eldiario.es

9

Síguenos:

Boletines

Boletines

Mantenlo transversal

¿Podrán las señales desviar los procesos de gentrificación y turistificación que probablemente acelerará Madrid Central? No si no hay políticas transversales.

Corren tiempos miopes. Nuestra vista cansada nos deja ver de cerca pero nos quita la claridad para enfocar lo que hay delante, detrás, arriba, abajo, lejos. Y como cada vez miramos menos hacia allá, vamos viendo peor. En las cosas de la ciudad también pasa, claro. Hablamos de las cuestiones como si fuesen únicas y se pudiesen explicar aisladamente. ¿Es aquí el debate de movilidad? ¿Alguien sabe llegar al grupo de vivienda? ¿Dónde se discute acerca de gentrificación y turistificación? ¿La mesa sobre soledades, por favor? ¿Cuándo toca la charla de medio ambiente? Y pasa mucho más por la forma en que están compartimentadas y gestionadas las competencias, por la incomunicación entre administraciones, la desconexión entre áreas y la descoordinación entre equipos. Desgraciadamente, nuestro problema no se soluciona con unas gafas, sino con una intervención que vuelva a conectarnos con un organismo en continuo movimiento llamado ciudad, una comunidad que no se puede entender y en la que no se debería actuar sin prevenir las consecuencias encadenadas de cada movimiento.

De hecho, a veces la mirada es tan corta que ni se ven las secuelas en un ámbito concreto. Cuando se habla de burbuja inmobiliaria, de gentrificación e incluso de turistificación, son muchos los que aún siguen asegurando que es un problema del centro de las ciudades que no afecta a las periferias. Como si el mercado libre que defienden tuviese unas barreras invisibles para frenar el aumento de precios, como si uno pudiese echar una piedra al agua y que no moviese más que una pequeña onda a su alrededor. No. Cada expulsión a una persona o familia por la subida de su renta provoca un desplazamiento en el barrio al que va porque las subidas allí son equivalentes. Así, como las ondas que hace la piedra al caer en el agua, hasta extender la escalada de precios y los desplazamientos por todo el área metropolitana. Por eso el asunto no se puede ver como exclusivamente inmobiliario, afecta a muchos otros ámbitos.

La movilidad, por ejemplo. Si por mucho que nos empeñemos en recuperar el modelo de ciudad densa no tenemos más remedio que volver a la dispersión, ¿qué va a pasar con el transporte de la gente a sus lugares de trabajo (que, por cierto, también se mueven por eso de la subida de precios)? Lo explica, con cifras y mapas, un estudio reciente del Urban Institute estadounidense: Demasiado lejos del trabajo. Desajuste espacial y empleo. Lo que viene a decir este informe, creado a partir de datos de un gran portal de empleo por horas, es que los trabajadores más precarios viven cada vez más lejos de sus ofertas de trabajo. El ejemplo evidente es San Francisco, ese lugar de éxito con un mercado inmobiliario absolutamente desbocado y fracasado en el que quienes sobreviven de servir cafés y donuts o de limpiar casas y oficinas residen tan remotamente lejos de esos empleos que, en muchos casos, tienen que renunciar a ellos.

Seguir leyendo »

 "No se puede entender Madrid sin conocer las cicatrices dejadas por los bombardeos de la Guerra Civil"

Enrique Bordes y Luis de Sobrón, autores de la investigación y el plano 'Madrid Bombardeado 1936-1939'

En febrero de 1939 cayó la última bomba sobre Madrid en la Guerra Civil. Ochenta años después, Luis de Sobrón y Enrique Bordes, doctores arquitectos y profesores asociados del Departamento de Ideación Gráfica Arquitectónica de la ETSAM publican el primer resultado de un trabajo de investigación de dos años. Madrid Bombardeado 1936-1939 es un plano que expone las heridas de lo que fue el primer bombardeo moderno, con aviación además de artillería, sobre una gran urbe europea. Dibujado a partir de la ciudad actual, Luis y Enrique han geolocalizado los edificios dañados a partir de fuentes como los libros de salidas de los bomberos de entonces, los fondos fotográficos de la Biblioteca Nacional y el Archivo de la Delegación de Propaganda y documentación de los arquitectos del Comité de Saneamiento, Reforma y Construcción.

