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Gaudí, el genio que no dejó escuela: “Hemos necesitado llegar a la era de los ordenadores para mejorar sus edificios”

Jordi Sabaté

12 de febrero de 2026 22:04 h

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El próximo 10 de junio hará un siglo que Antoni Gaudí (Riudoms o Reus 1852 – Barcelona 1926) moría en el Hospital de la Santa Creu, después de ser atropellado tres días antes por un tranvía en el cruce de la Gran Vía con las calles Girona y Bailén. Desaparecía así un arquitecto genial y único, cuyos edificios siguen maravillando a los amantes de la arquitectura no solo por su singular belleza sino también por lo innovador de las estructuras que desarrolló.

Arcos catenarios, paraboloides hiperbólicos, elipsoides y otras estructuras que hasta la llegada de Gaudí se consideraban poco estéticas, cuando no imposibles de emplear en la construcción de edificios, con él adquirieron forma, volumen, relieve y, sobre todo, presencia explicita en las fincas del llamado “modernismo catalán” del cambio del siglo XIX al XX. La Pedrera, la casa Batlló, la Colonia Güell –en especial la cripta–, el parque Güell, la Sagrada Familia y tantos otros edificios por toda España resumen a la perfección la capacidad del artista para innovar y fascinar, un atractivo que se ha mantenido sostenidamente durante el último siglo.

Sin embargo, las creaciones de Gaudí apenas tuvieron continuidad estilística en otros arquitectos salvo en muy contadas ocasiones, como es el caso de sus discípulos Josep Maria Jujol, César Martinell y el valenciano Rafael Guastavino, que si bien no trabajó con el maestro, si se mostró muy influido por él y llevó algunas de sus formas, como la “vuelta”, a su exitosa aventura empresarial en Estados Unidos.

elDiario.es ha conversado con dos destacados expertos en la figura y la obra de Gaudí sobre las razones por las que el estilo gaudiniano quedó en vía muerta al poco de morir el arquitecto. Son Santiago Huerta, profesor emérito de la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Madrid y autor del trabajo El cálculo de estructuras en la obra de Gaudí, y Galdric Santana, director de la Cátedra Gaudí y Comisario del Año Gaudí.

El padre del diseño moderno de estructuras

“Realmente él fue el padre del diseño moderno de estructuras, el primero que le dio a la estructura la forma que mecánicamente le correspondía”, sentencia Huerta. “Gaudí usó por primera vez la estática gráfica no solamente para verificar las estructuras, que es lo que se venía haciendo, sino para proyectar formas nuevas arquitectónicas como los arcos catenarios, los hiperboloides, los paraboloides hiperbólicos y otras figuras que él incorpora de forma novedosa”.

La estática gráfica es un método de cálculo geométrico para analizar fuerzas y el equilibrio en estructuras planas, como celosías o arcos, mediante diagramas vectoriales. La innovación de Gaudí, destaca Huerta, fue el empleo de maquetas polifuniculares, basadas en modelos colgantes con cadenas, cordajes y pesos para determinar la forma invertida de los llamados arcos catenarios y parabólicos.

“Lo que hizo Gaudí fue transpolar las formas que determinaba la tracción de un determinado peso en un sistema de cadenas, o cuerdas, a la compresión, esto es dándoles la vuelta y suponiendo que la forma generada en la tracción era la que mejor aguantaba la compresión”, desvela Huerta. Una muestra de maqueta funicular, empleada por Gaudí a escala, puede contemplarse en la Colonia Güell, en Santa Coloma de Cervelló, cerca de Barcelona.

Estas figuras resultantes, muchas veces con formas inusuales hasta entonces, han sido a la postre las que han dado fama mundial a la arquitectura de Gaudí. “Una muestra clara son los pórticos del Parque Güell con las columnas inclinadas, también en la Colonia Güell se aprecian y por supuesto en la Sagrada Familia” desvela Huerta, “todo este universo de figuras viene del de adaptar la forma a la trayectoria de las fuerzas”.

Revolucionario estético

Santana, no obstante, matiza que el conocimiento de las maquetas funiculares y las formas catenarias no fue una invención de Gaudí: “Era un conocimiento que tenían todos los arquitectos y, de hecho, en el Instituto Geometría, cuando Gaudí era alumno, se enseñaba la catenaria como curva adecuada para arcos de grandes cargas”. Lo que ocurría, según el director de la Cátedra Gaudí, es que “por su plástica arquitectónica” eran curvas que “no tenían una buena acogida como obra vista”.

“Entonces lo que hace Gaudí es decir que esta plástica es la funcional y, por tanto, es bonita por sí sola”, asevera Santana, lo cual supuso “un planteamiento revolucionario y de gran atrevimiento estético”. Tanto Huerta como Santana explican que previamente ya se ejecutaban estas estructuras, pero se escondían “porque se consideraba que enseñar esto era feo”. “Lo que hace Gaudí es optimizar la forma y reivindicarla, pero además, después la pasa a una dimensión más como superficie funicular tridimensional”, apostilla Santana.

