Entrevista
Kiko Veneno: “El yoísmo como salvación es un fracaso de la sociedad que no estoy dispuesto a aceptar”
Kiko Veneno (Figueres, 74 años) ha aprendido a hablar con la naturaleza. El músico quiere sentarse delante de un árbol y preguntarle cómo ha dormido, qué edad tiene o cuáles son sus expectativas vitales. Después, él mismo responderá en su nombre, como si el árbol pudiera conversar con él. No se trata únicamente de una ocurrencia. “Nosotros somos la naturaleza”, declara el artista, que considera que nos estamos alejando de aquello que realmente nos conecta con la vida para convertirnos en esclavos de las macrociudades.
Con esa misma voluntad de ir a contracorriente, el cantante publica Precisamente, un disco con el que busca combatir unos tiempos que considera “siniestros”. Lo hace, además, con esperanza, pues el autor de Veneno (1977) regresa a la rumba que tanto le ha caracterizado en el pasado para hacer un disco “alegre y luminoso”. Se trata de un proyecto que ha sido producido por Bronquio y que contiene colaboraciones con Estopa y Miquel Barceló, autor de la portada y cuya voz también aparece en una de las canciones.
Su manera de entender la música y la vida también le lleva a cuestionar una sociedad cada vez más individualista, en la que se desprecia la cultura y se relega a quienes viven de ella a una situación de precariedad. No se deja seducir por la fascinación tecnológica y desconfía de una inteligencia artificial puesta al servicio de los intereses económicos de unos pocos. Frente a la idea de que las máquinas puedan sustituir a las personas, Kiko Veneno reivindica algo mucho más sencillo: volver a reconocernos como parte del medio ambiente.
A sus 74 años no deja de dar conciertos. ¿Qué le da la música que le hace mantenerse tan activo?
La música es un gran bien social para el mundo. Todo el mundo, de una forma u otra, la necesita. También es un bien esencialmente público, como el agua o el aire, aunque esté privatizada en partes. Por tanto, es algo que nos comunica unos con otros y nos une.
¿Qué debe suceder para que quiera sacar un nuevo disco?
Sacaría dos o tres discos nuevos al año. Si tuviera mercado y gente que lo pudiera y quisiera comprar, lo haría.
Por lo que publica Precisamente.
Como no puedo hacer tres o cuatro discos al año, que es lo que me gustaría, hago uno cada tres o cuatro años. Tocaba hacer un disco ya después del último, que fue Hambre, y hemos tenido un encuentro muy interesante con nuestro mánager, Carlos Mariño, la compañía, el productor El Bronquio y también Raúl de la Mina, para darle un contenido en contra de los tiempos. Los tiempos van de siniestros y nosotros queremos hacer un disco para contrarrestar; un disco alegre, con luz, luminoso. Ese ha sido el planteamiento y lo hemos cumplido bien.
Vuelve a la rumba, pero siempre ha mezclado muchos géneros.
Es mi modo de ver la música: ofrecer siempre una variedad de alternativas. Yo pertenezco a la generación pop, que es la generación de los 60 y los 70, la de los Beatles. Lo que más me gustaba de ellos, aparte de las canciones tan preciosas que hacían y lo bien que tocaban, era que podían hacer cualquier estilo. Hacían un vals, una canción psicodélica, rock progresivo, una canción estilo india o una balada romántica francesa. La grandeza del pop y de la revolución de la clase obrera que se expresa a través de chavales jóvenes como los Beatles y los Rolling era poder ofrecer esa variedad. No supeditarse necesariamente al estilo que se les daba mejor para no desconcertar tanto a la gente.
¿La guitarra le ayuda a sentirse menos solo?
La guitarra no es el instrumento que acompaña mi soledad, es el instrumento que la rompe. A partir de aprender solo en tu casa a utilizarla, te permite conectar con los demás, porque te reúnes con los amigos, cogéis la guitarra y empiezan a sonar canciones. La soledad está en enfocar la vida en una sola dirección: meter a la gente en grandes ciudades, poner la tecnología como lo más importante, no dejar opciones como lo rural, la naturaleza, la filosofía, la humildad, el compañerismo o la familia. La unidireccionalidad es un carácter del capitalismo avanzado y monopolista. Crear ciudades de 40 millones de habitantes es crear ciudades de gente solitaria.
Las líneas económicas donde el dinero renta están en la macrociudad y la supertecnología; en abandonar, despreciar, negar y ocultar la naturaleza. La naturaleza es lo que te conecta con la vida y con las demás personas; te sientes copartícipe, como un río de agua, y estás en la tierra con los árboles y las piedras. En el momento en que estás en un sitio donde solo ves casas, cemento y hormigón, te alejas del significado verdadero de la vida, trabajando mucho y conduciendo a un pozo de soledad.
En el disco aborda el amor como resistencia. ¿Es la solución en tiempos de polarización?
El amor es una respuesta al horror. Hay dos respuestas al horror: el amor y el humor. Las dos son muy válidas, pero el amor es más completa. La polarización es una cosa que se han inventado los ideólogos que nos mantienen en la miseria, un concepto vano que no implica nada. El concepto real es la soledad, el desprecio de la vida humana, la deshumanización, convertir a la gente en mercancías y despreciar lo más profundo y sagrado que tiene el ser humano. Eso es lo que me preocupa, pero la polarización no deja de ser un concepto publicitario en manos de cuatro ideólogos.