El plano, que de momento existe en una pequeña edición del Ayuntamiento de Madrid y que se puede pedir en bibliotecas, centros culturales y juntas municipales, es muy pertinente. Lo es ahora que afloran discursos hasta hace poco ocultos por la vergüenza; un momento en el que, quizás porque hemos dejado de mirar los mapas para elegir nuestro rumbo y los hemos programado para que decidan ellos por nosotros, es necesario volver a ver las cosas con perspectiva. Y recordar que Franco estaba dispuesto a destruir Madrid antes que dejársela a quienes él mismo había señalado como sus enemigos: los madrileños. Unos enemigos que resistieron heroicamente las bombas y hasta se rieron de ellas, como se cantaba en Puente de los Franceses.

¿Por qué Madrid no tiene un conciencia colectiva de lo sucedido a pesar de haber sufrido el primer bombardeo moderno de la Historia?

Seguir leyendo »

Las normas están para romperlas (sólo si eres Cabify)

Cabify informa a sus usuarios que los 15 minutos de precontratación sólo se cumplirán en el primer servicio

Todo embrollo legal es una especie de partida de ajedrez en la que cada lado del tablero hace movimientos en función de los movimientos que piensa que va a hacer el otro. Los embrollos legales entre administraciones y las empresas autodenominadas colaborativas a los que asistimos como ciudadanos y, por tanto, como parte, son algo así. O casi. Toda partida de ajedrez se hace en el contexto de unas normas establecidas asumidas por los jugadores y conocidas por todos. No pasa, por ejemplo, que Magnus Carlsen decida de repente que va a mover el caballo como si fuera una ficha de damas y se coma así las piezas de su contrincante hasta llegar al rey. En las disputas legales que vivimos últimamente, sin embargo, las normas se van haciendo durante la partida. De hecho, las normas sólo las deberían poder escribir las ciudades por eso de que administran los intereses comunes, pero esas empresas tienen un ejército de abogados a su disposición para dibujar encima de las reglas puestas. Por cierto: ayer Cabify anunció que volvía a Barcelona acatando las normas de la Generalitat… A su manera.

A pesar de que anuncia también que seguirá peleando por tirar del todo el decreto, la compañía se convierte en una empresa de transporte y acata lo de pedir el coche al menos quince minutos antes. Pero lo hace efectivo sólo la primera vez por cada cliente, luego se funciona como hasta ahora porque establece un contrato de continuidad del servicio con el que sus legistas creen que pueden sortear eso que trataba de diferenciar su operación de alquiler de vehículo con conductor con la del servicio público de los taxis.

La empresa española con sede en Delaware ha movido ficha y el movimiento generará otros, tanto de las administraciones como de los taxistas. Y, claro, declaraciones de todos los partidos en campaña, perdón, en campañas. Vamos, que se avecina ruido y no nos va a quedar más remedio que soportarlo. Como escribo esto antes de que empiece a sonar muy fuerte, todavía me da para un par de reflexiones.

Seguir leyendo »

Lo que nos cuenta el caso de Amazon en Nueva York sobre lo que pasa en nuestras ciudades

Las protestas contra el acuerdo con Amazon han logrado la retirada del proyecto.

La historia ya se sabe. Amazon ha decidido no montar su segunda sede en Nueva York. La compañía de Seattle pensaba instalarse en Long Island City, Queens, y prometía crear 25.000 puestos de trabajo, pero la semana pasada se echó para atrás. Según el medio donde uno lo haya leído, la retirada ha sido impuesta por el mal hacer y la presión de algunos políticos o ha sido una victoria de vecinos y activistas sociales. El hecho es que la empresa de Jeff Bezos anuncia ahora que esos 25.000 puestos de trabajo serán creados en los próximos diez años a través de sus 17 oficinas tecnológicas en todo Estados Unidos y Canadá. Dicho así, puede parecer una noticia de interés local, pero esconde una historia que retrata algo clave de la cuestión urbana en todo el mundo.

