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Operación bikini: guía práctica para no fracasar en el intento

La llamada operación bikini, es decir intentar perder diez kilos en un mes, es una ilusión contraproducente. Pero podemos aprovechar esta predisposición veraniega al adelgace para corregir los defectos de nuestros hábitos alimentarios. 

Foto: Marc Love

Foto: Marc Love

¿Playa o piscina? Sea en una u otra, vas a tener que enseñar tu vientre o tus caderas, que puede que estén sobredimensionadas para lo que se espera de un hombre o mujer de tu edad y condición. Todos tenemos mollejas que esconder y ya que nadie es perfecto, no hay cosa más sexy que aceptarnos tal como somos y ponernos las bermudas o el bikini sin mayores complejos.

Dicho esto, pasemos al subconsciente; este quiere que mostremos en ropa de baño la mejor figura posible, hacernos deseables. Para ello, quizá nos haga pensar en una posible operación bikini de cara a las vacaciones. Buscaremos en internet las aberraciones dietéticas más perversas para perder una arroba en poco más de un mes y tal vez probemos alguna de ellas, como las detox, pero con resultados desastrosos.

Puede que consigamos el objetivo si nos ponemos en plan Sarah Connor, pero a la larga el estrés al que nos someten estos regímenes pasa factura; son insostenibles, volveremos a nuestros viejos vicios nutricionales y como consecuencia ganaremos más kilos de los que teníamos. Las dietas por decreto que alteran drásticamente nuestra pauta nutricional, no funcionan

Pero bueno, ya que el subconsciente insiste y nos empuja hacia la alimentación saludable, pensemos 'en largo' y veamos qué cambios podemos hacer en nuestros hábitos para que, si quizás no este verano, al menos sí al siguiente podamos lucir mejor contorno sobre el césped o la arena. A continuación te damos algunas pistas de por dónde pueden andar los tiros.

1. ¿Tomas bebidas gaseosas? Pecado al canto

Va siendo hora de que te quites de ellas. Salvo el agua mineral, el resto no son más que chutes de azúcar que va a ir directo a tu sangre. Y si tu sangre está hasta arriba de glucosa, todo el resto de cosas que ingieras, tu cerebro interpretará que debe guardarlas en forma de grasa, porque estás en situación de alarma, con la adrenalina al nivel de las orejas.

Si dejas de beber refrescos azucarados, apagaras esta señal errónea y verás una primera bajada de cintura en pocas semanas. Si tienes mono de sostener una lata o una copa, prueba con el agua con gas y una rodaja de limón, que da el pego y no engorda nada. 

2. Di adiós al zumo mañanero

Cambiarás el zumo por la pieza de fruta, aunque sean zumos de amargo pomelo, sin apenas azúcar. Cuando te levantas, tu cuerpo te pide líquido y azúcar tras el enorme consumo nocturno que tiene el cerebro. Si se lo das en zumito, y encima con cucharada de azúcar, es como si abrieras las compuertas de un embalse de melaza.

Si lo cambias por una o dos piezas de fruta, que deberás pelar y masticar, reduces el número de piezas que engulles, aunque sea por pereza; te metes fibra por un tubo y la relación de azúcar es más o menos la que precisas. Eso sí, nada de endulzar la fruta con azúcar, ni marrón ni blanco. 

Foto: Tuncay

Foto: Tuncay

3. Objetivo 'zero' colacao

Si prefieres el colacao al café tienes tus motivos: la teobromina del chocolate nos enchufa tanto como la cafeína. Sin embargo, 'colocaos' y 'nesquics' son cañondes de azúcar, con una proporción de glucosa de más del 70%. Sustitúyelos por chocolate puro mezclado con leche.

4. Reniega del azúcar blanquilla... y del moreno

Azúcar igual a glucosa, igual a sangre dulce y por tanto igual a señal al cerebro de que meta en las fanegas el resto de lo que comas. Prueba con los edulcorantes sintéticos, pero asegúrate de que contienen en su formulación poca o ninguna proporción de glucosa. Por supuesto, mesúralos porque siempre tienen algo de glucosa. 

5. Abjura de los cereales

El debate sobre los cereales es interminable, pero lo cierto es que son reservas de hidratos de carbono en forma de almidones. Además, la inmensa mayoría de los que se comercializan presentan tasas de azúcar elevadas. Muchas veces no se trata de azúcares añadidos, pero sí provienen del tratamiento del almidón para que suelte una buena ración de las moléculas de glucosa que tiene guardadas (dextrinado). En resumen: fuera cereales.

6. Dale la espalda a la bollería industrial

Haz el esfuerzo de negarte ese croasán con el café con edulcorántes sintéticos y leche. Nada que no haya pasado por tu horno y que personalmente hayas amasado, debe ir a tu estómago. La bollería industrial, y la de la panadería del barrio, es rica en grasas saturadas y azúcares. Si acaso, como esa bollería de barrio está tan deliciosa, al menos haz un pacto con tu subconsciente y reduce las ingestas a la mitad de los días de la semana, pero sabiendo que son 'pecado'.

