Dueños de fincas de Cabañeros alegan “deterioro ecológico” para denunciar la “superpoblación” de animales

Sigue la polémica por la visita que una delegación de eurodiputados, algunos del PP, ha hecho al Parque Nacional de Cabañeros, entre las provincias de Toledo y Ciudad Real, donde han insistido en que existe una gran cantidad de animales y han defendido el aumento de la caza, sobre todo de ungulados: corzos, ciervos y venados, entre otros.

La Asociación de Afectados de este Parque Nacional, que agrupa a propietarios nueve fincas privadas de este enclave, ha recibido a la delegación del Parlamento Europeo, a la que ha acompañado durante un recorrido por distintas zonas del Parque con el objetivo de mostrar de primera mano el “deterioro progresivo” que, según la entidad, está provocando la “superpoblación de ungulados”.

Según este colectivo, durante la visita, los eurodiputados han podido comprobar la diferencia entre las áreas donde se ha restringido el acceso de fauna y aquellas en las que existe “sobrepoblación”. En estas últimas, añade, “se ha evidenciado un notable deterioro del hábitat tras cinco años sin acuerdos efectivos para el control poblacional mediante la caza”.

Rafael Sánchez, portavoz de la Asociación de Afectados, ha valorado el reciente acuerdo firmado para comenzar a gestionar las poblaciones, aunque ha lamentado el retraso acumulado: “Estamos esperanzados por el acuerdo que acabamos de firmar para poder empezar a gestionar y bajar las densidades de población a niveles que por lo menos no empeoren la situación, pero también decepcionados por los años que hemos perdido, que han ocasionado lo que estáis viendo”.

Sánchez ha explicado que actualmente se ha estimado que la población de ungulados se sitúa por encima de cinco veces el límite considerado óptimo. Según ha detallado, será necesario realizar un “esfuerzo muy significativo” durante años y reducir las densidades incluso por debajo de los niveles que el propio parque ha considerado adecuados para revertir la situación.

Precisa este colectivo que el origen del bloqueo se sitúa en el 5 de diciembre de 2020, fecha en la que expiró la moratoria prevista en la Ley de Parques Nacionales que permitía el control poblacional. Desde entonces, los propietarios no han podido llevar a cabo actuaciones de gestión. Aunque en 2021 se aprobó el Plan Rector de Uso y Gestión y en 2023 el Plan de Gestión de Ungulados, ambos instrumentos han quedado sin aplicación efectiva por la falta de convenios con los titulares de las fincas.

Hasta la fecha, solo una de las nueve fincas privadas ha firmado convenio -el pasado 14 de enero, publicado en el Boletín Oficial del Estado el 27 de enero-, aunque este no ha podido ejecutarse al no contar con dotación presupuestaria. Las ocho restantes han continuado a la espera de que se inicien negociaciones.

Un acuerdo de gestión con enfoque integral

Durante la visita, Javier Pantoja Trigueros, director del Organismo Autónomo Parques Nacionales, ha puesto en valor el acuerdo de colaboración firmado el pasado mes de diciembre entre la finca Cabañeros (6.300 hectáreas), la mayor de las propiedades privadas del parque, y las administraciones regional y central.

“Es importante no solo por el control de población, sino porque es un acuerdo de gestión de la parte privada del Parque Nacional y se prevén control de poblaciones, seguimiento de especies emblemáticas, control de ecosistemas vulnerables... Es decir, son un conjunto de medidas a nivel holístico con el objetivo de proteger los principales valores del parque”.

En la visita también ha participado Cristian Gortázar, catedrático de Sanidad Animal en la Universidad de Castilla-La Mancha, quien ha advertido de que la superabundancia de ungulados ha generado dos efectos principales. Por un lado, se ha producido “una pérdida grave de biodiversidad, tanto vegetal como animal, al verse desplazadas otras especies en zonas dominadas por rumiantes silvestres y jabalíes”.

Por otro, ha mostrado especial preocupación por la proliferación de algunas enfermedades. “Particularmente ahora nos preocupa bastante la proliferación de garrapatas, que a su vez está asociada a la fiebre hemorrágica de Crimea-Congo. Es una enfermedad emergente que está surgiendo y creciendo en la España mediterránea, muy asociada a situaciones de sobreabundancia”.