El reality show más loco de los últimos años en Norteamérica no ha sido un formato televisivo sino la búsqueda de Amazon del lugar donde ubicar su nueva sede. En realidad, más que una búsqueda, ha sido un concurso. El gigante de la distribución online, la captación de datos y los servidores en la nube anunció en septiembre de 2017 que pretendía una ciudad en la que instalarse más allá de Seattle, un lugar en el que crearía 50.000 empleos —no es un error; la cifra, una estimación, recoge los empleos totales (que luego se dividirían en dos sedes)— e invertiría 5.000 millones de dólares en obras e infraestructura. A la llamada acudieron 238 localidades de Estados Unidos y Canadá en un espectáculo bastante increíble pero absolutamente real que fue contado convenientemente por los medios de allí.

En la lista de pretendientes había todo tipo de ciudades, muchas de ellas eran pequeñas y medianas, otras eran grandes urbes venidas a menos y también estaban las de éxito. Para hacerse valer, los gobernantes se pusieron desde un poco románticos hasta directamente en pelotas. Es el caso de Stonecrest, en Georgia, que ofreció 140 hectáreas de terreno gratuito y algo más: cambiarse el nombre a Amazon City. El resto de las ciudades también supo postularse con elegancia, o sea, hincando las rodillas en el suelo, agarrando de la pernera a Bezos y dándole las llaves de su caja de caudales.

Seguir leyendo »

¿Qué (no) pasa con la ampliación de BiciMad?

El material para la ampliación espera en los almacenes de la EMT.

A veces da la sensación de que la práctica política es como una serie producida a partir de un guion al que le han arrancado la mitad de las páginas de forma aleatoria. Esto vale para el disparate que vivimos estos días entre el Congreso y el Supremo pero también para asuntos más de andar por casa. En Madrid, ya es evidente que ésta tampoco va a ser la legislatura del despegue del uso de la bici. La cosa, como ya se ha dicho por aquí, es bastante incomprensible si uno lee el programa y las declaraciones de las personas en el gobierno, pero no es la cosa incomprensible de la que quería hablar hoy. Hoy toca otra vez BiciMad.

La trama principal es bastante conocida. Alcaldesa del PP saca a concurso servicio de bicicleta pública. La licitación se la lleva una empresa pequeña que añade a la oferta, por su cuenta, bicis eléctricas. El servicio arranca regular y luego tira a muy mal. Llega una nueva alcaldesa que no es del PP y que quizá sea de Ahora Madrid. Su equipo apuesta por la municipalización del servicio de BiciMad a través de la Empresa Municipal de Transporte. La EMT recupera el servicio y los ciudadanos vuelven a confiar en sus bicis compartidas, se baten récords de uso y se anuncia la ampliación. El material, bicis y estaciones, está preparado en los almacenes de la EMT, pero la ampliación no llega. La ampliación no llega. La ampliación no llega. La ampliación no llega…

Como en un videojuego mal programado, hay un fallo de sistema que bloquea el asunto. Es una de esas páginas arrancadas del guion de la política. Lo incomprensible. Resulta que el servicio aún se rige por el contrato integral firmado en tiempos de la alcaldesa del PP y eso ralentiza las ampliaciones y los cambios en el modelo de gestión. El contrato limita la extensión del servicio a toda la ciudad, que haya más de 50 bases nuevas al año y que se pueda cobrar por minuto, entre otras mejoras convenientes para la ciudadanía. Para solucionar este entuerto, la EMT tiene que obtener la gestión directa completa, algo que hace año y medio se anunció que ocurriría a finales de 2018. Pero no.

Seguir leyendo »

Okupas y mafias: la venda que tapa nuestro fracaso

Negarnos a entender que cada vez más gente que sólo puede meterse en casas vacías para vivir no quiere decir que esa realidad no exista.

