Dandys, malditos, estampitas, iconos y divas: el universo de Roberta Marrero mira de frente al Romanticismo
La potencia de las obras de Roberta Marrero (1972-2024) golpea por su belleza y su furia cuando se ven de cerca. Y así ha querido mostrarlas el Museo del Romanticismo: 59 piezas en una sala de paredes negras, levemente iluminadas, en las que santos, poetas y divas pop dialogan con las obras de la colección del museo hasta el 31 de enero de 2027. La exposición se celebra dos años después del fallecimiento de Marrero, motivo que tiñe de emocionalidad la muestra. “Es una manera, también, de volver a tener una conversación con ella”, explica el comisario, Julio Pérez Manzanares.
La rebeldía y la fuerza de las imágenes de Marrero contrastan con su actitud, que ella misma reflejó en sus versos: “Yo no quería ser valiente, ni un ejemplo, ni una lección. Yo quería amar y ser amada”. Su obra reúne con honestidad el humor, la transgresión, la identidad, los mitos y la cultura pop, reivindicando los márgenes de la sociedad a quien, a pesar de todo, siempre destacaba por ser quien era. “Roberta tenía una visión del mundo muy bien armada, y ese modo de ver las cosas no puede pasar desapercibido”, afirma el comisario.
Por eso, “Roberta no podría estar en otro sitio más que aquí, este es un lugar perfecto”, argumenta Pérez Manzanares refiriéndose a las salas del museo. Y es que los valores del espíritu romántico se reflejan con nitidez en la obra de la artista, un corpus en el que tienen cabida las pasiones más populares del siglo XIX, como el malditismo, el dandismo o el heroísmo trágico de la figura del artista moderno. “Es la primera vez que puede contemplarse en Madrid una selección tan completa de la obra de Marrero, que fue, en todas sus expresiones, heredera de la figura trágica del artista romántico”, cuenta el comisario.
Casper junto a Santa Catalina
La muestra expone ese diálogo, lo hace visible, situando algunos cuadros de la colección del museo junto a las obras de Marrero. Así, Una mártir, el oscuro lienzo que pintó José María Rodríguez de Losada en 1870, se muestra junto al corazón solitario y sangrante de Amor (2021), de Marrero, en un diálogo que ejemplifica la violencia de las pasiones y su intensidad. Lo mismo ocurre en Asunto místico, un homenaje con el que Marrero recrea el lienzo del mismo título del siglo XVII. En él aparece una escena mística incompleta con una gran mancha en el centro, a la manera de las tablas de la ley, pero vacía. Esa misma ausencia, Marrero la reinterpreta en su collage junto a Santa Catalina de Alejandría que Artemisia Gentileschi acompañada del fantasma Casper.
En la exposición se pueden apreciar también otros objetos, como un quinqué y una escultura policromada de un Niño Jesús dormido, ambos del siglo XIX. Porque en la obra de Marrero se abren multitud de caminos y de posibilidades en la que “se mezclan cosas tan dispares como lo pop y las estampitas”, explica Pérez Manzanares. Esos caminos llegan incluso a lo esotérico, al que remite Respuestas del Oráculo, un libro del siglo XIX, y a significados más profundos, como los que incluye la presencia de la litofanía La caza del ciervo, también perteneciente al mismo siglo, que alude a la reapropiación que hace Marrero de la caza.
“Es algo que tiene que ver con la propia idea del amor, con una propia idea del deseo, de cómo el deseo nos atraviesa, nos mata como las flechas de San Sebastián” explica el comisario “pero también con esas vivencias estructurales a las que determinadas minorías se enfrentan, y nos enfrentamos todavía en el día a día”.
Santos, poetas y divas
En esa visión del mundo en la que el amor y la muerte se entrelazan, Marrero sitúa a sus referentes “tanto los poéticos, los más intelectuales, Jean Genet, Pizarnik, la poesía romántica, como también Warhol, Amy Winehouse o Candy”, enumera Pérez Manzanares. “Son referentes muy potentes, que pasados por ella y por su visión del mundo cobran un doble sentido, una importancia más fundamental y una centralidad más fuerte y más evidente”.
Marrero construyó collages a modo de pequeños altares dedicados a personajes importantes de la historia queer: poetas como Federico García Lorca, William Blake, Rimbaud o Jean Genet, divas de Hollywood como Marilyn Monroe o Joan Crawford, figuras de la iconografía religiosa y pictórica como San Sebastián o de su propia genealogía, como la actriz, modelo e ídolo pop estadounidense Candy Darling. Entre las paredes de la muestra nos encontramos con obras de Tom of Finland, anuncios de Chanel o afiches comunistas que se mezclan con estos personajes, con los que explora la construcción de la identidad y las grietas del sistema.
“Sus obras tienen multitud de capas y no son nada fáciles”, explica Pérez Manzanares y, sin embargo, “conectamos de una forma muy inmediata con ellas”. Eso hace de su obra, opina el comisario, algo tan contemporáneo, radical y fabuloso “porque habla en muchos tiempos y en muchos planos distintos a la vez”. Quizá por eso las obras de Marrero fascinan y siguen abiertas a nuevas interpretaciones: cada vez que se miran, aparece un detalle distinto.
Nada más entrar en la exposición, la mirada se dirige hacia el fondo de la sala donde se sitúa el collage It’s Marrero, bitch!, en el que aparece Joan Crawford, pero que remite indudablemente al rostro de la artista como si nos observara desde allí. Más abajo, seis collages hablan del martirio de San Sebastián, del estado del arte contemporáneo y de la pérdida del alma del artista en su mercadeo, siempre con un humor ácido.
Un tono cómico que recorre toda la muestra. “En toda la exposición hay un enorme sentido del humor que era muy propio de Roberta. Resuenan sus famosas carcajadas. De hecho, donde esté, estoy seguro de que se está carcajeando con todo esto”, cuenta Pérez Manzanares. “Esa misma idea de mezclar distintos lenguajes, de poner en diálogo cosas aparentemente imposibles entre sí, cada vez que la veo me provoca una carcajada más grande. Por ejemplo, su obra que mezcla a Divine con el icono de Nike: Just do it, hazlo, come caca directamente”, añade, en referencia a la célebre escena de Pink Flamingos (1972), de John Waters.
La navaja y la herida
El comisario no olvida a quienes han hecho posible la exposición. “Esta colección de obra habría sido imposible sin las personas al cuidado de su obra, Víctor e Inés, y sin este apoyo de carácter más institucional que ha permitido hacer esta muestra”, explica. La directora del museo, Carolina Miguel, por su parte, espera que la exposición “tenga mucho éxito”, porque “está hecha, sobre todo, con mucho amor”.
El respaldo institucional llega de Cultura Orgullosa, una iniciativa del Ministerio de Igualdad desarrollada junto al de Cultura para dar protagonismo a las creaciones artísticas LGTBI+ y a la diversidad sexual, de género y familiar. La programación, comisariada por Juan Gómez Alemán y Rosa Ureta, de La Juan Gallery, llega a los 16 museos estatales y a otras instituciones. La muestra contará, además, con un recital de poesía seleccionada de la autora a cargo de su amiga, la escritora Alana S. Portero, una actividad aún pendiente de fecha.
“La obra de Marrero es archivo, es memoria, es puesta al día de referentes, es apropiación, es resignificación, es autobiográfica, pero es también universal”, resume Pérez Manzanares. “Es política, pero es personal. Es la navaja y también es la herida”, concluye.