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Entrevista

Mary Beard: “Pensar que cualquier tiempo pasado fue mejor es absurdo, siempre fue peor”

“Se puede obtener más de los clásicos si uno los venera menos. Asombro, sorpresa, placer, perplejidad e incluso repulsión, sí. Veneración y gratitud, no”, defiende la historiadora Mary Beard en su nuevo libro, Clásicos sin filtro. El impacto del mundo antiguo (Planeta), en el que reflexiona sobre por qué los clásicos siguen tan presentes hoy en día.

La clasicista británica es una de las mayores expertas y divulgadoras sobre la Antigüedad del mundo. Catedrática de Lenguas Clásicas en la Universidad de Cambridge y profesora de literatura antigua en la Royal Academy of Arts; es autora de títulos de referencia y bestsellers como Pompeya, SPQR. La historia de la antigua Roma y Mujeres y poder.

Beard ahonda en su nuevo ensayo en cuestiones como el papel de las humanidades, que defiende que no consiste en “hacernos sentir bien, sino pensar más”; y la apropiación por parte de diferentes ideologías de las antiguas Roma y Grecia. “La extrema derecha no ha tenido el monopolio”, sostiene.

¿Por qué siguen importando tanto los clásicos?

Por muchos motivos. En gran parte porque los romanos siguen estando presentes a nuestro alrededor. Son parte de una historia que, si vives en España por ejemplo, es hasta difícil no ver.

También tiene que ver con la curiosidad por saber de dónde venimos y quién estaba aquí antes que nosotros. Y hay motivos más intelectuales, como que durante siglos nos han proporcionado un lenguaje para poder hablar sobre política, sobre lo que significa ser un ser humano. Puedes ignorarlo por completo si quieres, pero si te fijas, algunos problemas que tenemos ahora ya estaban definidos en la Roma y Grecia antiguas.

¿Es fácil mirar al pasado sin idealizarlo, romantizarlo ni caer en la nostalgia de pensar que “cualquier tiempo pasado fue mejor”?

Es que eso es absurdo. Yo diría justo lo contrario, que todo tiempo pasado es peor en ciertos aspectos. A mí no me gustaría ser una mujer en cualquier tiempo. Tampoco importa mucho si la gente lo idealiza, porque no le va a llevar muy lejos. Lo que sí nos muestra son diferentes maneras de argumentar, da luz para ver las cosas, desafíos, nos hace preguntas, y nos hace más complejos.

Habla de la importancia de lo cotidiano, lo que pasa en las cocinas, en las calles, pero la historia en mayúsculas que nos han contado está más bien copada por grandes gestas, ¿es fácil ir más allá?

Cuando como alumna estudiaba la vida de las mujeres o de la gente común, de a pie, nos decían que no había ningún tipo de evidencia para hacerlo. Había muchos datos de Julio César, pero no de los esclavos comunes, y hasta cierto punto eso es verdad.

Lo que ahora llamamos grandes obras de la literatura griega y romana no fueron escritas por mujeres o esclavos ordinarios, pero si algo he descubierto a lo largo de mi carrera es que cuando la gente dice que no hay evidencia sobre alguien, lo que a menudo se está diciendo es que no se ha buscado lo suficiente. De la gente de a pie hay información, por ejemplo, en lo que se escribía en sus tumbas. Se ha escrito de esta manera sobre el mundo antiguo porque los autores han sido hombres dirigentes blancos, y en ciertos modos es así, pero en otros no. Yo hice todo un grado universitario en Cambridge en el que las mujeres no aparecían, y eso ha cambiado.

Lo que ahora llamamos grandes obras de la literatura griega y romana no fueron escritas por mujeres o esclavos ordinarios, pero si algo he descubierto a lo largo de mi carrera es que se dice que no hay evidencias sobre algo, lo que se está diciendo es que no se ha buscado lo suficiente

En el libro recuerda que cuando usted era pequeña los museos no pensaban mucho en los niños, ¿ha cambiado esta situación? ¿Qué más deberían cambiar?

Los museos siempre tienen que cambiar porque nos pertenecen. La sociedad, nuestras aspiraciones, opiniones y gustos cambian, y los museos nunca aciertan. Nunca va a haber un momento en el que digamos “ese museo es absolutamente perfecto”, pero ahora hacen muchas cosas que antes no, como hablar con los niños u organizar noches para que se queden a dormir dentro.

También hay diferentes problemas, como cuestiones sobre la propiedad intelectual que parecen no resolverse nunca. Pero hay que ser cauteloso con el hecho de que creo que se adaptan mucho más a las necesidades y las preguntas que nos queremos hacer, y tampoco es que antes fueran terribles. Vamos desarrollando los museos en función de lo que queremos debatir y no todos consiguen actualizarse, pero la gran mayoría que yo conozco están haciendo un trabajo increíble, y con muy poco presupuesto.

