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Entrevista

Fatboy Slim, el dj que se enfrentó al fascismo con discos y altavoces: “Fue un día precioso que me devolvió la fe”

Fatboy Slim en el Heartland Festival de 2023

Francisco Gámiz

9 de octubre de 2026 22:40 h

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“Más disco, menos fascismo”. Así ha sido el lema que ha acompañado gran parte de la carrera de Norman Quentin Cook (Londres, 1963). El artista venido del pop pulcro y educado, conquistó la pista de baile como una celebración de la vida, bajo el nombre de Fatboy Slim. Tras superar sus problemas con el alcohol hace más de 15 años, el británico se ha reinventado para subir al escenario y se alimenta de la pasión de su público.

Fatboy Slim acompaña sus actuaciones de un mensaje que recalca que la música permite ahogar el racismo y la intolerancia “con amor”. De hecho, el productor dio sus primeros pasos en los 80 con The Housemartins, una banda de origen obrero cuyas letras atacaban a la clase dominante británica, al Gobierno conservador de Margaret Thatcher y a las desigualdades económicas del momento.

Después de haber bloqueado una marcha de extrema derecha en su ciudad a base de altavoces y bailes pacíficos, el músico se prepara para su próxima cita en España. Tendrá lugar este sábado 10 de octubre en Madrid, donde encabezará la fiesta LOOP en la sala Fabrik cuatro años después de su última visita. En este set especial de tres horas, el DJ recorrerá distintas etapas de una carrera marcada por temas como Right Here, Right Now, Praise You o The Rockafeller Skank, invitando a mirarnos a los ojos en lugar de convertirnos en esclavos de la cámara del móvil.

Después de haber recorrido todo el mundo, ¿qué tiene de especial la energía de los españoles?

He dado un montón de conciertos increíbles en Madrid. Me encanta la ciudad, así que tengo muchísimas ganas de que llegue. Hay algo que llamamos “sangre latina”. Los españoles son muy apasionados, muy expresivos y les encanta celebrar. Ya sea por alguna festividad católica, el fútbol o, sobre todo, la música. Parece que todos sentimos lo mismo: que la música es una forma de unirnos y celebrar la vida. Cada país es diferente, a veces solo de forma muy sutil. La música tiene un papel distinto en diferentes sociedades, pero la gente que más me gusta es aquella para la que la música forma parte de la celebración de la vida. Sin embargo, no siempre es igual.

Lleva más de 15 años sin tocar el alcohol. ¿Ha sido difícil este proceso?

Cuando dejé de beber por primera vez, tenía mucho miedo y pensaba en cómo iba a salir todo esto. Ese miedo escénico que nunca antes había sentido me invadió de golpe, pero después de dos o tres conciertos, encontré mi nueva personalidad. La cuestión es que obtengo mi energía del público; en cuanto empiezo, si me devuelven algo, me emociona, lo que a su vez les emociona aún más a ellos. Si me vieras 20 minutos antes de salir al escenario, estaría sentado pensando: “Dios mío, son las tres de la madrugada, ¿cómo voy a hacerlo?”. Pero en cuanto subo, el público me da energía. Además, la emoción de la música a todo volumen y las luces intermitentes me embriagan un poco, haciéndome entrar en un estado de excitación que es como estar borracho, pero sin la resaca.

Ha mencionado antes que le entristece ver a gente en la pista centrada en grabar videos. ¿La presión de las redes sociales nos quita la libertad de ser nosotros mismos?

No son las redes sociales en su conjunto, sino solo algunas partes de ellas. Todo el mundo debería poder grabar; hay quien prohíbe los móviles y las cámaras en los conciertos, pero yo no estoy a favor de eso. Yo recomendaría grabar un vídeo corto, solo como recuerdo para ti o para presumir ante tus amigos. Uso las redes sociales todo el tiempo y, en su mayor parte, son bastante seguras. Pero no te estropees la noche por convertirte en esclavo de tu cámara.

¿Tiene buena relación con la tecnología?

Soy de los que tardan en adaptarse. Tardé mucho en usar los CD porque me gusta el vinilo, y tardé en usar las memorias USB porque me gustan los CD. Siempre les doy un par de años para asegurarme de que no son una simple moda pasajera. Intenté evitar las redes sociales porque tengo una personalidad adictiva y pensaba que eran un agujero negro en el que no quería meterme a menos que fuera necesario. Pero ahora las uso y la verdad es que lo disfruto mucho: hablo con la gente que viene a los conciertos, recibo comentarios y puedo hacer tonterías que hacen reír. Como toda la tecnología, es algo fantástico en buenas manos.

¿Y acabará estando en malas manos, si no lo está ya?

Es muy probable, por el rumbo que está tomando la inteligencia artificial, que algún día decidan que somos prescindibles e ineficientes. Espero que no. Seguimos siendo seres humanos y, mientras sigamos controlándola, seguirá teniendo esa humanidad y trabajando para nosotros. La tecnología facilita el pago del aparcamiento o te permite ver el programa de televisión que quieras a cualquier hora del día sin esperar a que lo emitan. Pero en cuanto a la parte artificial, mi única preocupación es que las máquinas decidan que son más inteligentes y útiles que nosotros.

