Este blog es un espacio de colaboración entre elDiario.es de Castilla-La Mancha (elDiarioclm.es) y el Colegio de Ciencias Políticas y Sociología de Castilla-La Mancha para abordar diversas cuestiones sociales desde la reflexión, el entendimiento y el análisis.
La revolución educativa que necesitamos contra la manipulación
Vivimos en la era de la saturación informativa y el vacío de sentido. Noticias que se desmienten, algoritmos que nos encierran en burbujas, discursos políticos que parecen competir no por la veracidad, sino por la audacia del relato. Frente a este panorama, una pregunta crucial nos hacemos: ¿están preparando nuestras escuelas e institutos, también aquí, en Castilla-La Mancha, a ciudadanos capaces de navegar este laberinto, o son, por el contrario, ¿meras cadenas de montaje de futuros consumidores de eslóganes?
La respuesta, me temo, se inclina peligrosamente hacia lo segundo. Nuestro sistema educativo, con sus programas sobrecargados de datos inertes, su evaluación basada en la repetición y su miedo patológico al conflicto en el aula, aunque fuera este “dialéctico”, se asemeja más a una fábrica de lo que el filósofo Friedrich Nietzsche llamaría la «moral de rebaño» que a un taller de espíritus libres. Urge, por tanto, una revolución educativa que tenga como faro una idea radical: la de la transvaloración, de poner patas arriba los valores establecidos para examinar su genealogía, sus intenciones ocultas.
1. El profeta de la manipulación moderna
Antes de que los términos “posverdad” o “hechos alternativos” colonizaran nuestro vocabulario, Nietzsche ya había desenmascarado el mecanismo. Su método genealógico no consiste en aceptar lo que un valor –como “verdad”, “bondad” o “utilidad”– dice ser, sino en rastrear de dónde viene, qué fuerzas impulsaron su nacimiento y a quién sirve realmente.
¿No es esto, precisamente, lo que debemos enseñar a nuestros jóvenes? No basta con decir “las -fake news- (noticias falsas) son malas”. Hay que dotarles de las herramientas para hacer la genealogía de una noticia: ¿Quién la emite? ¿Qué interés económico o político puede haber detrás? ¿Qué emociones busca movilizar (miedo, indignación, tribalismo)? Un alumno en un instituto de Toledo o Cuenca que aplica este método al analizar un titular sensacionalista o un mensaje viral en WhatsApp está haciendo filosofía nietzscheana en estado puro. Está practicando el perspectivismo: comprendiendo que no existe el “ojo inocente”, que toda visión es desde un punto de vista, y que la objetividad se construye confrontando críticamente esas múltiples perspectivas, no negándolas.
2. La Educación como campo de batalla: la crítica al sistema actual
Nuestras aulas, con frecuencia, son el reino de lo que Nietzsche denunciaría como “espíritus gregarios”. Se premia la respuesta correcta, la que está en el libro de texto, se castiga la desviación, la pregunta incómoda que desbarata el ritmo de la programación. Se evalúa la capacidad de almacenamiento, no la de combustión crítica. Esto genera una docilidad intelectual, una aceptación acrítica de los valores sociales existentes –el consumismo, la meritocracia, la titulitis, como coartada de la desigualdad, el nacionalismo simplificador– que son el caldo de cultivo perfecto para la manipulación.
Pongamos un ejemplo. Imaginemos un debate en un aula de Ciudad Real sobre la España Vaciada. El enfoque tradicional podría limitarse a describir datos demográficos y políticas de cohesión. El enfoque crítico, impulsaría a los alumnos a cuestionar: ¿Qué valores han priorizado nuestro modelo de desarrollo para que migrar a Madrid o Barcelona se vea como “éxito” y quedarse como “fracaso”? ¿Quién gana y quién pierde con este relato? ¿Es la despoblación un destino inevitable o la consecuencia de una jerarquía de valores que debemos revisar? Así, la educación deja de ser una reproducción del sistema para convertirse en un campo de batalla donde se disputa el sentido mismo de nuestra realidad.
3. Aprender a aprender, aprender a ser: hacia una pedagogía de la autonomía
La figura del Superhombre (Übermensch) de Nietzsche no es, como malinterpretan algunos, un individuo con superpoderes, sino aquel que ha superado las moralidades impuestas para crear sus propios valores. Es la metáfora perfecta de la autonomía intelectual. En un contexto educativo, el “superhombre” sería el alumno que no necesita que le digan qué pensar, que ha aprendido a aprender y a cuestionar los marcos mismos del aprendizaje.
Esto conecta directamente con pedagogías contemporáneas como el aprendizaje por proyectos o el pensamiento de diseño. No se trata de añadir una asignatura de “Pensamiento Crítico”, sino de impregnar todas las materias con este espíritu. En una clase de Literatura en Guadalajara, no basta con memorizar la Generación del 27; hay que preguntarse por qué unos autores entran en el canon y otros no, qué voces se silenciaron (especialmente las femeninas) y cómo ese canon refleja y construye una idea de España. En Ciencias Sociales, en Albacete, hay que analizar no solo la historia de la PAC, sino los intereses económicos y los modelos de agricultura que promueve. Se trata de cambiar el foco del “qué” se piensa al “cómo” y “por qué” se piensa así.
4. Urgencia democrática: la Educación Crítica como Antídoto Cívico
Esto no es un ejercicio de elitismo intelectual. Es una urgencia democrática. Una sociedad de individuos-dóciles, consumidores pasivos de información, es una sociedad enferma, fácilmente manipulable por los demagogos de turno y los algoritmos de las plataformas digitales. La salud de nuestra democracia, también en Castilla-La Mancha, se mide por la capacidad de sus ciudadanos para discernir, argumentar y resistirse a la simplificación.
Frente a la polarización que convierte al otro en enemigo, el perspectivismo nos enseña a entender su posición, incluso si no la compartimos. Frente a la posverdad, la genealogía nos arma con el escepticismo necesario. Una población educada en estos valores es el mejor cortafuegos contra los incendios de la manipulación. Es la diferencia entre un electorado que vota por consignas y una ciudadanía que delibera sobre proyectos.
5. La revolución pendiente: un Llamamiento a la Acción
La revolución que necesitamos no pasa necesariamente por una nueva ley educativa –esa es la vieja obsesión del poder por el medio–, sino por una transformación desde dentro. Pasa por formar a docentes que sean facilitadores del cuestionamiento, no transmisores unidireccionales de certezas. Pasa por darles la libertad y los recursos para convertir sus aulas en laboratorios de pensamiento. Pasa por valentía.
Es la revolución de aprender de Nietzsche, el gran inconformista, en las aulas. No para que los alumnos memoricen sus aforismos, sino para que absorban su espíritu intempestivo, su voluntad de no conformarse, de crear su propio camino. En un mundo que nos empuja constantemente a ser lo que los demás esperan, la educación debe ser el espacio donde aprendamos, por fin, a ser lo que somos. Y en ese aprendizaje, forjar las herramientas para transformar la sociedad en algo más libre, más justo y, sobre todo, más consciente.