El director Carlos Saura, Goya de Honor 2023

Javier Zurro

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Carlos Saura calza los portones de sus ventanas con sus dos Osos de Plata que ganó en Berlín. Hay pocos premios que no estén en su casa. El director aragonés, autor de obras maestras como Cría Cuervos o La prima Angélica tiene galardones de Cannes, Berlín, un Bafta... y hasta dos premios Goya por la dirección y el guion -junto a Azcona.- de Ay, Carmela. Sin embargo, a sus 90 años, no había recibido todavía el Goya Honorífico que reconoce una de las carreras más libres, personales e influyentes del cine español. Un director cuyo legado es recordado por las generaciones posteriores y hasta por directores de fuera de España. Dos ganadores de la Palma de Oro como Julia Ducournau o Bong Joon-Ho mencionan al español como una de sus grandes influencias. Finalmente ese Goya de Honor ha llegado, y lo recogerá el próximo 11 de febrero en una ceremonia que tendrá lugar en Sevilla.

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La Academia ha reconocido al realizador “por su extensa y personalísima aportación creativa a la historia del cine español desde fines de los años 50 hasta hoy mismo”. Su hija Anna Saura ha leído una carta del director. “He tenido suerte en la vida haciendo aquello que más me atraía: he dirigido cine, teatro, ópera y he dibujado, fotografiado y pintado toda mi vida, y espero seguir haciéndolo. Recibo con mucha alegría y agradecimiento este galardón que me otorga la Academia, a la que también quiero agradecer la gran labor que hace promoviendo y protegiendo nuestro cine y nuestra cultura, que es de las cosas más importantes que tenemos”, manifestó el director.

El reconocimiento llega después de que el director, todavía en activo y con la energía que le caracteriza, tuviera que cancelar su asistencia hace unas semanas al Festival de Cine de San Sebastián, donde tenía que presentar su nuevo documental, Las paredes hablan, un repaso a la historia del arte y a la necesidad de contar historias, desde las cuevas de Altamira a los graffitis de las calles. Ahora se desquitará sumando este reconocimiento a una carrera en la que ha dejado un puñado de obras maestras incontestables. Es, junto a Buñuel, Berlanga y Almodóvar, uno de los grandes autores de la historia del cine español.

Su debut en el largometraje con Los Golfos (1960) ya compitió por la Palma de Oro en Cannes y con su siguiente película, La caza (1966), ya mostró una de sus obsesiones temáticas, la radiografía despiadada de la burguesía franquista. Una metáfora de un país oscuro y lleno de represión donde Saura se las apañaba para burlar a la censura y entregar filmes que eran auténticos sopapos a la dictadura como Peppermint Frappé (1967), el filme con el que podría haber ganado la Palma de Oro (uno de los premios que le falta). Las manifestaciones de Mayo del 68 se cruzaron en su camino, pero él sacrificó su gloria y decidió unirse al grupo de Godard y compañía. La imagen quedó para la historia, Saura y Geraldine Chaplin colgados del telón del cine intentando que no se proyectara su propia película. La historia ha colocado Peppermint Frappé en su sitio como una de las obras maestras del cine español. Una que sigue siendo moderna y revolucionaria y donde ahora se aprecia más que antes todos los dardos a la masculinidad franquista.

En ese área temática se enmarcan otros dos de sus filmes más contundentes, Ana y los lobos y La prima Angélica, original mirada a La guerra civil, con un José Luis López Vázquez pletórico que visitaba la casa de su infancia y ofrecía una mirada sin compasión de un país donde los ganadores de la guerra habían construido su propia historia oficial. Una carrera que se podría medir en instantes únicos, esos que se cuelan siempre en los montajes de los grandes momentos del cine español y donde no puede faltar el de Ana Torrent bailando Por qué te vas, de Jeannette, en Cría Cuervos (1976), uno de sus filmes más rotundos, personales y recordados.