En 2002, reunió a mucha gente de forma gratuita en Brighton Beach. ¿Ha dejado la música de ser para todo el mundo?

Parece que cuanto más famoso es el artista, más pagas, lo cual es raro porque los artistas más famosos ya no necesitan el dinero. Si hay gente que no se lo puede permitir, va a clubes o conciertos más pequeños. Nunca ha sido tan fácil disfrutar de la música, ya que puedes escucharla en streaming gratis. Cuando era joven, si te gustaba mucho un disco, tenías que ahorrar durante dos semanas para comprarlo. Si la gente realmente piensa que la música se ha encarecido demasiado, dejará de ir y los precios tendrán que bajar. Mis inclinaciones socialistas me dicen que no puedo entender por qué los artistas más grandes cobran más que los pequeños; debería ser al revés.

¿Entonces es mejor la industria musical de ahora que la de antes?

No necesariamente. Quizá sea solo porque soy mayor, pero creo que la música de los años 70 y 80 era mejor que la de ahora.

La razón por la que hay pobreza no es la inmigración, es nuestra economía

Fatboy Slim — DJ y productor

Empezó en la banda de izquierdas The Housemartins y, a lo largo de los años, ha seguido teniendo un marcado compromiso político y social. ¿Cree que ahora es más importante que nunca?

Por supuesto que sí. No creo que la música dance haya tenido nunca una agenda política en el sentido en que la tiene el rock, donde hay gente que busca cambiar el mundo. Pero como ser humano, no puedo ignorar las cosas malas que están pasando; no se trata tanto de ser socialista, sino de ver cómo ciertas personas destruyen nuestro planeta o difunden el odio y la división. La música siempre ha unido a la gente generando un sentimiento de amor y conexión, y prefiero explorar la forma en que nos conecta para permitirnos ver nuestras similitudes.

Hace unos meses, instaló su equipo en plena calle, frente a la estación de tren de Brighton, para tocar música de forma improvisada ante miles de vecinos que habían salido a impedir una manifestación de extrema derecha.

Iba a la manifestación de todos modos porque es mi ciudad, y habíamos oído que muchos fascistas racistas iban a invadirla. Pensamos que teníamos que detenerlos y, como Brighton es Brighton, nuestra mejor forma de hacerlo fue montar una fiesta delante de ellos. Mientras se reunían en la estación de tren para marchar, los rodeamos con una fiesta para que no pudieran ir a ningún sitio ni atravesarnos, algo que la policía tampoco les permitió. Fue un día precioso que me devolvió la fe en mi ciudad, ya que superamos en número a los racistas en una proporción de 50 a 1. Les mostramos amor, les demostramos cómo se ven la unión y la hermandad, y les dejamos claro que no queríamos que difundieran odio.

La ultraderecha está creciendo en todo el mundo. ¿Se puede combatir esta ola de intolerancia?

Tenemos que plantar cara a quienes siembran el odio y la división, ahogándolos con amor y unidad. Toda mi generación creció con bandas que nos encantaban, como The Clash, Tom Robinson o Steel Pulse, que nos enseñaron que no se puede odiar a alguien solo por el color de su piel. Nos atraían con la música y nos transmitían un mensaje contundente. Hay que centrarse en explorar las similitudes entre nosotros en lugar de enfadarnos por las diferencias. Es muy importante ahora mismo porque este país y muchos otros de Europa y Sudamérica se están volviendo muy racistas, y depende de gente como yo hacer lo que podamos para difundir este mensaje.

Son tiempos difíciles.

Es erróneo odiar a tus semejantes. En este país, culpan a los inmigrantes y dicen que la razón por la que la gente es pobre es por ellos. Pero la razón por la que hay pobreza no es la inmigración, es nuestra economía y el hecho de que tenemos muchos otros problemas. Se trata simplemente de acabar con ese mensaje que dice que todo lo que va mal en tu vida se debe a la gente que llega en barcos cruzando el mar. Es la mayor mentira que existe y es bastante fácil desenmascararla.

Sus hijos pertenecen a una generación implicada con los problemas sociales. ¿Le da motivos para mantener la esperanza en el futuro?

Tengo dos hijos, y mi hija de 16 años se ha criado en esta generación; aunque se ha pasado la mitad de su vida haciendo bailes de TikTok, es una persona muy completa a la que le importa la gente. Se preocupa por sus amigos y, en medio de toda esta locura de TikTok, hay amor. Ella siempre me está corrigiendo; como vivo en Brighton tengo muchos amigos gays y a veces usamos apodos, pero ella me dice que no se pueden usar esos términos para referirse a ellos. Yo le digo que mis amigos lo hacen y no pasa nada, pero ella insiste en que no se debe. El hecho de que te hayas pasado la mitad de tu vida viendo tutoriales de maquillaje no significa que no te importen las cosas importantes de la vida.

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