Entrevista Escritora

Margaryta Yakovenko: “Ahora vemos un vídeo de niños en Gaza y nos quitamos el mal sabor de boca con uno de gatitos”

“La última vez que hablé con mi abuelo me dijo: 'Nací en una guerra y moriré en una guerra'. Murió al día siguiente, el 20 de abril de 2022, en la ciudad ucraniana de Tokmak”. Cuando la periodista y escritora Margaryta Yakovenko escribió estas palabras, no pensó que acabarían siendo publicadas. Las escribió por necesidad, para gestionar el duelo que sentía, tanto por la pérdida de su abuelo, como por todo lo que estaba sucediendo –y continúa– en su país natal, del que emigró cuando tenía siete años junto a su familia para vivir en España. Hoy son las palabras con las que arranca Ocupación (Seix Barral), el libro en el que ha plasmado su historia familiar.

Su abuelo no fue un 'héroe de guerra' ni ninguno de esos 'grandes nombres' que acaban copando los relatos de los conflictos. No murió en el frente, ni por un proyectil, sino en su casa. Estaba enfermo cuando comenzó la invasión, no tuvo la oportunidad de desplazarse. Su medicación se le terminó, tampoco había médicos, terminó falleciendo. “Su muerte no fue heroica porque él no fue ningún mártir. Y a los que mueren en la cama nadie los condecora, nadie les suma a la cifra oficial de víctimas, nadie los recuerda”, escribe Yakovenko en su personalísimo libro que finalmente se ha convertido en un ejercicio de liberación para ella.

¿Cumple la literatura alguna función en tiempos de guerra?

No creo que los libros puedan parar guerras. Siempre ha habido literatura pacifista o que hablara de la crueldad tanto en las guerras como en los totalitarismos; y eso no ha impedido que haya nuevas guerras ni nuevos gobiernos totalitarios. Sí creo que este tipo de literatura hace la función de presentar a las personas que sufren o mueren en las guerras, humanizarlos de cara a los demás. Para mí es importante que las guerras no se queden en: “Hoy han muerto 50 personas en un bombardeo”. Me importa la vida de esas 50 personas, saber qué vidas tenían.

Muchas veces hablamos de gente que encumbramos, que acaba siendo famosa por no haber hecho nada especial realmente, sino por estar en el lugar adecuado, en la cultura capitalista adecuada, presumiendo de ciertos logros. No creo que sus vidas sean realmente relevantes ni aporten nada, lo que me interesan son las historias pequeñas de gente desconocida. No diría que Ocupación es una literatura combativa, pero sí de la memoria.

Cuando un país lleva mucho tiempo en guerra, cuesta recordar que en las calles que ahora vemos bombardeadas, hubo niños jugando en sus parques, como plasma en su libro.

Mi colegio se convirtió en un centro de refugiados. Me cuesta mucho pensar que las camas en las que yo dormía la siesta son las mismas en las que los niños que venían de Mariúpol pasaban miedo. Me cuesta ver que el país de mi infancia es un país que ahora está sufriendo bombardeos. Recuerdo un momento muy exacto en el que no sé si ACNUR o Manos Unidas me enviaron un mensaje diciendo “colabora con los niños hambrientos de Ucrania” y sentí un vacío por dentro. Estamos acostumbrados a ver cientos de anuncios de otros conflictos, pero cuando los niños que te están poniendo en la tele son iguales a como eras tú de pequeña, hay una especie de disonancia entre el país que tienes en tu memoria y el que ves en la tele, que está destrozado. No es el sitio en el que crecí.

Y eso que no se muestran imágenes de todo.

No. Al principio de la guerra de Ucrania había mucho más contenido que ahora. También las políticas han cambiado.

Asusta que hayamos hasta podido normalizar ver determinadas imágenes.

Sí. Pasó en la pandemia. Cada día morían miles de personas y escuchábamos a Pablo Simón, pero nos acabó dando igual. Acabas normalizando, quieres seguir con tu vida. Incluso pasa entre las víctimas de la guerra. En Ucrania hay muchas zonas que no están en el frente que tienen que intentar tener una vida normal porque es imposible estar en un estado de decepción cuatro años seguidos. Con el acceso a la información que tenemos ahora, cualquier guerra de cualquier sitio es como si estuviera en la calle de al lado. Y esa cercanía al mismo tiempo nos anestesia.

Con el acceso a la información que tenemos ahora, cualquier guerra de cualquier sitio es como si estuviera en la calle de al lado. Y esa cercanía al mismo tiempo nos anestesia

Es curioso que algo que debería ser bueno en cuanto a mayor acceso, tenga a su vez su cara B, no tan positiva.

Sí. Tú estás viendo en Instagram un vídeo de recetas, la influencer que se prueba un bolso, un corte de pelo, y luego de pronto los niños de Gaza. Y qué te paras, ¿diez segundos? Y sigues con lo que estabas y te quitas el mal sabor de boca con un vídeo de gatitos. Eso hace que te conviertas en un sujeto absolutamente pasivo.