Mafia es el comodín que utilizamos para evitarnos entender realidades complejas. Es una palabra venda que nos aísla de la desigualdad que nos acecha. Si hay manteros es por culpa de las mafias. Si hay okupas, también. Quizás está feo hablar mal de los textos de los demás, pero a veces no queda más remedio. El otro día El País ofrecía un (¿publi?) reportaje sobre las posibilidades que “el mercado ofrece” para aplicar la ley de desahucio exprés aprobada en la primavera pasada en el Congreso y firmada por un Pedro Sánchez entonces recién llegado (a pesar de que su partido se opuso a ella, como Unidos Podemos, Compromís y ERC). En el texto, que en ningún momento se ponía en el lugar de la gente que no tiene casa ni hablaba con organizaciones sociales de vivienda, la venda salía antes del primer punto y seguido. “La ocupación ilegal de viviendas se ha convertido en un negocio demasiado bueno y fácil para las mafias y, por eso, el número de usurpaciones no deja de crecer”.

No es extraño. La propia ley promueve el concepto en su preámbulo, y eso que no empieza mal: “Como consecuencia de la compleja y dura realidad socioeconómica, se ha producido en los últimos años un considerable número de desahucios de personas y familias en sobrevenida situación de vulnerabilidad. (…) De forma casi simultánea, y en la mayor parte de los casos sin que exista relación alguna con situaciones de extrema necesidad, han aparecido también fenómenos de ocupación ilegal premeditada, con finalidad lucrativa, que, aprovechando de forma muy reprobable la situación de necesidad de personas y familias vulnerables, se han amparado en la alta sensibilidad social sobre su problema para disfrazar actuaciones ilegales por motivaciones diversas, pocas veces respondiendo a la extrema necesidad”. Así es como nos explican las cosas, así es como nos las queremos explicar. Aunque no sean así.

El 70% de la vivienda ocupada es propiedad de bancos, el 10% de grandes propietarios y el 5% de pequeños. El 68% de las personas que ocupan son familias. En el 55% de esos hogares hay menores; en el 3%, personas mayores de 65; y en un 4%, personas en situación de dependencia. El 73% tienen pasaporte español y el 19%, permiso de trabajo. En el 46% de los casos, la causa de la ocupación es la falta de ingresos, en el 16% es consecuencia de un desahucio por alquiler y en el 13%, de uno por impago de la hipoteca. El 61% de los que ocupa no tiene un trabajo remunerado (y la mayoría de ese porcentaje está sin prestación) y, entre los que tienen, el 78% son contratos temporales o economía sumergida. El 50%, antes de ocupar, venía de viviendas de alquiler. El 16%, de viviendas en propiedad. El 80% buscó otra solución antes de la ocupación. El 31% de las ocupaciones son directas por parte de los individuos o las familias; el 21%, con amigos o conocidos; sólo el 13% son tras pagar un alquiler a alguien (eso que hemos asumido como mafia). Los datos anteriormente mencionados son de Catalunya, del Informe sobre okupación de vivienda vacía elaborado por Obra Social BCN y publicado más o menos por las mismas fechas en que se firmó esa ley de desahucio exprés. El estudio de este colectivo que lucha por la vivienda digna es el resultado de encuestas anónimas a 626 hogares ocupados en dicha comunidad autónoma. Es, por tanto, una muestra más que representativa. Y no es la única.

Seguir leyendo »

Poner la ciudad por encima de la marca

Decir España en cada frase y colgar la bandera no va a solucionar el problema del desencanto.

"No queremos ser una ciudad de categoría internacional, queremos una ciudad segura en la que podamos movernos fácilmente y a bajo precio, no queremos espectáculos de ópera que no podamos pagar…". La frase es un extracto de una carta al director de uno de los principales diarios de Toronto citada por el investigador David Hulchanski en un estudio sobre la segregación de esa ciudad y recogida en un artículo de Richard Florida en Citylab. Florida analiza, con éste y otros papers de la Universidad de Toronto, de dónde llegaron los votos para la elección del alcalde Rob Ford, al que considera representante en lo urbano de esa especie política que arrastra a la clase trabajadora blanca que se siente olvidada.

