Paul Mescal, el actor taciturno que será Paul McCartney en el cine: “Pisar la alfombra roja me llena de ansiedad”
Paul Mescal llegó rompiendo el corazón de todos. Su papel en la serie Normal People, la adaptación de la novela de Sally Rooney, descubría a un actor que escondía, en un físico que recordaba a Marlon Brando —con ese rostro anguloso y una fotogenia hipnótica—, una sensibilidad extraña, atípica en una industria donde seguían entonces dominando los ejemplos de masculinidad ruda y sin fisuras. Mescal, taciturno y silencioso, se especializó en papeles de hombres apocados, que expresan más con su mirada que con sus palabras. La cima de aquella apuesta llegó con la excelente Aftersun, el debut en la dirección de Charlotte Welles que le valió la que es, de momento, su única nominación al Oscar.
Tras aquel filme, volvió a mostrar su sensibilidad en la hermosa historia queer de fantasmas Desconocidos, de Andrew Haigh, y dio su tono al héroe de Gladiator 2, que protagonizó a las órdenes de Ridley Scott y con la que dio el salto a las grandes producciones de Hollywood. La crítica ha destacado siempre su ausencia de prejuicios o miedo a que lo encasillen en historias LGTB, algo que le une con otro de los actores más prometedores de su misma generación, Josh O’Connor.
Quizás por ello había tanto interés en The History Of Sound —que acaba de llegar directamente a Sky Showtime en España—, el proyecto que les juntaba a ambos como dos amantes que, en 1920, recorren las islas de Maine buscando canciones populares para poder preservarlas para las próximas generaciones. Un filme que, por tono y trama fue comparado con Brokeback Mountain tras su paso en el Festival de Cannes, donde Paul Mescal, junto al director Oliver Hermanus, atendió a un reducido grupo de periodistas.
Entró en la sala visiblemente cansado. A la ristra de proyectos que tenía encima —entre ellos el biopic de Los Beatles donde da vida a Paul McCartney— se sumaba la promoción del filme y la rueda de prensa del propio festival, donde él mismo atajó las comparaciones del filme con Brokeback Mountain, calificándolas de “frustrantes y perezosas”. “Personalmente, no veo ningún paralelismo, salvo que pasamos un rato en una tienda de campaña. Brokeback Mountain es una película hermosa, pero aborda la idea de la represión, mientras que The History Of Sound es una celebración del amor entre estos hombres y no trata de la represión de su sexualidad”, dijo.
Con los periodistas mostró ese hipnotismo taciturno. Llegó antes de hora al encuentro y mientras esperaba a Hermanus contó lo cansado que estaba y que había probado en Cannes la mejor tarta de queso de su vida. Luego habló poco, dejó que fuera su director quien contestara para no monopolizar, como había ocurrido en la rueda de prensa, y confesó que The History Of Sound era el proyecto en el que más tiempo ha estado trabajando un personaje. Se embarcó hace cinco años y desde entonces hubo muchas idas y venidas, hasta que se encontró el puzle de financiación y las agendas cuadraron. “Si pudiera haría todas las películas de esta manera, con este tiempo, pero creo que es prácticamente imposible. Siento que la película se beneficia de eso porque me hizo sentir muy seguro de las decisiones creativas que la conforman”, comenzó diciendo.
Creo que me interesa más el silencio. Puede que sea una cuestión de gustos, pero a mí me gusta ver a los actores pensando en lugar de hablando
Era la primera vez que pisaba la Sección Oficial de Cannes, y confesaba que si hace seis o siete años, cuando todavía estaba en la escuela de teatro, le hubieran dicho que estaría ascendiendo por la alfombra roja, no se lo hubiera creído: “Si me hubieran dicho entonces que estaría en esas escaleras, subiendo por una película que encima he hecho con amigos a los que he sido leal, no lo creería. Estoy muy orgulloso de todo ello”.
Aunque también añadía que esos momentos de flashes y glamour son lo que peor lleva, menos cuando hay un proyecto como The History Of Sound. “Es curioso, porque ese tipo de momentos en la alfombra roja me llenan de ansiedad generalmente, pero recuerdo que en esta ocasión me volví hacia Oliver (el director) y le dije, 'estoy extrañamente calmado'. En momentos como este reconoces que es una celebración del cine, estar allí con estas personas a las que realmente les gusta construir una familia, y defender lo que todos amamos. Todos estamos aquí por la misma razón, porque amamos el cine. A todos nos encanta el boato, pero el cine es el centro de todo, cuando te sientas, la habitación se oscurece y el espectáculo comienza”, reflexiona.
Su personaje vuelve a ser silencioso, de esos que dicen más con la mirada que con las palabras, y Mescal asiente y reconoce que le gustan esos papeles. “Creo que me interesa más el silencio. Puede que sea una cuestión de gustos, pero a mí me gusta ver a los actores pensando en lugar de hablando. A veces es difícil, porque los personajes tienen que hablar, y no se trata de ser una persona introvertida o extrovertida. Muchos grandes personajes del cine moderno son introspectivos”, afirma.
Sabe que esta industria es “una locura, y Cannes es un muy buen ejemplo de ello”, y para tener los pies en la tierra elige trabajar con “personas que resultan familiares por sus cualidades humanas”, y cita a Charlotte Wells, Oliver Hermanus, Jessie Buckley y Josh O’Connor. “Personas que siento que son reales, del mundo real. Si uno se relaciona con ese tipo de personas es más fácil sobrellevar toda esta locura. Mi amigo el actor Fred Hechinger dijo, cuando estábamos terminando la gira de prensa de Gladiator: ‘Es hora de salir del casino. Es hora de volver a la vida real’. Porque es muy fácil dejarse llevar hablando todo el rato de uno mismo y del trabajo”, señala.
La música une The history of sound y el ambicioso proyecto de las cuatro películas de los Beatles que rueda Sam Mendes —una por cada miembro de la banda— y que le tiene escuchando música del grupo de Liverpool. “Preparaos para 2028”, dice con su sonrisa tímida y avanza que había visto escenas de Harris Dickinson y le había dejado “impresionado”. “Estamos todos muy emocionados con este proyecto”, apuntaba sin desvelar más pistas.
Sin embargo, si tuviera que quedarse con una canción, sería con September Grass, de James Taylor, porque le recuerda a su madre. “De adolescente estaba harto de escucharla. Pero hace poco la escuché fuera de ese contexto e inmediatamente tuve una relación totalmente diferente con ella porque estaba arraigada en un recuerdo. Era un recuerdo sensorial”. Seguramente dentro de poco más de un año cambie la canción y elija Strawberry Fields Forever o Let It Be, pero todavía le queda algo de tiempo hasta que el terremoto de la beatlemanía le vuelva a introducir en ese ‘casino’ al que se refería al hablar de filmes como Gladiator.
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