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Sobre este blog

Este espacio ha sido promovido por la Red de Redes de Economía Alternativa y Solidaria (REAS) y cuenta con la financiación de la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha y la Unión Europea, a través de su Fondo Social Europeo, con el objetivo de difundir experiencias, opiniones y ejemplos de proyectos basados en la economía social y solidaria

Daniel Azaña, de Llanero Solidario: “¡Ya está bien de iniciativas que dan mucho dinero, pero que joden el medio ambiente!

Daniel Azaña, coordinador de proyectos de Llanero Solidario

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En la economía social, la persona está en el centro. Y desde esa premisa, sostenibilidad medioambiental e igualdad de género dejan de ser dos objetivos separados para convertirse en dos caras de un mismo modo de entender la actividad económica: uno que se mide no solo por el beneficio, sino por la huella que deja en el territorio, en el entorno y en las personas más vulnerables. En Castilla-La Mancha, ese enfoque tiene ejemplos concretos sobre el terreno.

Uno de ellos es Llanero Solidario, una asociación nacida en Albacete hace una década para impulsar proyectos y empresas de inserción que mejoren la situación de las personas vulnerables, en la capital y en las zonas rurales de la provincia. Lo hace a través de actividades ligadas al desarrollo rural y la sostenibilidad -productos de celulosa reciclada, huertos recuperados con criterios agroecológicos, talleres de reutilización textil y, ahora, un proyecto de construcción-, siempre con un componente formativo para personas derivadas por los servicios sociales y con la igualdad de género como eje transversal, sumando mujeres a sectores tradicionalmente masculinos. En diez años, la fórmula suma 85 proyectos desarrollados y 1.642 personas participantes.

Sobre esa experiencia conversamos con Daniel Azaña, coordinador de proyectos de Llanero Solidario, que parte de una convicción tajante: hoy no se puede emprender ninguna actividad sin tener en cuenta su impacto ambiental. En esta entrevista repasa las dificultades del sector, las oportunidades que abre poner a la persona en el centro y cómo le gustaría ver a la economía social de la región dentro de cinco años.

¿Cómo trabajáis la sostenibilidad y la igualdad de género en vuestros proyectos?

Trabajamos ambas en todos. Y también porque entendemos que en el momento actual no se debe de pensar en economía sin pensar en sostenibilidad. O no se debe de emprender ningún tipo de actividad sin tener en cuenta el impacto medioambiental que va a tener.

¡Ya está bien de poner en marcha iniciativas que puedan dar mucho dinero, pero que están jodiendo el medio ambiente! Pues vamos a poner en marcha actividades que sigan dando dinero, pero que remen a favor del medio ambiente. Que sean neutras o que tengan impacto positivo. Y hay muchas posibilidades en ese sentido. Esa es nuestra filosofía.

Y entendemos que no puede estar separada de una visión empresarial. Es como si no contemplas la parte económica a la hora de empezar un negocio. Claro que la tienes que tener en cuenta, pero también la parte medioambiental.

En materia de sostenibilidad e igualdad de género, ¿cuáles son las dificultades que existen y en qué áreas se podría mejorar para seguir avanzando en estos aspectos dentro de la economía social?

Lo que hace falta es concienciación y asimilación de estas ideas por parte de la población en general. Creo que los ciudadanos aún no estamos educados suficientemente para elegir aquellas actividades, productos o servicios que van en favor del medio ambiente y, por lo tanto, en nuestro favor como ciudadanos. Entonces creo que en esa concienciación y sensibilización es en donde tenemos que ir mejorando.

El ser sostenible, el ser ecológico y todo eso tiene algo de elitista, a lo que solo pueden acceder determinadas personas con determinado poder adquisitivo. Entendemos que no debería de ser así. Que a través de la soberanía alimentaria y debemos permitir que las personas, independientemente de su rango económico, puedan acceder a todas las posibilidades del desarrollo sostenible.

En Llanero Solidario, cuando hacemos talleres y desarrollo de proyectos de sensibilización, casi siempre estamos trabajando en ese sentido. El año pasado estuvimos haciendo unos talleres de reutilización textil en institutos. Vamos a trabajar, que aprendan, que tengan conocimiento de qué impacto tiene el consumo de la ropa y qué alternativas tienen como chavales y chavalas para cambiar eso al comprar ropa.

Al final es conocimiento que le estamos aportando a la gente.

Cuándo hacéis estas charlas de sensibilización, ¿cómo reaccionan aquellos que os escuchan?

Sorprendentemente dicen: “¿Y esto por qué no nos lo había explicado nadie antes?” Somos muy conscientes de que estamos luchando contra un monstruo muy grande. Ellos reciben este pequeño mensaje habiendo tenido que convencer a sus profesores para que nos permitan dar el taller.

Pero, antes, han recibido cien anuncios de “compra esta ropa”, “mira qué guay eres porque llevas este collar, este peinado, este sombrero, estas gafas...”. Pero sin cuestionar para nada el impacto medioambiental, social y económico que eso tiene. O hacemos consumidores tontos o hacemos consumidores conscientes.

Al terminar una charla, un chaval de 15 o 16 años dice: “Es que igual tenemos que pensar cómo estamos comprando la ropa”. En dos horas de debate. Que con apenas dos horas de debate y de trabajo lleguen a cambiar de idea en ese sentido, hacia un consumo más consciente, es brutal.

Pasemos de los retos a las oportunidades: ¿qué oportunidades ves para la economía social que vaya en el sentido de la sostenibilidad y de la igualdad de género?

La economía social en su conjunto es la que está poniendo a la persona en el centro. Entonces, todos los ejemplos de economía social que de verdad pongan en marcha esa visión, sea una micro cooperativa de Almansa o una cooperativa agroalimentaria de Tomelloso que tiene a 1.100 socios. Si de verdad están poniendo a la persona en el medio, van a tener que tener un respeto medioambiental y de género porque la persona es una, me refiero que no caben dos, tres interpretaciones de qué es lo mejor para el ser humano y para la sociedad actual. No, no cabe.

Entonces, creo que sí, la visión y la aportación que la economía social puede hacer a estos retos es fundamental y es clave. No conozco los datos, pero no dudo que dentro de la economía social la consideración medioambiental y de género es mucho mayor que dentro de la economía generalista. Y ya te digo que no conozco los datos, pero la sensación que tengo de conocer a un tipo de empresas y a otro es radicalmente diferente.

Si nos situamos a cinco años vista, ¿cómo te gustaría ver al sector de la economía social en Castilla-La Mancha?

Pues más grande todavía. Creo que la economía social en Castilla-La Mancha ya es grande en cooperativas agroalimentarias. Pero creo que, por ejemplo, las empresas de inserción tienen un potencial de inclusión y de integración brutal.

Aparte de desarrollar actividades que, como te he dicho antes, vayan en el sentido del desarrollo sostenible, del desarrollo rural, de la igualdad de género. Entonces creo que dentro de cinco años lo que debe haber es, en vez de diez empresas de inserción que hay ahora mismo, que haya cincuenta. Que de verdad estén implantadas por todo el territorio.

Que no estemos, como está pasando ahora mismo, que la mayoría estamos aquí en Albacete y algunas en Toledo. Y eso debe de extenderse y llegar a otros sitios. Y creo que con llegar a eso ya tendríamos mucho avanzado.

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