7. La miel, para Winnie the Pooh

La miel para los osos y los escaladores de montaña; si no vas a hacer un esfuerzo ímprobo, no necesitas esa dosis de azúcar en tu torrente sanguíneo. Si eres un fan incontrolable, al menos relégala a los fines de semana o al día en que te toca hacer deporte. 

Foto: Marc Love

Foto: Marc Love

8. No te líes con los lácteos desnatados

Eso de que la nata de la leche engorda es un mito, siempre que no nos pasemos el día bebiendo leche entera como si fuéramos miembros de un equipo de fútbol americano adolescente. No está demostrado que los desnatados remedien los problemas de las grasas de los lácteos, que por otro lado tienen su importancia en la gestión de la vitamina D. Si renuncias a la grasa de los lácteos, que sea porque repudias la mantequilla.

9. Prueba las tostadas de pan con aceite

Si logras sustituir tu desayuno tóxico por café, leche y/o yogurt, piezas de fruta y pan con aceite y sal, te habrás ganado el derecho a incluir unas lonchas de embutido y verás que en unas semanas tu tripa obra un pequeño milagro, aunque sin pasarse.

10. A media mañana, toca la banana

Tienes derecho a un tentenpié a media mañana si notas que lo necesitas, pero la mejor propuesta es un plátano e incluso dos si vas cansado. Es energía pura con tasas de glucosa razonables. Puedes acompañarlo o sustituirlo por una pera o una manzana.

11. Mueve el culo

Si sumas a un desayuno saludable y a un tentenpié sensato ir andando una parte del trayecto que normalmente haces en metro o autobús, el milagro de tu cintura será notablemente mayor. Si te animas, puedes andar todo el trayecto o incluso apuntarte al servicio de bicis de tu localidad. Lo que sea con tal de que muevas el culo, algo que tu corazón también te agradecerá.

12. El túper, siempre lleno y a nuestro lado

Nunca te saltes las comidas y llévate la comida de casa al trabajo con tanta frecuencia como puedas y te permitan tus relaciones sociales. A todos nos pasa aquello de que nos sienta mejor lo que nos hemos cocinado nosotros que lo que nos hace el chef del restaurante de la esquina. Entre otras cosas porque por pereza tendemos a comer más verduras, crudites y carnes y pescados sin salsas elaboradas.

Los vegetales forman parte de la dieta mediterránea, son ricos en fibras, pobres en hidratos de carbono y nos ayudan en nuestra 'operación bikini'. Combínalos con frutos secos, carne a la plancha, pescado o incluso pasta o arroz. No te quedes demasiado lleno pero tampoco con hambre. 

Foto: Andrew Yanovskiy

Foto: Andrew Yanovskiy

13. Para merendar, te chupas el dedo

Que ya somos mayorcitos... La merienda es cosa de niños, que se mueven como electrodos. Los adultos no gastamos tanta energía y con la comida ya nos hemos saciado. Si no es así, o nos espera semifinal de pádel, de fútbol siete o clase de zumba, de nuevo pieza de fruta o banana. Puedes optar también por los frutos secos, que sacian rápidamente pero aportan energía. Como previsión, los días de deporte, nos hacemos para comer algo de pasta o arroz. Lógicamente, culturistas, triatloneras y otros seres superiores abstenerse de seguir estos consejos...

14. Cena con moderación pero bien, no te cortes

Si has seguido los consejos anteriores, llegarás a la cena con hambre moderada y podrás comer tranquilamente lo que te apetezca, mientras las cantidades no sean excesivas. No hay ningún alimento que te esté prohibido, salvo los relatados para el desayuno, pero el ideal es una ensalada, tomate, queso, pescado, una tortilla, etc. Si tu hambre en la cena es excesiva, ta vez es que hayas medido las raciones mal durante el almuerzo.

15. Los gin tonic son bombas calóricas nucleares

¿Te gustan o prefieres el whisky o el ron? Da igual, todos los destilados engordan una barbaridad. Si le sumamos el azúcar de la tónica es como para ponerse a llorar: de un copazo nos podemos cargar el plan dietético de toda la semana. ¿Qué tal si nos pasamos al vinotinto, rosado o blanco

16. Los snaks los inventó el diablo 

Patatas fritas, cheetos, fritos, doritos, etc. No importa, son inventos dietéticamente diabólicos y deberían ir marcados con el distintivo '666', porque contienen sal, grasas e hidratos de carbono en una combinación deciciosamente viciante, que engorda y engancha como pocas cosas. Ni tocarlos y si los ves en un escaparate, tres avemarías y te alejas corriendo. 

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