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La brutalidad policial a examen en el thriller danés “Shorta”

La brutalidad policial a examen en el thriller danés "Shorta"
Madrid —

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Madrid, 1 jun (EFE).- Los ecos del caso George Floyd -tensión racial, violencia policial- resuenan en “Shorta. El peso de la ley”, un thriller danés que utiliza y subvierte las convenciones del género para proponer una reflexión: “Los seres humanos somos más que ceros y unos, somos polifacéticos”, dice a Efe el director Anders Ølholm.

Dirigida a cuatro manos junto a Frederik Louis Hviid, la película llega el próximo viernes a los cines españoles tras su periplo por festivales como Venecia y Toronto.

La trama se desarrolla en un solo día y en un espacio acotado, un suburbio de una ciudad danesa. Dos agentes hacen una patrulla rutinaria cuando se produce la noticia del fallecimiento de un joven inmigrante bajo tutela policial, lo que desata violentos disturbios en el barrio en el que se encuentran y se quedan atrapados.

“Estábamos editando la película, hace un año, cuando George Floyd fue asesinado; nosotros nos habíamos inspirado en un caso danés de hace 30 años pero el paralelismo era absoluto: un joven detenido en una protesta reprimida por la policía, fue asfixiado, entró en coma y murió”, señala Hviid.

“En ese momento resultó obvio que el tema sigue siendo muy relevante y es algo de lo que tenemos que hablar”, añade.

Admiradores de los thrillers policíacos norteamericanos de los 70 y 80, de directores como William Friedkin, Sydney Lumet o Walter Hill, Ølholm y Hviid utilizan clichés del género al definir a los personajes protagonistas, de personalidades opuestas (bruto/sensible, introvertido/extrovertido, chistoso/serio) pero a la vez profundizan en ellos.

“Éramos muy conscientes del uso de arquetipos y queríamos utilizarlos para luego subvertir las expectativas del público, a nivel superficial son personajes arquetípicos pero hemos buscado hacerles tridimensionales”, subraya Hviid.

Ølholm ve “Shorta” como una especie de “cuento con moraleja” sobre los prejuicios en general. “Los seres humanos somos polifacéticos, no somos solo ceros y unos, nos preocupa que vayamos en esa dirección, donde las personas son buenas o malas y no hay matices, queríamos hacer una película que examine las razones por las que la gente hace lo que hace”.

“Frederik y yo hablamos mucho sobre cómo nos sentiríamos si fuéramos agentes de policía y cada día tuviéramos que confrontar lo peor de la naturaleza humana -mentiras, violencia, asesinatos- y aún así tratar de seguir aferrado a tus valores... es muy difícil que todo eso no te afecte, que no te cambie”, señala.

Dicho eso, considera que los casos de violencia policial en Estados Unidos tienen mucho que ver con la falta de una preparación adecuada para un trabajo que es “extremadamente difícil”.

Para preparar la película realizaron numerosas entrevistas, con policías y con jóvenes inmigrantes. En una de ellas, una joven agente, mujer, les preguntó por el título del filme. “Le explicamos que es una palabra árabe, es así como los jóvenes llaman a la policía y ella replicó: 'deberían oír lo que les llamamos a ellos'” y murmuró “animales”.

Los directores reconocen que reacciones así son “muy desalentadoras”, pero creen que la película también da espacio a la esperanza.

“No es una película que busque polarizar o crear polémicas, al contrario, aspiramos a unir a la gente con esta historia, que personas con distintas visiones políticas puedan verla y quizá hablar sobre lo que plantea, para nosotros era crucial no condenar a nadie”.

Desde el punto de vista visual, la pareja hace de la necesidad virtud, rodando en un espacio acotado y explorando el fuera de campo. “La cantidad de información que entra en el encuadre es tan importante como lo que no entra, y ese concepto viene de no tener un gran presupuesto ni mucho tiempo”, admite Ølholm.

Hviid resalta la influencia de películas como “Salvar al soldado Ryan” en el uso de una cámara subjetiva que busca crear una experiencia inmersiva para el espectador.

Magdalena Tsanis

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