El gigante está enfermo

“Front a les multituds del fang nascudes,

clamoroses, com aigues bullidores;

front a la massa que la guía l’erro,

mon esperit…a soles.”

Daniel Martínez Ferrando, València, 1911

En breve la interrogación tendrá respuesta. ¿Trump o Biden? Aunque los espacios informativos oficialistas y tendenciosos llevan la atención del ciudadano hacia la pandemia de Covid-19, el mundo sigue por su camino. La salida de la encrucijada la marcan las elecciones estadounidenses que se mueven al filo de una democracia imperfecta. A cincuenta y un millones de norteamericanos se les impide votar por no tener pasaporte ni permiso de conducir. El resultado de las votaciones frenará el rumbo por el que discurre el mundo o incrementará la psicopatía social que afloró en 2016 con el ascenso de Donald Trump y sus modos antidemocráticos y estrambóticos de influir en la política americana y planetaria.

Extrema derecha

En España se constata que los efluvios de la política Trump influyen en los planteamientos de nuestros empresarios. Del mismo modo que los argumentos del presidente norteamericano alimentan el discurso de la extrema derecha española, liderada por Santiago Abascal (Vox) e Isabel Ayuso (PP), desde su atalaya madrileña de provocación e insolidaridad. El último reducto de influencia y poder que conserva la derecha española tras las últimas elecciones generales, autonómicas y municipales, donde Martínez Almeida alcalde de Madrid y portavoz del PP, parece una polichinela desnortada. No se sabe qué necesitan los empresarios españoles, abanderados por Antonio Garamendi (CEOE) y José Luís Bonet (Cámaras de Comercio) para abandonar la disyuntiva entre vidas o negocios. La alternativa errática y deshumanizada  les lleva a anteponer la actividad económica a la salud de los españoles, que pagan la irresponsabilidad con entierros de los más débiles. El nacionalismo neoliberal de Trump marcó el paso. Los empresarios españoles no fueron capaces, alineados con PP y Vox --en ocasiones con Ciudadanos, de Inés Arrimadas—de romper filas en  la zancada de la oca. Ritual que utilizaron en sus desfiles los nazis de Hitler y prosiguen mostrando al mundo la Rusia de Putin, la dictadura China de Xi Jimping y el perfil belicoso e islamista que exhibe la Turquía de Erdogan.

Otro mundo

En la improvisación reciente de confrontación ideológica prevalecen las contradicciones. Quienes no se han percatado de que el mundo ya no es el mismo, siguen manejando idénticos planteamientos en su dialéctica. Los empresarios españoles, impregnados en sus tics del sindicalismo vertical franquista en sus organizaciones --casi nada democráticas-- siguen amarrados a los preceptos de la plutocracia. Por los que la producción y los pingües negocios están por encima de las personas. Recientemente en el XIX Congreso de Directivos CEDE, que ha organizado Caixabank en València, Juan Roig ha participado en la polémica sobre la importancia de preservar la actividad comercial a cualquier precio. Ha hecho hincapié, en su peculiar estilo. En  tener muy presente quien ha de seguir comprando el papel higiénico en los comercios. No quedó claro si prevalecía la necesidad de mantener con vida al potencial usuario o si hay que salvaguardar los ingresos de los clientes para que sigan consumiendo. Isidre Fainé, factótum de la Fundació La Caixa, aprovechó para visitar el nuevo Caixaforum del Ágora, mientras departía animadamente con los presidents de la Generalitat, Ximo Puig y de las Corts, Enric Morera. ¿Qué se dirían?

Economía o salud

Los representantes de los empresarios valencianos, Salvador Navarro (CEV) y José Vicente Morata (Cámaras de Comercio) han de resolver si la disyuntiva entre economía y salud tiene recorrido. Si se puede seguir con la obsesión de contraponer lo público a lo privado, cuando en el País Valenciano, España y en el resto del mundo, el porvenir de ciudadanos depende de la acción de los Estados, de la Unión Europea o del FMI. De  las administraciones europeas, españolas autonómicas y municipales. En València , la edil Sandra Gómez por cuenta de los socios del PSOE, oposición y francotiradores, han puesto el grito en el cielo porque el Ayuntamiento de  Compromís-PSOE, que preside Joan Ribó, se dispone a ejecutar un acuerdo aprobado meses atrás en el Pleno del consistorio, para destinar 32 millones de euros a rebajar la deuda que tiene la hacienda local. Así lo impone la Ley de estabilidad presupuestaria. Que se arrastra desde hace más de 30 años. Cuando esos créditos se incrementaban sin cesar, no rechistaban ni empresarios ni las fuerzas vivas. Ni la Asociación de Comerciantes del Centro de la ciudad, que lidera Rafael Torres, donde la deuda lastraba las arcas municipales e impedía inversiones e infraestructuras que València necesitaba y precisa para mejorar su funcionamiento y desarrollo. València y los valencianos lo siguen pagando.

Endeudamiento

¿Cómo quedamos? Desde la lógica privada y empresarial, el primer mandamiento es el saneamiento económico y la reducción de carga crediticia. Es uno de los pecados de los que se acusa sistemáticamente al Estado: el endeudamiento. ¿En las circunstancias actuales, cómo explican los representantes empresariales, los mecanismos que van a poner en marcha para salir del atolladero social y productivo, sin la contribución de las administraciones públicas y sin recurrir a las ayudas del Estado para la recuperación tras la pandemia?  El primer requisito  es dejar gobernar a quienes asumieron esa responsabilidad en virtud del veredicto de las urnas.

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Publicado el
29 de octubre de 2020 - 12:26 h

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