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El café de especialidad y los 'souvenirs' desbancan a la prensa en los quioscos: “Vendo lo que la gente compra”

El quiosco de Ahmed, cerca de la Plaza Urquinaona.

Albert Aragonès

Barcelona —
29 de agosto de 2026 21:46 h

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Josep abre cada mañana a las siete su quiosco de la calle Aribau de Barcelona, el mismo que regenta desde hace treinta años. Ha visto pasar a cuatro alcaldes, dos crisis económicas y la desaparición de media docena de cabeceras de prensa que antes vendía a montones. Hoy, apenas despacha una decena de periódicos al día, frente al centenar largo que movía a finales de los noventa. “Antes esto era un negocio de verdad. Ahora es simplemente sobrevivir”, resume.

A su alrededor, explica, el barrio ha perdido establecimientos como el suyo, uno tras otro: “Hay gente que tiene que caminar hasta cuatro calles para poder comprar el periódico porque su quiosco ya no existe”.

En Barcelona quedan 288 quioscos, después de que 51 hayan desaparecido desde 2018, según datos municipales. De los que siguen en pie, 254 están adjudicados a un titular, nueve se han cedido a entidades de personas con discapacidad y el resto permanecen vacíos, sin nadie que quiera hacerse cargo de ellos.

Otro cambio es que la prensa ha dejado de ser lo más vendido y, por contra, ha dejado paso a otros productos y servicios, que ya representan la mayoría de la facturación. La venta de diarios y revistas ha quedado reducida a un 30%. Ahmed es uno de los que ha decidido dar un giro a su negocio y, desde la plaza Urquinaona, se enfoca en los turistas.

Los imanes, las camisetas y las postales de la ciudad ocupan ya la mayor parte de su escaparate. “Vendo lo que la gente que pasa por aquí realmente compra: un recuerdo de Barcelona antes de coger el metro”, explica. Calcula que, de cada diez clientes, ocho compran un souvenir. “Con esto puedo vivir, y eso ya es mucho”, apunta.

Clientes ojean las ofertas de uno de los quioscos de Barcelona reconvertidos de la mano de 'Good News'

El quiosco con café de especialidad

En el Eixample, Fran habla desde el quiosco que adquirió junto a su socio Edward. El alquiler les cuesta unos 140 euros y consiguieron la licencia gracias a un traspaso. “Nos gustaba mucho la zona”, asegura. Ahora bien, enseguida vieron que vender periódicos no era suficiente para llegar a final de mes y decidieron añadir algo más para revitalizar el puesto: café de especialidad.

Fran resume así la filosofía de su negocio: “No queríamos ser ni una cafetería con revistas ni un quiosco que sirve café, sino las dos cosas a la vez. El café sabe mejor cuando se comparte, y el quiosco también”.

Además, les diferencia una clara voluntad de ser un negocio de barrio, relacionado con sus vecinos y las entidades de su entorno, algo que no caracteriza precisamente a otros quioscos que han apostado por ese modelo. El café de especialidad ya empezó a ocupar quioscos hace años de la mano de la firma Good News, la cadena fundada por cinco catalanes en 2020.

Se trata de una idea nacida en Barcelona que dio un vuelco a la imagen y filosofía clásica de los quioscos. De los escaparates abarrotados, pasaron a un diseño más sobrio, con colores crema y mucha madera, en el que los snacks saludables, los zumos fit y el café de especialidad acompañan a una selecta y escueta selección de revistas (que no prensa diaria).

Además, a su campaña de márquetin añadían algunas promociones como descuentos a quienes vayan en bici o patinete para “fomentar la movilidad sostenible” o una bebida gratis si se cuentan cuatro buenas noticias que le hayan sucedido a uno en un plazo de tiempo determinado. En poco más de un lustro han abierto 10 puestos en Barcelona; han llegado a Madrid, con otros siete; y se han expandido por Europa con 16 quioscos en París y dos en Ámsterdam.

Uno de los cerca de veinte quioscos en desuso en Barcelona.

Un cambio con permiso municipal

Mantener la esencia de estos establecimientos y, a la vez, llegar a final de mes no es fácil. Esta realidad no escapa a la vista del Ayuntamiento de Barcelona, que hace poco más de un año planteó rebajar del 80% al 51% el porcentaje mínimo de ingresos que debía proceder de la venta de prensa para mantener la licencia, y permitir así la venta de café y alimentos envasados en todos los quioscos.

Más de un año después, la medida sigue sin aprobación definitiva de esta medida, que el gremio de restauración ya ha denunciado que supondría competencia desleal frente a bares y cafeterías.

Josep, de los pocos en Barcelona que conserva el modelo de negocio original, observa esta transformación con cierta resignación, aunque reconoce que quiosqueros como Ahmed o Fran han encontrado salidas que a él, a sus años, ya no le compensa ensayar. “Yo ya no tengo edad para reinventarme dos veces. Seguiré vendiendo el periódico a los cuatro vecinos que todavía lo piden, mientras el cuerpo aguante”, dice antes de acomodarse en el taburete desde el que lleva tres décadas viendo pasar el barrio.

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