La peculiar ruta de senderismo de Cuenca con una veintena de esculturas monumentales talladas junto a un embalse
En el noreste de la provincia de Cuenca, el municipio de Buendía conserva uno de los itinerarios senderistas más singulares de Castilla-La Mancha. La llamada Ruta de las Caras recorre un conjunto de pinares y formaciones de roca arenisca junto a las aguas turquesas del embalse de Buendía. El recorrido destaca por presentar una veintena de esculturas de diversos tamaños, desde pequeñas piezas de 30 centímetros hasta monumentos que pueden alcanzar los cuatro metros de altura. Estas obras, cuya creación comenzó en el año 1992, están talladas directamente en la piedra y son una muestra de cómo el arte contemporáneo puede integrarse en el medio natural sin alterar su esencia.
El itinerario principal es un sendero sencillo de aproximadamente dos kilómetros de longitud, ideal para completar una jornada de senderismo sin complicaciones gracias a sus tramos de escasa pendiente. Esta senda está diseñada como un paseo circular —comienza y termina en el mismo punto— y se puede recorrer en una hora. Aunque el terreno es de baja dificultad y recomendable para realizar con niños, su acceso está restringido para carros de bebés o personas con movilidad reducida debido a la presencia de escalones, baches y terreno irregular.
Para los senderistas que busquen un nivel de exigencia mayor, existe la opción de realizar la ruta larga, denominada PR-CU 46. Este recorrido, a diferencia del anterior, parte directamente desde el casco urbano de Buendía y tiene una extensión de 14 kilómetros que bordea gran parte del pantano, con una duración estimada de cuatro horas. Además de incluir el paso por el conjunto escultórico, este trayecto permite visitar otros puntos de interés patrimonial y paisajístico, como el mirador de la Peña de la Virgen, el camping de la Cespera y diversos restos arqueológicos que atestiguan la ocupación histórica de la zona.
Una de las ventajas de estas rutas es que el acceso es totalmente libre y gratuito, sin restricciones de horarios, lo que permite disfrutar de las variaciones de la luz solar sobre el relieve de las esculturas. No obstante, se recomienda madrugar para realizar el sendero por la mañana, evitar el calor y encontrar aparcamiento sin problemas.
Los 18 relieves que podrás ver en la Ruta de las Caras
A medida que avanzas por este sendero, descubres que estos rostros y símbolos no son una colección aleatoria de figuras, sino que representan influencias místicas e hindúes junto a elementos de culturas precolombinas y mitos del Sudeste Asiático. Muchas de las caras presentan la denominada “sonrisa arcaica” —rasgo característico de la estatuaria de la antigua Grecia—. Anota algunas de las esculturas más emblemáticas, agrupadas por su temática y origen:
- Iconografía espiritual y oriental: gran parte de la ruta reside en la representación de deidades de Asia. Destaca el Maitreya Buda que simboliza al Buda del futuro. Junto a él encontramos a Krishna, encarnación del dios Vishnu, y a Arjuna, el héroe espiritual de la epopeya india Mahabharata. Estas piezas, junto a la Moneda de la Vida —que representa el universo y el espíritu creador—, aportan una atmósfera de paz al recorrido.
- Guardianes y seres de fábula: en el bosque destaca el Chamán que actúa como guardián; es una figura de inspiración precolombina equivalente a los antiguos magos. En una escala monumental se encuentra Chemary, un gigante dormido de más de dos metros que transmite la sabiduría del entorno. No falta el homenaje a la cultura europea con el relieve de Beethoven, situado estratégicamente en una zona del pinar.
- Símbolos místicos y mitología celta: la conexión con el pasado se refleja en la Espiral del Brujo, un símbolo celta que representa la evolución. El sendero también esconde pequeñas figuras como el Duende Indio, los Duendes del Pantano y el Duende de la Grieta, tallas que simbolizan las energías que habitan en los recovecos de la roca.
- Devoción y tradición cristiana: la ruta rinde homenaje a las raíces locales con la Virgen de las Caras (inspirada en la patrona de Buendía) y la Virgen de la Flor de Lis. Estas conviven con La Monja, la primera pieza tallada.
- Caballería y el ciclo de la vida: la historia medieval se hace presente a través de la Cruz Templaria y la Cruz del Temple. El recorrido suele dejar para el final La Calavera de la Muerte, una obra con un significado profundo: no mira hacia el agua, sino hacia el sol naciente, simbolizando el renacer tras la muerte.
- La feminidad y el agua: la Dama del Pantano simboliza el espíritu femenino y creador, en el que el agua simboliza un poder regenerador. En el momento de máxima altura del pantano, el agua llegará incluso a los pies de la escultura.
Al finalizar el trayecto por la Ruta de las Caras, el entorno ofrece diversas posibilidades de ocio, como disfrutar del embalse de Buendía. Este cuenta con dos áreas recreativas estratégicas, La Cespera y Los Romerales, donde está permitido el baño, la pesca y la práctica de deportes acuáticos como vela o motos de agua.
Escalada, patrimonio cultural y la huella de los dinosaurios
Otra opción es practicar escalada en el Cañón del río Guadiela. Este enclave dispone de 8 sectores con diferentes vías sobre roca caliza que se adaptan a todos los perfiles; encontrarás desde itinerarios sencillos de grado III para principiantes, hasta paredes mucho más técnicas que alcanzan el 8a, permitiendo que tanto iniciados como expertos disfruten del entorno.
Además de la aventura, es imprescindible visitar el pueblo de Buendía, que conserva un gran atractivo medieval presente en su Plaza Mayor, la Iglesia de la Asunción y el Museo del Carro. Para quienes deseen extender la visita, a tan solo una hora se encuentra Cuenca, reconocida por la UNESCO como Ciudad Patrimonio de la Humanidad. Si se viaja con niños, es muy recomendable visitar el MUPA (Museo de Paleontología) para conocer los dinosaurios de la región a través de hallazgos únicos procedentes de yacimientos locales, o la Ciudad Encantada, famosa por sus mágicas formaciones en piedra caliza modeladas durante 90 millones de años.
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