OPINIÓN| La ultraderecha en Rajoystán
La ultraderecha volvió a hacerse visible en toda Europa cuando azotó, primero, la crisis del neoliberalismo y cuando los refugiados, después, empezaron a llamar a sus puertas pidiendo ayuda. Las fuerzas políticas fascistas ganaron incluso un preocupante terreno electoral. Aquí, en Rajoystán, a la extrema derecha apenas se la había vuelto a ver, en parte porque está integrada en las filas del PP (salvo el residuo Vox) y también, seguramente, porque el Gobierno ha incumplido casi en su totalidad sus compromisos de acogida y, por tanto, los xenófobos tenían poco por lo que protestar. Ha habido acciones violentas, como la incursión de falangistas, brazo en alto, en la librería Blanquerna de Madrid (ahora condenados a entrar en prisión), crecientes y numerosas agresiones homófobas y peleas de banda futbolera, pero aparentaba ser algo residual, sin espacio ni estructura. Salieron en Cataluña el 12-O y el Hogar Social, por su parte, supo infiltrarse en el tejido popular con su presunta solidaridad de nacionalismo españolista. Pero la calle en España ya no era de los fascistas y hasta sus siniestras marchas del 20-N al Valle de los Caídos no pasaban de ser un raquítico anacronismo.