OPINIÓN | Independentismo mágico
Cuando se ama o se desea mucho, la realidad puede llegar a convertirse en un estorbo. Les ocurre a los padres de niños feos, incapaces de valorar en su justa medida los escasos dones de sus retoños, y les pasa a los enamorados. También a quienes, de puro patriotismo, se acaban enamorando del terruño donde viven.
Desde el inicio de la crisis catalana, algunos nacionalistas han ido cultivando una suerte de independentismo mágico que, al igual que el movimiento literario del que bebe, trata de dotar de verosimilitud y coherencia las meras fantasías. Lo hacen, como aquellos escritores de boom, porque consideran que lo irreal es la mejor manera de explicar según qué realidades.