¿Área metropolitana? Ya está la Generalitat
Vaya lata con la “nueva” área metropolitana de l´Horta, con la creación de un organismo a imagen y semejanza de aquel Consell Metropolità de l´Horta, que tuvo su esplendor, su ocaso y su muerte, como mismamente un vegetal. O un animal. Hay una nueva ofensiva, que no es sino un vicio intelectual, y regresa ahora el metropolitanismo como regresa siempre la publicidad del Cola-Cao. (El metropolitanismo siempre han tenido mucho predicamento, casi tanto como los modos de producción o las fuerzas productivas o el imperialismo como fase superior del capitalismo). El fastidio solo puede ser comparable a una mala novela de Henry James. Hay un cierto personal que dedica su vida y su obra a convencernos de las enormes virtudes que encierra para los comunes mortales el poseer un área metropolitana con sus funcionarios y sus ordenadores y sus oficinas y sus competencias. Es un personal que hace de esa vida un destino, el destino de su vida. A mi me parece bien, cada cuál ha de ser feliz a su manera. Estas cosas después siempre se han vestido con los oropeles de la intelectualidad y, en general, la cosa no ha pasado de ahí. Estudios, digresiones, cafés, neuronas echando humo, una discusión por aquí y una teoría nueva por allá. No es mucho gasto. El conflicto, en cualquier caso, no llega cuando la idea pasa de la cabeza a la pluma, sino de la pluma a la acción. Es decir, cuando se pretende fabricar un aparato administrativo, que naturalmente ha de cruzarse con todas las administraciones que le rodean por arriba, por abajo, por la izquierda y por la derecha. Cuatro administraciones atraviesan nuestras vidas: la del Estado, la autonómica, la provincial y la municipal. ¿No son suficientes? No. Hay que levantar una quinta administración, a semejanza de la de BCN, donde hay cientos de funcionarios y el fruto es el que es, es decir, más bien poco. Hubo una época en que nuestro modelo político y vivencial pasaba por reproducir las cosas que hacían los avanzados de Barcelona. Siempre iban un paso por delante. O dos o tres. Ahora, menos. En todo caso, el área de la que hablamos, metropolitana y con oficinas bien puestas, ha de coordinar los municipios de l´Horta y a Valencia, y estudiar sus carencias y sus problemas, y la convergencia o divergencia de los servicios y los planes de futuro y los planes presentes y todo eso. ¿Y para qué está la Generalitat entonces? ¿A qué se dedica la Generalitat? ¿Y para qué está la diputación? Se supone que la Generalitat es un ente supramunicipal, que sobrevuela el vacío intermunicipal, como un ser supremo que vela por los acuerdos y desacuerdos de las localidades que moran en su seno. Porque vamos a ver. Si no hay apenas vivienda y los pisos están carísimos por falta de suelo y por la temible especulación de los capitales, no creo que la solución provenga de la instalación de la nueva administración de l’ Horta. Si eso que se llama ahora la movilidad -la red de transporte, el metro, el bus, el tren, entre otras cosas- falla o es insuficiente o no está bien organizada, será un problema de la Generalitat, que para eso está: para ordenar el territorio, regular el suelo, el transporte, los enlaces de los ciudadanos, y para reivindicar a la otra administración “superior”, la del Estado, las obras hidráulicas que no se han realizado en años, el encauzamiento de los barrancos malogrados, y sistematizar y armonizar todo el tinglado. Si la Albufera está colmatada, o es ya un asquito, pues será la Generalitat y el ayuntamiento de Valencia, y el de Catarroja, o los ribereños del lago, los que se alien para arbitrar medidas a fin de mejorar la existencia del lago y a ser posible su prosperidad. Si Metrovalencia no funciona, o funciona mal, será un problema de la Generalitat, no del área metropolitana. En Bilbao y Sevilla se apañan con lo que tienen, consorcios para residuos y cosas así. Y así evitan el choque entre poderes (que ya hay cuatro, repito, y con burocracias tremendas, y a veces no se aclaran entre ellos, como se ha visto de nuevo recientemente). Porque esa es otra: líbrate de las parcelas de poder. Todo el mundo quiere mandar. Funda un organismo y tendrás un aparato con voluntad de perpetuarse y desalojar a los otros aparatos ya fundados anteriormente a su alrededor. Como decía Alejandro Escribano el otro día, no sirve de nada una concepción metropolitana de las políticas (ay, si le escuchara Sorribes). Y añadía: para eso ya está la Generalitat (normal, lo que digo yo). Y añadía después: Una cosa es el Plan Sur Metropolitano (ojo, no la constitución del Área Metropolitana), y eso está bien porque sin una marca no hacemos nada, que hoy se estilan mucho las marcas, pero lo ha de llevar la Generalitat. Que está para algo, insisto yo. Aquí ya tenemos el Emtre y el Emshi, que son órganos que deben venir aún de aquella incubación que hubo en tiempos de Lerma, aquell Consell Metropolità de l´Horta que murió con Rita Barberá hace unos 27 años. Yo me temo que lo que se lleva ahora, ya hace bastante años, mejor dicho, es la Ciudad Global, que encima suele ser mucho más progresista que sus entornos (Chicago, Nueva York, Los Angeles, por hablar de EE UU) y que compite en influencia con los estados, además de generar riqueza a través de su cosmopolitismo. Pero, bueno, nunca se sabe. Uno siempre cree que es mejor potenciar la Generalitat, que es nuestro poder, el poder de aquí, y dejarse de tanto municipalismo, que es la justificación que utilizan los alcaldes de todo signo y condición para alcanzar más supremacía, más fuerza, más dominio y más autoridad. Y después el ciudadano, con tantos poderes y administraciones y funcionarios -poder estatal, poder autonómico, poder provincial, poder local y ahora poder metropolitano- es que no se aclara.