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CATALUNYA

Los apoyos a Can Piella no paran el desalojo

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“Grupo Alcaraz | Promocionas inmobiliarias y Naves industriales. Tres generaciones ofreciendo calidad y tratos personalizados...” o “Can Piella somos un colectivo que compartimos unos valores como la libertad o la autonomía, buscando alternativas al sistema de dominación. Nuestra forma de aplicarlos...”

Entre estos dos comienzos de discurso extraídos del google se enfrentan dos mundos desiguales y antagónicos. Si me pidieran que eligiera por lo pronto aquellos que me parecen más interesantes, más humanistas, más directos y claros no tengo ninguna duda: unos ayudan a vivir y los otros se ayudan a sí mismos.

Unos tienen causas abiertas por recalificaciones y mafias constructoras y los otros tienen causa abierta por ocupar una masía vacía y abrirla a todo el mundo. Unos tienen por amigos a los lobbies de poder y han incorporado una banda sonora de grúas y camiones y los otros tienen una montón de gente mayor y joven que trabajan huertos, cuidan gallinas, organizan comidas, hacen música y poesía. Unos promueven un modelo de especulación y los otros de autogestión. Y no tendría que añadir nada más, pero es tan claro que unos nos han metido en un buen lío y los otros molestan tan poco, que no se entiende porqué unos siguen muy tranquilos y cinco de los otros son detenidos con un cordón policial exagerado, desmesurado y ridículo.

Aquí no hay buenos ni malos, aquí hay un monstruo empresarial y una pequeña mosca cojonera con un modelo de desarrollo cooperativo, sostenible y humano que trabaja sin dinero y comparte recursos con otros colectivos, asociaciones, etc.

Uno de los chicos que han hecho bajar hoy por la mañana de la estructura de 18 metros que habían construido para dificultar el desalojo a los Mossos d’Esquadra se llama Boris y hace 5 días me ayudaba en un recital de la Semana de Poesía de Barcelona, 50 años sin Carmen Amaya, que se celebró en la plaza del Raspall, a rebosar de gente, payos y gitanos, niños y viejos, poetas, músicos y bailaores. Allí había dos mesas llenas de libros sobre gitanos, de poesía, de filosofía, que montó la librería Aldarull-La Libertària y la librería Taifa, y Boris, ser luminoso, vendía libros, regalaba sonrisas y provocaba otras.

Hoy no han podido abrir la librería, todos estaban en Can Piella.

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