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El coste de las 'embajadas' catalanas se dispara

Apel·les Carod, anterior delegado de la Generalitat en Francia (a la derecha), en una imagen de archivo en la delegación de la calle Boétie.

Víctor Saura

Barcelona —

En el número 3 de la rue de Boétie de París, muy cerca de los Campos Elíseos, la delegación de la Generalitat de Catalunya en Francia ocupa un piso de 578 metros cuadrados desde finales de 2007, donde varios funcionarios y empleados públicos llevan a cabo todo tipo de tareas de representación política, económica y cultural. Sólo el alquiler y mantenimiento de este espacio -personal aparte- subió el año pasado a 598.190,37 euros, según se publicó en el Diari Oficial de la Generalitat de Catalunya (DOGC) del pasado 2 de enero. Este importe es un 40% más elevado que los 416.470 euros que se pagaron por el mismo concepto en el año 2010, según se puede leer en el DOGC del 14 de octubre de 2011.

En ambos casos, el dato se incluye en el convenio de colaboración entre la Agencia de apoyo a la empresa catalana ACCIÓ, titular del arrendamiento, y el Institut Ramon Llull (IRLL), el consorcio catalano-balear (o catalán a secas, teniendo en cuenta que el gobierno Bauzá se ha desentendido de él) para la promoción de la lengua y cultura catalana, el cual asume una pequeña parte del alquiler a cambio de ocupar un cuarto de 40 metros cuadrados en el inmueble.

El coste de la embajada en París es el más elevado de todas las oficinas de representación del Gobierno catalán en el exterior, superando incluso la de Nueva York, que hasta ahora lideraba este ranking. Hace unos meses, la sede de Cataluña en la ciudad de los rascacielos abandonó el emblemático Rockefeller Center, donde ocupaba un despacho de 280 metros cuadrados, y se mudó a unas oficinas más económicas y parece que más espaciosas situadas en Lexington Avenue. De resultas de ello, el coste en alquiler y mantenimiento de la delegación en América del Norte -el ámbito diplomático de la sede abarca Estados Unidos, Canadá y México- se ha logrado reducir un 15%, pasando de 473.404 euros en el año 2010 a 398.445 el año pasado, según se puede leer en los mismos diarios oficiales, ya que también en este caso existe un convenio entre ACCIÓ y el IRLL.

Aparte de éstas dos, la Generalitat tiene también embajadas en Berlín y Londres, además de la histórica delegación de Bruselas, pero en el caso de las capitales europea y británica no se puede saber el coste al detalle ya que no comparten sede con el IRLL. En la capital alemana sí, y aquí la inversión es muy inferior a las de París y Nueva York: 61.771 euros de alquiler y mantenimiento para todo el año 2013, lo que supone un incremento ínfimo respecto a los 59.339 euros de 2010.

En todo caso, si se toman los presupuestos de la Generalitat de 2014 y se comparan con los aprobados en 2012 y prorrogados el año 2013, el salto que suponen las delegaciones en el exterior es considerable. En la partida “delegaciones, oficinas y misiones exteriores” del presupuesto del año 2012 de la Secretaría de Asuntos Exteriores se anota un gasto 1,1 millones de euros. En la misma partida del presupuesto de 2014 esta cantidad es exactamente el doble: 2,2 millones de euros. Un incremento del 100% muy llamativo teniendo en cuenta las políticas de austeridad presupuestaria, y aún más, debido a que el presupuesto en conjunto de la Secretaría de Asuntos Exteriores cae entre los dos ejercicios de 25,4 millones a 15,3 millones (-40%). Como es sabido, la parte del león de este recorte se lo llevan las partidas de la Agencia Catalana Cooperación, es decir, la solidaridad con el tercer mundo.

En una entrevista en el canal 3/24 de TV3 realizada el pasado mes de septiembre, el secretario de Exteriores de la Generalitat, Roger Albinyana, decía que “más o menos” el coste de las embajadas era de 2,5 millones, a la vez que presumía del ahorro que había logrado en Nueva York, gracias a la decisión de dejar el Rockefeller Center, y explicaba que “en París también estamos intentando reducir costes de alquiler”. En el caso de Londres, afirmaba, el alquiler del despacho en el centro de la ciudad subía únicamente a unos 1.800 euros al mes. A la pregunta de si se abrirían más, Albinyana aseguraba que antes de acabar el año se presentaría un informe con el esquema de lo que sería el futuro ministerio de Exteriores de Cataluña, en el que se dibujaría la previsión de necesidades de la futura estructura diplomática.

Tanto en época del tripartito como en el actual, las delegaciones del Gobierno catalán en el exterior han sido un motivo recurrente de crítica de la prensa más españolista y los partidos más proclives a entender Cataluña como una región de España, ya que lo ven como un gasto innecesario y casi insultante en tiempos de recortes al estado del bienestar. Tanto es así que, en el primer gobierno de Artur Mas, la líder del PP catalán, Alicia Sánchez Camacho, no ocultó que una de las condiciones que imponía al nuevo gobierno a cambio de su apoyo era el cierre de la delegación abierta hacía poco en Buenos Aires y la reestructuración de las otras. Por el contrario, los partidos que actualmente apoyan la consulta , y en consecuencia a la estrategia de internacionalización de la cuestión catalana, siempre han defendido su existencia, con matices diversos, y con el argumento más o menos compartido que la actividad de estas oficinas es eminentemente de tipo comercial y promocional, y en menor medida política.

Otro hecho que ha contribuido a alimentar la polémica en torno a estos organismos ha sido la torpeza a la hora de elegir algunos de los delegados. En tiempos del tripartito, el delegado de la Generalitat en París fue Apel·les Carod-Rovira, hermano del entonces vicepresidente Josep Lluís Carod-Rovira. En Berlín, la actual delegada es Mar Ortega Puertas, sobrina de la vicepresidenta Joana Ortega, y que, según se publicó en su día, no sólo tenía un currículum muy limitado cuando fue nombrada para el cargo (enero de 2012) sino que ni siquiera hablaba alemán.

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