“Fue un personaje con una enorme creatividad y muy innovador”, destaca Huerta de Gaudí, “pero no publicó apenas nada de sus investigaciones, sabemos de ellas por sus obras y sus discípulos; además, toda la información y planos que se atesoraban de la Sagrada Familia se destruyeron durante la guerra civil”. “Era como Brunelleschi –autor de la cúpula de Santa María de la Flor en la catedral de Florencia– que tampoco publicó nada, un arquitecto que inventó la perspectiva y muchas máquinas que luego copiaron otros, entre ellos Leonardo da Vinci”, apunta Huerta.

Primero el empirismo y después el cálculo

Existe una cierta leyenda del Gaudí empirista que evitaba el cálculo matemático de sus estructuras porque este resultaba muy complejo y porque además no era un gran diestro en la materia. “Hay que tener en cuenta que los materiales con los que trabajaba Gaudí eran el ladrillo y la piedra, que a diferencia del hormigón o el acero, deben resistir la compresión en lugar de la torsión”, señala Huerta.

“Lo que hacía Gaudí en su taller era experimentar con la forma geométrica que se adapta exactamente, o muy aproximadamente a esta compresión, y también experimentaba con la fotografía, y luego ya lo sometía al cálculo él o sus discípulos”, añade. Respecto a la pericia en el cálculo, Santana apunta que Gaudí tenía un dominio notable de las matemáticas a pesar de que en este campo no era de los más destacados de su generación.

De hecho, el comisario del Año Gaudí desvela que la complejidad de los cálculos que demandaban las nuevas estructuras desarrolladas provocó que “poco a poco la vía Gaudí quedase muerta” en favor de ·“geometrías menos complejas en cuanto al cálculo”, algo que favoreció también el auge del acero y el hormigón. “Sin embargo, ahora que los ordenadores permiten ejecutar cálculos complejos con mayor facilidad hay una tendencia a retomar los desarrollos de Gaudí casi un siglo después, entre otras cosas porque suponen un ahorro de material y procesos mucho más ecológicos”, subraya. “Ha tenido que llegar la era de los ordenadores para que se pueda empezar a innovar sobre lo que concibió”, concluye Santana

Gaudí, genio sin escuela

Respecto al motivo por el que Gaudí no dejó una escuela estilística tras de sí, Huerta, con un amplio bagaje académico en la materia, opina que la llegada de nuevos materiales, para los cuales la compresión ya no suponía un problema, hizo que se perdiera el interés por las propuestas de Gaudí. Dice que “se ha convertido en una figura de difícil clasificación dentro de la historia de la arquitectura”, aunque reconoce que “la arquitectura más vanguardista está retomando muchos de sus hallazgos”.

“La aseveracion de que las innovaciones de Gaudí dejaron de ser necesarias con la llegada de nuevos materiales, es algo muy relativo y un poco mito”, replica Santana que, como Huerta, insiste en que “desde hace algunos años se vuelve de nuevo la mirada a sus estructuras y muchas de las que él creó, como es el caso del paraboloide hiperbólico, se están recuperando por sus grandes ventajas en cuanto a sostenibilidad y ahorro de materiales”.

En opinión del catalán, “lo que pasó es que sus discípulos no supieron seguir su senda, en el sentido de llevar sus innovaciones más allá”. Cree que a lo sumo, como en el caso de Jujol y Martinell, o de Guastavino con la llamada “vuelta catalana”, se dedicaron a explotar los hallazgos del maestro, pero sin crear nada nuevo a partir de ellos. “Martinell te hará a vueltas a veces cilíndricas, bóvedas esféricas y planes de carga porticados con funiculares o parábolas, depende del caso, pero Gaudí lo que hizo es llevar estas formas a las tres dimensiones y eso es lo que el resto no supo continuar”, sentencia Santana.

Gaudí, el gótico y la Sagrada Familia

“Gaudí criticaba el gótico por su uso de pilares verticales que implicaban un desequilibro de fuerzas en los laterales, que habría que compensar con sobreestructuras a veces complejas como son los contrafuertes, arbotantes, etc.”, comenta Huerta. “Decía del gótico que era un estilo preindustrial y lo critica en sus conversaciones con los discípulos, criticaba especialmente los pináculos, de los que dice que son como si un jorobado anduviese poniendo banderitas en los edificios”, ilustra.

Huerta pone el ejemplo del bastón para explicar cómo concebía los pilares Gaudí: “Para que un bastón pueda sujetar el peso de un cuerpo tiene que estar inclinado”, explica. “Así que él busca en la inclinación del pilar la mayor resistencia a la compresión, hasta llegar a concebir los arcos catenarios”, remacha. De todas formas, reflexiona que esta aversión al gótico no deja de ser curiosa “porque la Sagrada Familia tiene un aire gótico innegable”.

Santana, que coincide con Huerta en la vocación gótica de la catedral diseñada por Gaudí, explica que no es que el arquitecto renegara del gótico estrictamente, pero sí pensaba que era un “estilo superado”, sobre todo en la construcción de edificios religiosos y que, por tanto, debía actualizarse y optimizarse. En este sentido señala, refrendando las palabras de su colega madrileño, que “la Sagrada Familia es el gran ejemplo de su propuesta para poner al día el gótico”.