El hecho de que los conflictos estén obligando a que tantas personas no puedan vivir en el lugar en el que nacieron, ¿está cambiando el concepto de identidad?

Sí. Ece Temelkuran, que se fue hace diez años de Turquía por el totalitarismo de Erdogan, habla en La nación de los extraños de que cada vez vamos a ser más los que perdamos nuestro hogar. Puede ser por un gobierno en el que ya no te sientes reconocida. Imagina que en España gana la extrema derecha, a lo mejor en unos años la gente como yo nos tenemos que ir de aquí. Y no tienen por qué ser personas de origen extranjero. Ella tiene la teoría de que realmente todos estamos en riesgo de perder nuestra casa y hogar, aunque sea de forma metafórica, pero en el caso de los desplazados por conflicto es completamente literal.

La diferencia que veo es que mis padres tuvieron la opción de elegir irnos, pero ahora veo a mis primos que han venido como refugiados y su concepción de casa es muy diferente. Nosotros aceptamos muy pronto que España era el nuevo país en el que íbamos a vivir, ellos siguen pensando que volverán a casa. El abismo que se abre en la identidad de una persona es total cuando te ves obligado a irte, no cuando tomas la decisión de irte.

Usted no pudo enterrar a su abuelo ni podrá visitar su tumba. El poder enterrar a los familiares muertos es algo que en España sigue generando conflicto. ¿Debería ser más sencillo que hubiera consenso en torno a esto?

Sí. Los ritos son básicos para poder situarte en el mundo y para seguir manteniendo nuestra humanidad. En el momento en el que te los arrebatan, es muy complicado comprender que esa persona está muerta. La forma en la que se han creado los ritos funerarios tienen un sentido, que transites el duelo de la mejor forma posible. No es tanto por los muertos ni por hacerles una ceremonia; se hace por los vivos, para que se puedan despedir, sientan que lo están haciendo. No cumplir con los pasos del ritual, y sobre todo no hacerlo no porque tú no puedas, sino porque no te dejen, crea una sensación de irrealidad. Y enfado porque, ¿qué derecho tiene otra persona de impedirte despedirte de tus seres queridos?

¿Es optimista respecto a la situación? ¿Cree que podrá volver a su ciudad en algún momento?

No soy una persona especialmente optimista, ni creo que vaya a ocurrir un fin pronto. Ojalá poder verlo. Ojalá mi padre lo pueda ver. Ahora mismo todas las opciones de diálogo que había, que eran absurdas pero estaban sobre la mesa, ya no lo están. Trump no está para dialogar con absolutamente nadie porque está enfocado en su propio desastre en Irán. Mientras el régimen que hay en Rusia no cambie, no creo que la guerra de Ucrania vaya a terminar. Es la única forma que tienen de justificar su presencia en el gobierno en Rusia. Mientras Putin siga vivo, porque seguirá en el gobierno hasta que se muera, el conflicto en Ucrania seguirá, y la zona ocupada seguirá ocupada.

Es cuanto menos llamativo cómo las personas que tienen ese poder se agarran a él, con total impunidad.

Tú puedes matar, saquear, violar a gente y seguir siendo presidente de un país. Me produce mucha incomprensión porque prueba tú, ser humano normal y corriente. Sal a la calle y mata a alguien, acabarás evidentemente en la cárcel; pero si lo hace un presidente de un país, ¿encima nos queremos sentar a negociar con él? ¿Por qué este doble rasero? Hay muchas cosas que sigo sin comprender. No sé si soy muy naif, pero no las comprendo.

Nos han hecho pensar que somos meros consumidores y no agentes políticos, y un consumidor solo puede hacer boicot a un producto que no quiere comprar

Pienso en otros perfiles como Isabel Díaz Ayuso, que independientemente de cómo actuara en la pandemia, el escándalo con las mascarillas, ahí sigue.

Los totalitarismos como el de Rusia ahora mismo, no pasan de la noche a la mañana. Tardan décadas en ocurrir hasta que es demasiado tarde. Y sobre todo tarda décadas porque durante todos esos años, nosotros no hacemos nada. Las cosas empiezan así, a veces con bulos, a veces probándonos a ver hasta dónde aguantamos sin quejarnos y creo que en Europa llevamos bastantes años viendo cosas que no deberían estar ocurriendo. Y seguimos estando impasibles. Eso es lo que más miedo me da porque tiene que estallar por algún sitio, y lo normal es que estalle en forma de gobiernos que al final nos acabamos mereciendo por no haber hecho nada.

Pero en esto sí estoy optimista, creo que todavía hay cosas que nosotros podemos parar. Si confiáramos un poco más en que tenemos poder político, las cosas cambiarían. Lo tenemos, pero nos han hecho pensar que somos meros consumidores y que no somos agentes políticos. Y un consumidor solo tiene derecho a hacer boicot a un producto que no quiere comprar.