabe que el lugar fue algo “central de la sociedad del momento” y el objetivo es saber quiénes vivían allí y cómo se organizaban o que estructuras de poder existían. “Uno de mis desvelos es intentar explicar cómo vivía aquella gente, por qué sentía lo que sentía o en qué creía”.

En opinión del científico, “se trata de conectar aquella sociedad con la actual”, la del siglo XXI que también se enfrenta a un periodo en el que pesa el cambio climático.

“En el yacimiento de El Acequión hemos puesto en marcha un modelo de arqueología participativa para saber cómo aquellas personas se enfrentaron a sus principales problemas y uno de ellos fue precisamente el cambio climático”.

Una red de 47 motillas en Castilla-La Mancha

El Acequión forma parte de una extensa red de motillas de Castilla-La Mancha. Hay 47 y son monumentos únicos con origen en la Edad del Bronce (entre los años 2.200 y 1300 a.C.) en la Mancha que servían como centros de control agrícola y que disponían de los pozos más antiguos de la península ibérica para acceder al agua.

Esta de Albacete fue la primera en ser declarada Bien de Interés Cultural (BIC) allá por el año 1991. “Son un elemento muy importante para la historia de la Humanidad. A nivel europeo no existe una red de pozos como estos, grandísimos monumentos de la Edad del Bronce y de finales del Calcolítico y por eso este tipo yacimiento muy relevante”, defiende Luis Benítez.

Sólo tres de las 47 motillas han sido declaradas Bienes de Interés Cultural: El Acequión (Albacete), El Azuer (Daimiel) y Los Palacios (Almagro), estas dos últimas en la provincia de Ciudad Real.

Una cuarta, la motilla de El Retamar, también en Ciudad Real, en el municipio de Argamasilla de Alba, y de interés en otros tiempos, hoy está abandonada.

Excavaciones a partir de septiembre

“Cuando hablamos de las motillas, no se trata de hacer una arqueología de yacimientos sino una arqueología social”, describe Luis Benítez de Lugo.

En agosto de 2021, el Ayuntamiento de Albacete aprobó impulsar un proyecto de recuperación de la zona arqueológica de El Acequión. Lo promovió el área de Participación Ciudadana del anterior gobierno socialista y, durante esta legislatura, el PP ha mantenido la iniciativa.

Cuando hablamos de las motillas, no se trata de hacer una arqueología de yacimientos sino una arqueología social

Ahora habrá nuevas excavaciones que comenzarán en la segunda quincena de septiembre y se prolongarán durante dos meses gracias al apoyo económico del Ayuntamiento de Albacete. Aporta 55.000 euros y además contribuye al proyecto con recursos humanos, materiales y vehículos.

Coincidiendo con la campaña de excavaciones, el próximo otoño se presentará en Albacete la monografía ‘Investigaciones arqueológicas en la motilla ‘El Acequión’ (Albacete).1985-2024’, coordinada por Benítez de Lugo.

El libro, publicado por el Ayuntamiento de Albacete y el Instituto de Estudios Albacetenses, es una síntesis de los trabajos de excavación arqueológica y de las investigaciones posteriores relacionadas con el monumento, en el que colaboran más de 60 especialistas.

No solo recoge los resultados de los trabajos realizados hasta ahora, sino que de hecho es un nuevo punto de partida para la investigación integral del sitio y para poder restaurarlo, porque “eso nunca se ha hecho desde las excavaciones de los años 80”.

Después, el objetivo es difundir resultados y “poner el lugar al servicio de la ciudadanía”, incluso con la idea de musealizarlo, a través de visitas guiadas, que incluyan a los más pequeños. “Hay demanda de la ciudadanía en este sentido. Recientemente el ayuntamiento lo ha vallado para protegerlo”.

Las motillas, como es el caso de El Acequión, son un referente identitario para Castilla-La Mancha y un tipo de yacimiento excepcional “a nivel mundial”, pero los especialistas advierten: “Se encuentran en peligro de desaparición, amenazadas constantemente por agresiones diversas y por el paso del tiempo”.