En el pasado tuvo dificultad para vivir de la música. ¿Qué le enseñó esa etapa?
Mucha gente dice ahora que la mayor parte de los músicos tienen que pagar por tocar o no pueden vivir de la música, pero esto lo decía yo hace 50 años. En Sevilla, por ejemplo, viven de la música en el flamenco una docena o treintena de personas. Me pareció que se estaba relegando a la cultura a un sitio donde pudiera ser dominada y despreciada convenientemente. La cultura y el arte dan mucha esperanza a la gente así que no conviene que sea así, vaya que la gente se crea que la vida es para disfrutarla. Preferían enseñarnos que la vida es, sobre todo, para trabajar, para consumir y para putear al vecino, aunque ahora la gente es más consciente de eso.
¿Teme lo que pueda pasarle a la cultura después de las elecciones del 29N?
Totalmente, pero toda partida tiene su contrapartida. La gente que ama la cultura y el arte no se va a rendir porque vengan cuatro monigotes a decir pamplinas; todo lo contrario, eso le va a dar más fuerza y energía. Hitler era un mamarracho, un déspota y un genocida, pero El gran dictador de Chaplin es un gran canto a la humanidad y a la esperanza que no hubiera sido posible sin el mamarracho de Hitler. Tengo mucha fe en el corazón humano y en que la gente necesita de verdad el arte y la cultura, porque es la forma más bonita y positiva que tenemos de comunicarnos y compartir el mundo, y lo que estamos viviendo ahora parece un plan perverso de una película de malos.
Si hubiéramos cuidado más la cultura, ¿tal vez no estaría sucediendo el auge de la ultraderecha?
Piénsalo al revés. Si la gente que domina el mundo a través del dinero y la guerra quiere dominar y que el dinero se siga reproduciendo de forma vertiginosa, no les interesa para nada el arte y la cultura.
¿Cómo pueden partidos políticos como Vox tener tanto éxito entre los jóvenes?
Hay dos factores. Lo primero, la ignorancia. Esta gente joven son una minoría, pero es una minoría muy expresiva donde la vitalidad de la juventud se une con la ignorancia, y eso es una bomba. No han tenido educación, sus padres trabajaban todo el día y se han criado con lo primero que han encontrado en internet. Esto ha sido lo que les ha parecido más llamativo para manifestar una personalidad prominente, y se han agarrado a ello. Después, la incapacidad de la socialdemocracia desde hace 50 años. En el momento en que los partidos de izquierda se relajan pensando que ya tienen al capitalismo comprometido con una vida digna, se equivocan, porque el capitalismo es un monstruo voraz e insaciable.
¿Le da esperanza la izquierda actual?
Poquísima. Me da esperanza la gente, pero la izquierda actual, nada. El espectáculo que han dado cuando Rufián propuso su plan... Fue como si dijera: “Si todo el mundo da un paso atrás y es capaz de organizar una muralla unida de izquierdas de verdad, a través de los grupos territoriales, yo seré vuestro candidato”. Fue un poco petulante por su parte, pero era muy real. Lo que pasa es que, como le pasó a Jesucristo, los discípulos lo vendieron a los romanos y lo crucificaron.
¿No es sorprendente que ahora la música sea más accesible, pero a costa de precarizar todavía más a los músicos?
Tiene lógica porque la música es muy poderosa. El sistema la utiliza para hacer feliz a la gente en sus múltiples variedades y para pagar lo menos posible. La operación es perfecta: meto música de consumo y en los supermercados, música techno para bailar con las pastillas o música indie en festivales de verano. Cubren todos los aspectos con poquísimos costes. El negocio es redondo. No es tan bueno como el de la guerra, pero es un buen negocio para ellos.
¿Siente que este individualismo tan feroz es una batalla perdida?
Cuando estás solo, ¿qué es lo que te puede defender? Yo, yo y yo es lo primero. Como no hay un espíritu colectivo para compartir y satisfacer tus necesidades de comunicación y de ser feliz, te ofrecen la salvación del yoísmo. De ahí vienen los libros de autoayuda. La autoayuda llega cuando la sociedad no es capaz de darte ninguna ayuda, y eso es tristísimo. Aceptar la autoayuda es aceptar el fracaso de la sociedad, aceptar que el yo es lo más importante y que la vida es una mierda, y yo no estoy dispuesto a aceptar eso. Aceptar que la inteligencia artificial es más inteligente que la natural es aceptar que la inteligencia natural no es suficiente para vivir, y eso tampoco estoy dispuesto a aceptarlo.
Se acerca el 50 aniversario de Veneno y La leyenda del tiempo. Ahora son álbumes icónicos. ¿Cómo hace para que no se le suba a la cabeza?
Entonces no tenía zona de confort y estaba aprendiendo a vivir. De pronto me vi haciendo canciones con Raimundo Amador, que era un guitarrista flamenco que tocaba divinamente y que empezó a tocar cosas fuera de la tradición flamenca, lo cual fue extraordinario. Eso me dio el amor por mi profesión, y me indicó que ahí es donde iba a poder hacer algo importante en la vida. Tampoco te dan 100.000 euros cada mes por celebrar esa efeméride. La alegría es nuestra. Cuando hago una canción, más contento no puedo estar; la mejor satisfacción la tuve el día que la hice. Me alegra mucho que alegre la vida de la gente, y con eso me doy por superpagado, pero ya me di por superpagado el día que la hice.