La llegada de la Transición y la democracia hizo que llegara a su cine otra de sus obsesiones, la música y el tipismo. En 1981 lo probó por primera vez con su versión de Bodas de sangre, con Antonio Gades y Cristina Hoyos. Y hasta se podría decir que en uno de sus grandes éxitos comerciales, Ay, Carmela, la adaptación de la novela de José Sanchís Sinisterra, se unieron sus dos grandes temas, la Memoria Histórica y el baile y la música. Fue la película que le llevó a los Goya, donde el filme ganó el premio a la Mejor dirección y la Mejor película entre los 13 cabezones que se llevó. El filme fue, hasta 2004 cuando fue superado por Mar Adentro, el más premiado de la historia. En su vertiente musical ha viajado por el Tango argentino, los fados portugueses y muchas veces por el flamenco, pero siempre dejando sus señas características, con esos espejos y contraluces que han marcado mucha puesta en escena posterior.

Yo he vivido la brutalidad de la guerra. Yo he vivido los bombardeos de Madrid, de Valencia y de Barcelona. He visto muertos en las calles. No aprendemos nunca

Saura, niño de la Guerra como contaba de nuevo en uno de sus últimos trabajos, el corto Rosa Rosae, contaba en el pasado Festival de Málaga que le preocupan los tiempos violentos que vivimos. “Yo he vivido la brutalidad de la guerra. Yo he vivido los bombardeos de Madrid, de Valencia y de Barcelona. He visto caerse una casa delante de mí, partida a la mitad. He visto muertos en las calles. No aprendemos nunca, Me gustaría que el 'no a la guerra' sea unánime”, decía entonces.

De los piropos de los cineastas de fuera siempre asegura sentirse “muy orgulloso”, pero sin darle excesiva importancia a la posteridad: “Uno no debe ser muy vanidoso. Te crees muy importante y te dicen que eres un genio, pero luego das dos pasos y piensas, 'qué imbécil soy, cómo voy a ser yo un genio'. Tampoco hay que ser excesivamente humilde, que eso te destroza, hay que encontrar el término medio”, contaba hace menos de un año.

En su cartera hay muchos proyectos pendientes y es consciente de que “desgraciadamente alguno no se va a hacer nunca”. “Soy mayor y ya me pilla mal”, decía entonces con ironía y destacaba dos películas que le gustaría poder hacer, la adaptación de su novela Esa luz y su eterno proyecto postergado, el de la vida de Picasso que siempre encuentra un nuevo problema. Ahora hay “un productor muy empeñado en hacerlo”, y ha reescrito el guion centrándolo en “la relación de Picasso y Dora Maar”. Ya el año pasado, cuando adelantaba que trabajaba en el documental sobre la historia del arte, reflexionaba sobre el tiempo y el final: “Juan Luis me dijo una de las cosas que más me ha tocado, y es que la muerte es un regalo envenenado del ser humano, porque o estás vivo o estás muerto, y eso me ha obligado a hacer una reflexión. Yo estoy vivo de momento. Respiro, y respirar es muy importante. Cada día que sale el sol digo, estoy vivo todavía, es un milagro”.

Carlos Saura calza los portones de sus ventanas con sus dos Osos de Plata que ganó en Berlín. Hay pocos premios que no estén en su casa. El director aragonés, autor de obras maestras como Cría Cuervos o La prima Angélica tiene galardones de Cannes, Berlín, un Bafta... y hasta dos premios Goya por la dirección y el guion -junto a Azcona.- de Ay, Carmela. Sin embargo, a sus 90 años, no había recibido todavía el Goya Honorífico que reconoce una de las carreras más libres, personales e influyentes del cine español. Un director cuyo legado es recordado por las generaciones posteriores y hasta por directores de fuera de España. Dos ganadores de la Palma de Oro como Julia Ducournau o Bong Joon-Ho mencionan al español como una de sus grandes influencias. Finalmente ese Goya de Honor ha llegado, y lo recogerá el próximo 11 de febrero en una ceremonia que tendrá lugar en Sevilla.