Ford, ya fallecido pero con un hermano tal cual que es gobernador de Ontario, fue alcalde de Toronto de 2010 a 2014 y sin duda un pionero de esa forma de comunicar basada en el exabrupto y el escándalo que tanto se lleva ahora. Como alcalde, deshizo políticas de fomento del transporte público y la bicicleta, privatizó lo que le dio tiempo y aplicó todas las normas del manual neoliberal. Sus formas agresivas, incluso sus problemas con el alcohol y las drogas, no minaron su popularidad sino todo lo contrario: le colocaron como estandarte frente a la corrección política que se le atribuye ahora a la izquierda.

La tesis de Florida es que incluso en una ciudad como Toronto, una de las más progresistas de Norteamérica, diversa, abierta y moderna, hubo sitio para el conflicto que se supone entre las ciudades y ciudadanos de éxito y el resto. El carácter de Ford encajaba con la gente asediada por el aumento del precio de la vivienda, los cabreados por la “guerra contra los coches” y los defensores de los valores familiares tradicionales, tanto en los barrios del centro, presuntamente más poblados de mentes opuestas a sus postulados, como en las periferias.

Seguir leyendo »

Taxis y VTC, guerra y paz, ciudadanos y consumidores

Normalmente, la solución de un conflicto suele estar más cerca del medio que de los lados.

Se han cumplido recientemente cuatro siglos del inicio de la Guerra de los Treinta Años. Participaron las principales potencias europeas de la época y empezó por disputas religiosas aunque trataba realmente de asuntos territoriales y políticos. Fue una escabechina. Hablaba de ella hace poco Guillermo Altares en El País para contar que el conflicto más mortal de la Historia europea tuvo sin embargo un acuerdo final que no estuvo mal. La Paz de Westfalia sirvió para establecer la libertad de religión en el continente y la cooperación entre Estados, por eso para muchos es el pilar de la construcción europea.

La guerra del taxi y los VTC en la que estamos metidos no tiene pinta de acabar con una paz constructiva, y eso que no es en absoluto tan sangrienta como la del párrafo anterior. De hecho, al escribirlo uno se da cuenta de lo feo que resulta comparar un conflicto de intereses con uno bélico de verdad y de cómo la semántica nos pone en una posición de combate en la que perdemos por completo la perspectiva. Algo que quizás no suceda por casualidad.

La crisis del taxi y los VTC empieza cuando el Parlamento Europeo aprueba en noviembre de 2006 la Directiva Bolkenstein. Tres años después, entra en vigor en España en la Ley Ómnibus aprobada por el gobierno de Zapatero y hace de la solicitud de licencias de vehículos de turismo con conductor (VTC) un trámite simplísimo. Además, elimina el límite de una licencia VTC por treinta de taxis que venía de un reglamento de 1998. Es decir, siguiendo al pie de la letra las directrices de Europa para dejar que los mercados se puedan meter hasta la cocina, liberaliza el sector. En 2015, y por Real Decreto, se vuelve al 1/30 pero ya hay miles de peticiones que el Tribunal Supremo acaba avalando. El embrollo legal es enorme y por eso no hay una solución simple sin perjuicio para cualquiera de las partes.

Seguir leyendo »

Las viviendas turísticas no tienen impacto en el precio de los alquileres (y la Tierra es plana)

Airbnb promociona un estudio que demuestra que no se puede demostrar lo indemostrable.

El otro día nos enteramos de que se prepara un crucero para demostrar por fin que la Tierra es plana. Parece ser que el barco zarpará en 2020 con el objetivo de llegar al muro de hielo que rodea nuestro planeta. A pesar de que el bote navegará usando instrumentos diseñados con métricas que cuentan con que el globo es justamente eso, los promotores del viaje están convencidos de que lo de las cartas náuticas y el GPS es otra maldad de las fuerzas que conspiran para que nos creamos el camelo en cuestión.

