Cómo cuidar las alfombras: tres métodos de limpieza para tres tipos de manchas
Las alfombras siguen siendo un elemento habitual en los hogares, tanto por motivos decorativos como por su capacidad para aportar confort térmico y acústico. Sin embargo, su mantenimiento requiere cierta atención. A diferencia de otros tejidos, acumulan con facilidad polvo, restos orgánicos y manchas derivadas del uso cotidiano. Mantenerlas en buen estado no solo contribuye a conservar su aspecto, sino que también prolonga su durabilidad y evita la acumulación de suciedad en profundidad.
La limpieza regular y una actuación rápida ante cualquier incidente son factores determinantes para preservar sus fibras. No todas las manchas responden del mismo modo ni admiten el mismo tratamiento: el tipo de sustancia, el material del tejido y el tiempo de reacción influyen directamente en el resultado.
Derrames de líquidos y restos de comida
Un café recién hecho que se cae sobre la alfombra, un vaso de vino que se vuelca en mitad de la cena o el puré del niño que acaba fuera del plato. Son situaciones comunes y, por suerte, tienen solución si se actúa enseguida. Lo importante es no entrar en pánico ni frotar con fuerza, porque eso solo empeora el resultado. Lo mejor es absorber el líquido con un paño o papel presionando con suavidad, sin restregar. Así se retira lo que está en la superficie antes de que el tejido lo absorba.
Una vez controlado el derrame, se puede preparar una mezcla sencilla en casa: un poco de agua templada, unas gotas de jabón neutro (el de manos sirve) y un chorro de vinagre blanco. Con un trapo humedecido, se limpia la mancha desde fuera hacia dentro, con movimientos cortos y suaves. El objetivo es levantar el color sin expandirlo. Si se empapa demasiado, la humedad puede llegar a la base y dejar un cerco, así que conviene ir poco a poco.
Después, basta con pasar un paño limpio y seco para retirar la humedad y dejar que el aire haga el resto. Normalmente la mancha se seca sola en poco tiempo si hay buena ventilación. Cuando el clima es húmedo o el suelo está frío, se puede usar aire templado —como el de un secador a cierta distancia— para que no quede humedad atrapada. Antes de usar cualquier producto, conviene probarlo en una esquina poco visible.
Tratamiento de manchas grasas o aceitosas
Las manchas de grasa o aceite son especialmente difíciles de eliminar porque repelen el agua y tienden a fijarse en las fibras. Actuar con rapidez ayuda a evitar que penetren en profundidad. El primer paso consiste en absorber el exceso en seco, sin frotar ni aplicar líquidos. Se puede utilizar bicarbonato u otros productos que actúan como absorbentes naturales. Tras dejarlos actuar al menos una hora, se retiran con aspiradora o cepillo.
Si la mancha persiste, se puede recurrir a una solución suave de agua templada y jabón neutro. Es importante humedecer solo ligeramente el paño y trabajar con movimientos cortos desde el borde hacia el centro para evitar que la grasa se extienda. Al finalizar, se seca con un trapo limpio. Este procedimiento suele ser suficiente para manchas recientes o de origen alimentario.
Desgaste y marcas por el uso continuado
Las zonas más transitadas o sometidas a presión constante suelen mostrar un desgaste visible con el tiempo. En estos puntos, las fibras se aplastan y pierden elasticidad, lo que da lugar a marcas de uso o de presión. Aunque no se trata de manchas, sí afectan a la uniformidad de la superficie y al aspecto general de la alfombra.
Para recuperarla, se recomienda aspirar en distintas direcciones, con pasadas suaves que ayuden a levantar las fibras. Si el hundimiento es más profundo, se puede aplicar vapor con precaución o utilizar un paño húmedo y una plancha a temperatura baja durante unos segundos. El calor moderado y la humedad favorecen que el material recupere su forma original.
Otra opción es cepillar la zona con cerdas blandas a contrapelo para restablecer la textura. En alfombras que presentan un desgaste más marcado, una limpieza con vapor profesional puede mejorar notablemente el volumen y la apariencia. Para prevenir estas marcas, es recomendable mover o girar periódicamente los muebles para repartir mejor la presión y evitar nuevas marcas.
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