Los llamados niños de la calle de Melilla son chavales, la mayoría de origen marroquí, que migraron solos, y tras llegar a la ciudad autónoma intentan acceder a la Península para evitar su expulsión al cumplir 18 años

Sobreviviendo en la calle esperan la oportunidad para colarse desde el puerto en alguno de los barcos que zarpan casi a diario, una misión realmente difícil dado el despliegue policial

Estos menores suelen escapar del centro de menores melillense 'La Purísima' por dos motivos: las denuncias de malos tratos y su miedo a ser expulsados tras cumplir la mayoría de edad

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