Festival de Venecia
Las bambalinas de la gira de reencuentro de Oasis con la que Liam y Noel Gallagher dejaron su ira atrás
El 28 de agosto de 2009, los asistentes al concierto de Oasis en París fueron avisados por megafonía de que, tras una discusión entre Noel y Liam Gallagher, el evento se cancelaba. Era la enésima bronca entre los hermanos, la gente estaba acostumbrada a sus idas y venidas, pero aquella vez, parecía la definitiva. Desde entonces, nunca se habían juntado de nuevo. No había ningún síntoma de acercamiento entre ellos, pero en 2023 los rumores empezaron a sonar.
Días antes de la final de la Champions League que enfrentaba al Manchester City —el equipo de los Gallagher— contra el Inter de Milán, Liam dejó un tuit en el que decía lo siguiente: “Si el Manchester City gana la Champions League, voy a llamar a mi hermano y reunir a la maldita banda”. El City ganó la Champions, y nadie sabe si fue ese triple lanzado al aire el que hizo que levantara el teléfono o no, pero un año después, y 15 años tras aquella cancelación, Oasis anunció que se juntaba de nuevo para una gira histórica.
Las bambalinas de aquel tour, que ahora se rumorea con que seguirá el año que viene con más citas en Reino Unido y, supuestamente, en Madrid y Barcelona, también se rodaron para un documental que se ha presentado en el festival de Venecia, donde además los Gallagher, aunque no han atendido a la prensa, sí han posado en el photocall y la alfombra roja. Oasis: Don’t look back in anger es el título del filme, que además llega a las salas el próximo 11 de septiembre para contentar a los fans.
La propuesta del creador y productor Steven Knight —responsable de series como Peaky Blinders y guionista del próximo James Bond— responde al título del filme, que no es más que el de una de las canciones más míticas del grupo. Don’t look back in anger, o 'No mires atrás con ira', es el mensaje que traslada el filme. Los hermanos han superado sus diferencias, y al final ese mensaje se eleva como metáfora de la importancia de la empatía en un mundo dividido y cabreado.
Si Liam y Noel han podido reconciliarse todos podemos, parece decir un filme que sigue a los hermanos desde los ensayos del tour, cuando Noel todavía duda de que eso vaya a llegar a buen puerto. 15 años sin hablarse son muchos, y Noel sigue siendo Noel, un terremoto volcánico tan carismático como impredecible. Para esos ensayos se usaron 12 cámaras que se escondieron para ver cómo se desarrollaban esos momentos. Los primeros compases son tensos. No se tocan. No se miran.
Todo cambia cuando llega la gira, cuando ven a la gente rendida a sus canciones y a sus himnos. Ahí empieza esa reconciliación. Es Noel quien lleva la voz cantante del documental, quien muestra su sorpresa cuando en el primer concierto, tras no haberse casi dirigido la palabra, su hermano le agarró de la mano y la levantó delante de todos como si fuera el ganador de un combate de boxeo. Confiesa que durante cuarenta minutos no dio pie con bola, pero que, sin embargo, Liam se comió el escenario. Le vio salir con sus maracas, colocarse su mítica pandereta como si fuera el halo de un santo y cantar como si el tiempo no hubiera pasado. Es cierto. Escuchar la voz de Liam es una máquina del tiempo a los mejores momentos de Oasis.
Ahí radica uno de los elementos más bellos del filme, el reconocimiento de ambos al talento del otro. Sí, las canciones las escribía Noel Gallaguer. Sin él no habría Wonderwall ni Don’t look back in anger, y hasta Liam lo reconoce en el documental. Pero sin la personalidad a contracorriente, revolucionaria y provocadora de Liam no se hubieran convertido en aquella banda que golpeó el panorama musical en los 90, a la que compararon por éxito con los Beatles, y que además pusieron el foco en la clase obrera de la que habían salido.
No se olvidan de esa clase obrera, la mencionan varias veces en el filme. A los que no se pueden permitir pagar una entrada en Mánchester y les escuchan desde una colina les dedican una canción, y dejan claro que no saben lo que son, pero sí lo que no son. “No somos de derechas”, dice Noel Gallagher en la entrevista conjunta con la que el documental entra en su último y conmovedor tercio, en el que cuentan que sus hijos apenas se conocían y que ahora salen de fiesta juntos y son amigos porque ellos también se han reencontrado. “Esta gira ha cambiado la narrativa sobre nosotros”. Una narrativa que se centraba en el caos, y que ahora vuelve a la gloria.
Esa reconciliación se va forjando concierto a concierto, donde los directores Dylan Southern y Will Lovelace colocaron 18 cámaras entre bambalinas y público para captar cada gesto, cada detalle. Para dominarlas, cuatro directores de fotografía diferentes que captaran la luz de lugares como Cardiff, Mánchester, Londres, Buenos Aires o São Paulo.
Una polémica superada
Aunque los Gallagher no estuvieron en la rueda de prensa, Steven Knight y los directores explicaron las decisiones creativas y narrativas en torno al filme, como por ejemplo el porqué no se centra en lo que ocurrió en aquella noche del 28 de agosto de 2009. “No miramos a lo que pasó. Algunos lo saben, otros no… pero esta película es sobre lo que pasa ahora. Y la intención es, en esta época de redes sociales y anonimato, hablar de personas que se reconcilian y se perdonan. Es una película sobre el ahora y el futuro”, dijo Knight que además dejó claro que lo que salió al grabarles “es mejor que cualquier ficción posible”. “Además, nadie puede interpretar a Liam Gallagher… excepto Liam Gallagher”, añadió jocoso Dylan Southern.
Para Dylan Southern y Will Lovelace era fundamental desaparecer durante los ensayos. Por eso escondieron esas 12 cámaras. Ahí vieron los primeros compases y dinámicas de ambos hermanos tras tantos años separados. Y apenas hubo relación. Sin embargo, “al ver cómo reaccionaba la gente a sus canciones en el tour, eso les afectó a ellos”. Al final, captaron “cómo se reconcilian en el escenario delante de todo el mundo”.
Una reconciliación que se materializa en esa entrevista conjunta donde hablan de nostalgia, de cómo han cambiado el relato sobre Oasis, sobre los años 90, las fiestas de entonces y las de ahora, sus ansiedades y miedos, y de que ahora se mandan vídeos por WhatsApp y hablan más de la vida y del mundo que cuando estaban en la cresta de la fama. Todo eso entre las 179 veces que entre ambos dicen la palabra ‘cunt’ [coño, en inglés, aunque vulgarmente se utiliza como “imbécil” o “cabrón”], una cifra dada por los directores entre risas y tras la que dan su opinión sobre si hay reunión de los Gallagher para rato o se enfadarán de nuevo: “No parece que vaya a ocurrir, se llevan muy bien”.