Día 2. Tormenta nocturna y sin balsas detectadas
Amanecemos en el Open Arms tras una noche de intensa tormenta. A las 6 de la mañana, una carpa situada en la popa del barco de rescate se ha descolgado, obligando a muchos voluntarios a despertarse y correr a agarrarla para tratar de colocarla en su sitio.
De las 1.020 personas detectadas este domingo por el centro de coordinación de salvamento de Roma, 948 fueron devueltas por los guardacostas libios, según han comunicado sus autoridades. También aseguran haber hallado 10 cadáveres. La operación de salvamento, de la que Italia se desentendió, no finalizó con la norma básica de cualquier rescate: desembarcar en puerto seguro. Las vulneraciones de derechos humanos sobre la población migrante en Libia son constantes.
No se sabe nada de las más de 70 personas que, atendiendo a las cifras libias (que no han sido confirmadas por el centro de salvamento de Roma), continuarían desaparecidas. La fuerte tormenta de esta noche hace sospechar lo peor.
A las 11 de la mañana, el viento corre a 18 nudos. Aunque no es una gran velocidad, ya forma unas olas capaces de volcar embarcaciones frágiles como las empleadas por los migrantes para pisar suelo europeo, explican los marineros que se encuentran de guardia en la cabina del Open Arms.
Durante todo el día, tres personas rastrean la zona desde el puente de la embarcación. Su tripulación, incluidos los periodistas, se organizan en turnos para que siempre haya ojos clavados en el horizonte. Buscan cualquier figura fuera de lo común por si se tratase de una balsa en apuros.
De momento, el Open Arms no ha recibido ningún aviso de personas en peligro en el mar.