Estos días también hemos sabido que las viviendas turísticas no influyen en el precio de la vivienda en alquiler. Ha sido gracias a la inversión publicitaria de Airbnb Citizen, el canal que pretende comunicar los valores de la empresa de San Francisco y su comunidad. Los anuncios en Twitter reproducen un “informe” de la Associació d’Habitatges Turístics de Balears (Habtur). Titulado Impacto de la ley turística y la zonificación en el precio del alquilerintenta ver si hay relación entre la burbuja del alquiler, las viviendas turísticas y la regulación de las mismas en esas islas. Dicho lo cual, y antes del punto y aparte, me gustaría añadir dos cosas. Una: no suelo usar comillas para subrayar palabras, pero en este caso no me ha quedado más remedio. Dos: ¿Cómo demonios segmentan sus campañas los de Airbnb que me consideran público objetivo?

El informe —ya sin comillas, el chiste está hecho—, que ha sido reproducido tal cual por unos cuantos medios, usa trucos habituales como comparar el porcentaje de viviendas turísticas con el del parque total de viviendas y no con el de alquiler o referenciar estudios de partes interesadas como la patronal del ramo, FEVITUR. Además, pretende colar falsedades como que la mayoría de las ofertas son estacionales y que, en cualquier caso, son ofertas diversificadas, no en manos de unos pocos gestores. Ambas son desmontadas en este hilo de Twitter por Javier Gil, investigador del tema al que, por cierto, también le ha llegado el post patrocinado de Airbnb Citizen. Finalmente, en caso de que quisiéramos hacer un esfuerzo por fiarnos de un documento tan poco fiable, lo único que entenderíamos es que, de 2016 a 2018, los precios de la vivienda han subido una barbaridad en Baleares y, ahora que hay una ley que regula los alojamientos turísticos, no han bajado inmediatamente.

Seguir leyendo »

De las fake news a las empresas fake: cómo afecta la economía ficción a nuestras ciudades

El negocio que iba a cambiar la movilidad de nuestras ciudades ya no existe.

Se habla últimamente mucho de fake news. Las noticias falsas que nos inundan y que se difunden gracias al funcionamiento de los algoritmos de las redes sociales que, a su vez, se alimentan de nuestra forma de prestar atención a los titulares. En la pelea que se libra cada segundo por captar nuestro foco, triunfa lo que es excitante, vencen los titulares pergeñados para emocionar (en positivo o en negativo) y movernos a hacer clic. No hay, en realidad, nada muy nuevo en la forma. Siempre se titularon las noticias para llamar a nuestros ojos y también siempre ha habido bulos. Lo que ocurre es que ahora hay tantísimos estímulos pretendiendo ganarse nuestra mirada y confianza que no nos da tiempo a filtrar. Nos quedamos con la primera cosa que nos hace removernos de la silla y así nos la cuela igual El Mundo Today que la estrategia de comunicación de Trump, Salvini o Casado. Al otro lado de la pantalla, nada es muy distinto.

Este reportaje de Foreign Policy explicaba hace unos días el auge y caída de los servicios de alquiler de bicis sin estación en China. Casi al mismo tiempo, Analía Plaza contaba por aquí cómo se han esfumado dos empresas de bicis compartidas, Ofo y oBike. Su llegada a Madrid y a otras ciudades del mundo fue un fogonazo. De repente, las calles se llenaron de cacharros para alquilar y pedalear. Su salida, igual. Como en una de esas estafas de película, hay rastro de las bicis y las deudas, pero los causantes han desaparecido.

Del asunto se pueden extraer unos cuantos aprendizajes. Por ejemplo, los responsables del Ayuntamiento de Madrid podrían reflexionar sobre si su pretensión de situar la ciudad como la capital mundial de la movilidad compartida es compatible con su mandato como servidores y gestores de lo público. Porque estas bicis chinas y singapurenses llegaron sin que nadie les pusiese límites y alguien podría decir que si se han ido debiendo las fianzas a sus clientes es porque la autoridad les dejó instalarse. Ahora ya hay algunas normas, sobre todo para patinetes y bicis, pero se echa en falta el celo debido también para coches y motos, negocios privados todos que operan y mercantilizan el espacio público y la movilidad, dos asuntos especialmente peliagudos. Pero —y, sí, esto es un “aquí lo dejo”— no era de la pericia de ningún gobierno concreto de lo que quería hablar.

Seguir leyendo »