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La Academia ha reconocido al realizador “por su extensa y personalísima aportación creativa a la historia del cine español desde fines de los años 50 hasta hoy mismo”. Su hija Anna Saura ha leído una carta del director. “He tenido suerte en la vida haciendo aquello que más me atraía: he dirigido cine, teatro, ópera y he dibujado, fotografiado y pintado toda mi vida, y espero seguir haciéndolo. Recibo con mucha alegría y agradecimiento este galardón que me otorga la Academia, a la que también quiero agradecer la gran labor que hace promoviendo y protegiendo nuestro cine y nuestra cultura, que es de las cosas más importantes que tenemos”, manifestó el director.

El reconocimiento llega después de que el director, todavía en activo y con la energía que le caracteriza, tuviera que cancelar su asistencia hace unas semanas al Festival de Cine de San Sebastián, donde tenía que presentar su nuevo documental, Las paredes hablan, un repaso a la historia del arte y a la necesidad de contar historias, desde las cuevas de Altamira a los graffitis de las calles. Ahora se desquitará sumando este reconocimiento a una carrera en la que ha dejado un puñado de obras maestras incontestables. Es, junto a Buñuel, Berlanga y Almodóvar, uno de los grandes autores de la historia del cine español.

Su debut en el largometraje con Los Golfos (1960) ya compitió por la Palma de Oro en Cannes y con su siguiente película, La caza (1966), ya mostró una de sus obsesiones temáticas, la radiografía despiadada de la burguesía franquista. Una metáfora de un país oscuro y lleno de represión donde Saura se las apañaba para burlar a la censura y entregar filmes que eran auténticos sopapos a la dictadura como Peppermint Frappé (1967), el filme con el que podría haber ganado la Palma de Oro (uno de los premios que le falta). Las manifestaciones de Mayo del 68 se cruzaron en su camino, pero él sacrificó su gloria y decidió unirse al grupo de Godard y compañía. La imagen quedó para la historia, Saura y Geraldine Chaplin colgados del telón del cine intentando que no se proyectara su propia película. La historia ha colocado Peppermint Frappé en su sitio como una de las obras maestras del cine español. Una que sigue siendo moderna y revolucionaria y donde ahora se aprecia más que antes todos los dardos a la masculinidad franquista.

En ese área temática se enmarcan otros dos de sus filmes más contundentes, Ana y los lobos y La prima Angélica, original mirada a La guerra civil, con un José Luis López Vázquez pletórico que visitaba la casa de su infancia y ofrecía una mirada sin compasión de un país donde los ganadores de la guerra habían construido su propia historia oficial. Una carrera que se podría medir en instantes únicos, esos que se cuelan siempre en los montajes de los grandes momentos del cine español y donde no puede faltar el de Ana Torrent bailando Por qué te vas, de Jeannette, en Cría Cuervos (1976), uno de sus filmes más rotundos, personales y recordados.

La llegada de la Transición y la democracia hizo que llegara a su cine otra de sus obsesiones, la música y el tipismo. En 1981 lo probó por primera vez con su versión de Bodas de sangre, con Antonio Gades y Cristina Hoyos. Y hasta se podría decir que en uno de sus grandes éxitos comerciales, Ay, Carmela, la adaptación de la novela de José Sanchís Sinisterra, se unieron sus dos grandes temas, la Memoria Histórica y el baile y la música. Fue la película que le llevó a los Goya, donde el filme ganó el premio a la Mejor dirección y la Mejor película entre los 13 cabezones que se llevó. El filme fue, hasta 2004 cuando fue superado por Mar Adentro, el más premiado de la historia. En su vertiente musical ha viajado por el Tango argentino, los fados portugueses y muchas veces por el flamenco, pero siempre dejando sus señas características, con esos espejos y contraluces que han marcado mucha puesta en escena posterior.

