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CATALUNYA

Cuota femenina

Ha llovido mucho (más de cinco años) desde que por primera vez se aplicó en las candidaturas electorales la Ley de Igualdad, instaurada por el Presidente Socialista José Luis Rodríguez Zapatero, que hizo de las políticas a favor de la mujer uno de los rasgos característicos de sus dos mandatos. Dicha ley, dice que la proporción ha de ser no menos del 40% y no más del 60% para uno y otro sexo. Desgraciadamente, la Ley de Igualdad que se presentó como un logro y un paso más allá de la Constitución para conseguir la tan esperada paridad entre hombres y mujeres sólo se ha aplicado en las dos últimas elecciones generales: en 2008 y en 2011; y no la impone en los escaños, sino en las listas electorales. Además, los partidos se las han ingeniado en ambas ocasiones para situar a los hombres a la cabeza de la lista, ya que la norma permite que de cada cinco puestos solo un mínimo de dos esté reservado a un sexo determinado. En la práctica, al confeccionar las listas, ellas son relegadas a los puestos más bajos.

La paridad no es el final del camino, sino el comienzo. El hecho de que existan leyes como ésta, hace que las reglas del juego democrático cambien y sean más justas. En la evolución democrática de España se demuestra que ha servido de algo todos los estudios, movilizaciones, reivindicaciones y conceptos teóricos impulsados por el feminismo, pero a la hora de la verdad hay trampas y las mujeres siguen estando limitadas en la política. La “cuota femenina” sigue gestionada por los líderes masculinos del partido, así que seguimos moviéndonos en las reglas del patriarcado. En la mayoría de los países los liderazgos políticos femeninos son muy escasos y se consideran auténticas excepciones. La mayoría de ellas son hijas/viudas/hermanas “de”.

Podríamos debatir el “porqué” es necesario hacer leyes como ésta. Si se necesitan leyes para cambiar el comportamiento en materia de derechos de igualdad es que tenemos un grave problema. ¿Es necesario legislar que se “dejen” entrar a las mujeres en las instituciones, partidos políticos, etc. ya que por su propia naturaleza no lo hacen? ¿Hemos de aceptar que se nos de permiso gracias a que hay una ley que obliga a que haya “cuota femenina”? ¿Porqué legislar algo que tendría que ser innato?

Hoy en día hay más mujeres en política pero desgraciadamente, por leyes como ésta. Aunque nos avergüence entrar gracias a una ley, al menos, estamos dentro. Yo soy de las que piensa que mejor esto, que nada.



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