Sostiene que el pasado no le pertenece ni a la derecha ni a la izquierda, pero sí que el mundo clásico parece estar más asociado a la extrema derecha, ¿por qué han conseguido apropiárselo?

Si te fijas en los últimos 200 o 500 años, no hay duda de que una parte de la extrema derecha ha intentado apropiarse del mundo clásico para sí mismos. Se vio con quienes asaltaron al Capitolio el 6 de enero de 2021, el propio Mussolini se pensaba como el nuevo Augusto, el Imperio Británico se veía a menudo a sí mismo como heredero directo del Imperio Romano... Y todo eso es cierto, pero nunca ha habido un monopolio por parte de la derecha. También hay historia de la apropiación del pasado por parte de la izquierda.

Intentar hacerse con el derecho del mundo clásico le quita el componente del debate. ¿Para qué existen los clásicos? Precisamente para que no estemos de acuerdo en las cosas. Mi ideología es opuesta a la extrema derecha, pero no me corresponde a mí decirles que no tienen permiso para hablar de los clásicos.

Mi ideología es opuesta a la extrema derecha pero no me corresponde a mí decirles que no tienen permiso para hablar de los clásicos

¿Cómo valora el estado actual de los estudios de humanidades? ¿Le preocupa que vaya a haber gente que no siga sus pasos?

Sí. Estamos en un momento bastante malo para las humanidades, y hay una falta de reconocimiento a nivel gubernamental de que las humanidades no son simplemente una cosa bonita. Lo que enseñan es esencial. Tiene que ver con cómo aprendemos a ser un ser humano en este mundo y entender las visiones de otras personas cuando no son las mismas que las tuyas.

¿Dónde está hoy en día el debate político? Si te metes en redes sociales, la gente parece tener muy poco interés en pensar de otra manera o tener otra ideología. A esto se aprende leyendo, estudiando otras culturas. Las humanidades son brillantes y prácticamente las únicas que lo enseñan, esto no se aprende desde la física nuclear.

Y aun así sigue pareciendo que es más importante.

Sí, y por eso tenemos que resistir. En Reino Unido la gente defiende las humanidades por motivos de bienestar, alegando que son agradables, que leer una novela es bueno para el alma. A veces sí, pero para mí leer a Kafka o escuchar a Wagner me ha resultado tremendamente incómodo. Las humanidades no están para hacernos bien, están para hacernos pensar más.

Las humanidades no están para hacernos bien, están para hacernos pensar más.

Tanto en Grecia como en Roma ya había representaciones del cuerpo femenino, destaca a la estatua de Afrodita de Praxíteles, ¿se ha explorado poco cuánto arrastramos de esta época en cuanto a cómo tenemos que ser representadas las mujeres?

Empieza a ser explorado ahora. De cara al libro pensé que habría una manera de abordar el estándar de la figura del cuerpo femenino desnudo, que en cierto modo cuando la gente piensa en él dentro de los museos, lo trata como algo muy interesante. Se dice “oh, otra Venus”, “otra Afrodita”, “otro desnudo femenino más”, cuando en realidad una de las cosas más fascinantes es que en el siglo IV a. C. esa representación del cuerpo femenino así era chocante y desafiante.

¿Cómo podemos imaginarnos el sentir ese shock hoy en día? Me gustaría conseguir que la gente dejara de pensar que los clásicos son muy admirables pero un poco aburridos.

¿Que haya más estudios sobre la representación del cuerpo femenino tiene que ver con que haya más mujeres historiadoras?

Sí. Cuando la gente habla de atraer más gente hacia los clásicos tiene que ver con la justicia. Era injusto excluir a las mujeres de estos estudios, y es muy bueno para la materia en sí, que se vuelven mucho más interesantes cuando incorporan diferentes perspectivas y puntos de vista, de mujeres, de distintas razas.

Usted ha pasado muchos años siendo la única mujer en su entorno, empezando por el académico cuando estudió, y que incluso le costó tiempo entender que era una voz autorizada por haber estado siempre rodeada de compañeros hombres.

Es muy complicado porque es verdad que muchas veces era la única mujer en los departamentos en los que trabajaba. Era raro y me aislaba, a pesar de que mis compañeros siempre me apoyaron mucho. No podría decir que fue terrible, pero sí extraño. Trabajar con 27 hombres implicaba saber que harían comentarios con los que no ibas a estar de acuerdo y resultarían irritantes.

Es un alivio y me alegra mucho poder decir que desde mi época hay cada vez más mujeres trabajando en los clásicos. También pienso que es un problema que las mujeres que tienen éxito se olviden a veces de a las que se les dificultó el acceso a este mundo. Tendemos a tener la historia de la gente que sí lo consiguió, hay que ser conscientes de que por cada mujer como yo, hubo diez a las que se les negó el acceso.