El doctor César Sotomayor, sobre el aumento de casos de sífilis: “Es un error pensar que es una enfermedad del pasado”

Campaña de concienciación para el uso de preservativos del Ministerio de Sanidad.

Paloma Martínez Varela

17 de junio de 2026 10:11 h

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Lejos de limitarse a los libros de historia o a la literatura del siglo XIX, la sífilis es un desafío para la salud pública que se presenta en nuestros días con una fuerza estadística importante. España registró 11.500 casos en 2024, la cuarta parte de todos los diagnósticos de Europa, según los últimos datos publicados por el Centro Europeo para la Prevención y el Control de las Enfermedades (ECDC). 

“Es una idea errónea el pensar que es una enfermedad del pasado, es una infección que está completamente presente”, explica el doctor César Sotomayor, experto en infecciones de transmisión sexual (ITS). Esta percepción pública es uno de los primeros obstáculos, según el especialista, ya que genera una falsa sensación de seguridad, mientras que la infección, provocada por la bacteria Treponema pallidum, ya ha duplicado su incidencia en la última década. 

La sífilis es apodada entre los médicos como “la gran imitadora”, un nombre que no es casual, ya que alude a la facilidad de confundir sus síntomas con los de otras patologías. “En algunas ocasiones se puede manifestar simplemente como una úlcera o tener manifestaciones muy graves como ictus, aneurismas a nivel del sistema cardiocirculatorio, puede tener afectación a nivel del riñón, es decir, las manifestaciones son muy variadas y dependen de la situación clínica”, detalla el doctor Sotomayor.

La falsa señal de recuperación

“Tiene un abanico de manifestaciones que es brutal”, insiste el experto, que señala que en su fase primaria puede darse como una úlcera indolora, denominada chancro, que a menudo se cura sin tratamiento “dando una falsa señal de recuperación”. Si no se trata, la bacteria viaja por la sangre y da inicio a la fase secundaria, con síntomas más complejos y diversos, desde manchas en la piel a demencias o trastornos neurológicos graves en etapas avanzadas, señala Sotomayor.

El aumento de casos en los últimos años parece la respuesta a una tormenta perfecta de factores sociales y conductuales. “Ahora tenemos aplicaciones para tener encuentros sexuales al alcance de nuestra mano, a golpe de dedo”, destaca el doctor. A estas relaciones sexuales inmediatas, el experto suma el aumento de cribados diagnósticos, lo que aumenta las posibilidades de detectar más casos, y la pérdida del miedo al VIH por parte de las generaciones más jóvenes, que en muchos casos provoca un retroceso en la prevención.

Ante esta realidad, la ciencia busca nuevas estrategias biomédicas, “fármacos que se emplean para prevenir las infecciones”, explica el experto en ITS, como en este caso la profilaxis postexposición con doxiciclina (doxy PEP, por su nombre en inglés), que “después de tener sexo no protegido, anal, vaginal u oral, podría disminuir el riesgo de la adquisición tanto de la sífilis como de la clamidia”, aunque su uso aun genera debate por las posibles resistencias antibióticas. 

Sin embargo, para el doctor Sotomayor el avance médico debe ir acompañado de un cambio en el lenguaje, porque el estigma sigue siendo la mayor barrera para que las personas que han llevado a cabo prácticas que pueden conllevar riesgo acudan a las clínicas. “Las personas que se sienten estigmatizadas tienen menos acceso a la salud por miedo a ser juzgadas”, asegura. 

La recomendación clínica es clara en este aspecto: a cualquier persona con una nueva pareja sexual o que mantenga relaciones sin protección se le recomienda hacerse pruebas de ITS, incluyendo la sífilis, al menos una vez al año o cada seis meses si existe un cambio frecuente de parejas.

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