Yo he vivido la brutalidad de la guerra. Yo he vivido los bombardeos de Madrid, de Valencia y de Barcelona. He visto muertos en las calles. No aprendemos nunca

Saura, niño de la Guerra como contaba de nuevo en uno de sus últimos trabajos, el corto Rosa Rosae, contaba en el pasado Festival de Málaga que le preocupan los tiempos violentos que vivimos. “Yo he vivido la brutalidad de la guerra. Yo he vivido los bombardeos de Madrid, de Valencia y de Barcelona. He visto caerse una casa delante de mí, partida a la mitad. He visto muertos en las calles. No aprendemos nunca, Me gustaría que el 'no a la guerra' sea unánime”, decía entonces.

De los piropos de los cineastas de fuera siempre asegura sentirse “muy orgulloso”, pero sin darle excesiva importancia a la posteridad: “Uno no debe ser muy vanidoso. Te crees muy importante y te dicen que eres un genio, pero luego das dos pasos y piensas, 'qué imbécil soy, cómo voy a ser yo un genio'. Tampoco hay que ser excesivamente humilde, que eso te destroza, hay que encontrar el término medio”, contaba hace menos de un año.

En su cartera hay muchos proyectos pendientes y es consciente de que “desgraciadamente alguno no se va a hacer nunca”. “Soy mayor y ya me pilla mal”, decía entonces con ironía y destacaba dos películas que le gustaría poder hacer, la adaptación de su novela Esa luz y su eterno proyecto postergado, el de la vida de Picasso que siempre encuentra un nuevo problema. Ahora hay “un productor muy empeñado en hacerlo”, y ha reescrito el guion centrándolo en “la relación de Picasso y Dora Maar”. Ya el año pasado, cuando adelantaba que trabajaba en el documental sobre la historia del arte, reflexionaba sobre el tiempo y el final: “Juan Luis me dijo una de las cosas que más me ha tocado, y es que la muerte es un regalo envenenado del ser humano, porque o estás vivo o estás muerto, y eso me ha obligado a hacer una reflexión. Yo estoy vivo de momento. Respiro, y respirar es muy importante. Cada día que sale el sol digo, estoy vivo todavía, es un milagro”.

Carlos Saura calza los portones de sus ventanas con sus dos Osos de Plata que ganó en Berlín. Hay pocos premios que no estén en su casa. El director aragonés, autor de obras maestras como Cría Cuervos o La prima Angélica tiene galardones de Cannes, Berlín, un Bafta... y hasta dos premios Goya por la dirección y el guion -junto a Azcona.- de Ay, Carmela. Sin embargo, a sus 90 años, no había recibido todavía el Goya Honorífico que reconoce una de las carreras más libres, personales e influyentes del cine español. Un director cuyo legado es recordado por las generaciones posteriores y hasta por directores de fuera de España. Dos ganadores de la Palma de Oro como Julia Ducournau o Bong Joon-Ho mencionan al español como una de sus grandes influencias. Finalmente ese Goya de Honor ha llegado, y lo recogerá el próximo 11 de febrero en una ceremonia que tendrá lugar en Sevilla.

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La Academia ha reconocido al realizador “por su extensa y personalísima aportación creativa a la historia del cine español desde fines de los años 50 hasta hoy mismo”. Su hija Anna Saura ha leído una carta del director. “He tenido suerte en la vida haciendo aquello que más me atraía: he dirigido cine, teatro, ópera y he dibujado, fotografiado y pintado toda mi vida, y espero seguir haciéndolo. Recibo con mucha alegría y agradecimiento este galardón que me otorga la Academia, a la que también quiero agradecer la gran labor que hace promoviendo y protegiendo nuestro cine y nuestra cultura, que es de las cosas más importantes que tenemos”, manifestó el director.