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10 propuestas ciudadanas para constituir los ayuntamientos

Dia mundial erradicación contra la Pobreza. Barcelona. Joan Luzzati

El 13 de junio se van a constituir los 8.122 ayuntamientos del Estado español. La gran mayoría tendrán que pactar y organizarse para ser viables y responder a lo que los ciudadanos han expresado. No será un trabajo sencillo, pero esta vez las personas responsables de este proceso lo tienen un poco más fácil. Esta vez, la ciudadaníaorganizada no ha esperado a consultar los programas electorales, sino que ha propuesto directamente a los partidos y a la sociedad las medidas que piensa que se deberían tomar.

Estas son algunas de ellas:

1. Inmigración:

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El FMI trae sus viejas recetas fallidas a España

Pare Los Despidos. Ep-jhu Creative Commons.

Las recomendaciones del FMI para la economía española tienen un regusto añejo, transmiten la sensación de estar leyendo viejos mensajes repetidos hasta la saciedad, que fueron de la mano de mucho sufrimiento y muy poco éxito en el pasado. Recuerda a América Latina, y refuerza la fallida idea del sacrificio sin límites como solución. Posiblemente Grecia ilustra mucho mejor esta desesperada y absurda situación: un empobrecimiento masivo sin una respuesta de apoyo a la recuperación desde la Troika (aunque en este caso el FMI lleva años ya insistiendo en la necesidad de una renegociación de la deuda), sino con una exigencia continuada de esfuerzos y sufrimiento –sobre las espaldas de millones de griegos- en medio de una situación de depresión económica.  

En septiembre de 2002, el FMI alertaba del riesgo de la llegada al poder de Lula da Silva en Brasil, incluso que su posible llegada al Gobierno de Brasil era la mayor amenaza para la estabilidad de América Latina. Y además,  dando indicaciones que ciertas opciones y propuestas de cambio no eran convenientes en medio de un proceso pre-electoral.

La lista de recomendaciones del FMI que pudimos escuchar ayer son una forma algo más sutil de hacer lo mismo: señalar qué políticas serían las más indicadas, subrayando la importancia de “continuar con las actuales reformas” y todo ello en un determinante año electoral. Ni una palabra sobre la forma de reparar el sufrimiento o reintegrar a esos millones de familias que se han quedado en la exclusión. Ni una palabra sobre la grave crisis de desigualdad que vive España, ni sobre los efectos que tendrían esas recomendaciones sobre los más pobres. 

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Cansadas de ser la “chacha”

Trabajadora colombiana reivindicando sus derechos ©Susana Albarrán

Es evidente que el actual escenario sociopolítico y económico español ha servido de excusa para acentuar la precarización de las condiciones de vida de la población en general. Pero la repercusión ha sido aún mayor en la población inmigrante y, en particular en las mujeres, que tenemos que afrontar el endurecimiento de las políticas migratorias con especial dureza.

La ley 1620/2011, que en teoría incorporaba mejoras en las condiciones laborales de las trabajadoras del hogar, en la práctica, y debido además a la actual crisis económica, se ha traducido en la excusa perfecta para el retroceso en nuestros derechos.  

Según fuentes de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), solo el  10% de las 53 millones de trabajadoras domésticas en todo el mundo (si bien  también hay varones, el 90% de este sector lo componen mujeres), tienen regularizados sus derechos laborales. En España, la precarización de nuestras condiciones laborales ha ocasionado la disminución de salarios;  más horas de trabajo; tener que pagarnos nosotras mismas la cuota de la Seguridad Social; no cobrar pagas extras o estar expuestas a despidos por desistimiento (voluntad unilateral) del empleador/a, entre otras cosas. Además, a las mujeres migradas se nos expone a la irregularidad sobrevenida, que a su vez nos excluye del sistema de salud público.

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Otra educación es urgente

Uno de los talleres para compartir reflexiones sobre el trabajo en red que se organizó en el I congreso andaluz “Escuela transformadora” en Málaga en 2014 © Oxfam Intermón

Vivimos en un sistema global que histórica y estructuralmente favorece la perpetuación de las injusticias y las desigualdades, que se manifiestan en la pobreza y  la  exclusión social de grandes sectores de la sociedad.

De todas las políticas sociales, la educativa es la más poderosa para luchar contra esta situación. La educación es una herramienta esencial para garantizar la igualdad de oportunidades y para ofrecer un espacio privilegiado para la formación de ciudadanos y ciudadanas críticas y participativas, que busquen dar respuestas éticas a los desafíos del mundo actual. Para ello, no sólo es imprescindible el acceso universal a una educación de calidad, sino también la garantía del acceso a una educación que genere conciencia de ciudadanía global, de pertenencia a un solo mundo en el que todas las personas encuentren un lugar digno en el que disfrutar de sus derechos. La educación es, por tanto, una responsabilidad universal y un derecho humano, individual y colectivo.

Sin embargo, la concepción tecnocrática de la educación que intenta imponer la LOMCE refuerza la globalización neoliberal, actuando como una eficaz herramienta para mantener el sistema económico vigente, basado en el individualismo y la competitividad. Por eso, la comunidad educativa y la sociedad en general dice “basta”.  

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¿Y si ya hemos salido de la crisis?

Dani Vazquez Creative Commons

¡Está bien! Ya supongo que con semejante título me habré ganado una buena sarta de opiniones entre sorprendidas e indignadas. Le reconozco que el mensaje coincide con el del Presidente del Gobierno, pero ¿y si nos interesa seguirle la corriente?

A lo largo y ancho de esta crisis los recortes se han venido justificando diciendo que teníamos que recuperar la “cultura del esfuerzo” y que “entre todos teníamos que arrimar el hombro para salir juntos de esta situación”. Acabamos de aceptar que ya se ha acabado la crisis. Lancemos ahora la pregunta del millón: ¿Nos hemos esforzado todos por igual?

Usted probablemente opine que no pero no se deje llevar por las opiniones. Acudamos a los datos, no los del PIB o los del aumento del beneficio de las empresas del IBEX 35, esos no sirven para medir el esfuerzo. Por no abusar, que no tengo espacio, le propongo dos: somos el segundo país en el que más han aumentado las desigualdades (no lo han hecho los otros países en crisis, ni siquiera Grecia) y, según el indicador 80/20, somos uno de los países más desiguales de la Unión (sólo tenemos por detrás a Rumanía, Grecia y Bulgaria) 

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Volver a casa

La pesca representa una de las principales oportunidades profesionales de las personas retornadas a Dakar. ©Manuel Sobrino/Red Acoge

Elhadji dejó Murcia en 2014 para regresar a su barrio de pescadores a las afueras de Dakar, en Senegal. Allí decidió emprender y abrió una granja de pollos. Pero el negocio no prosperó. Fue entonces  cuando se planteó retomar su antiguo oficio de pescador. Ahora es feliz así. Aunque su mujer, que permaneció en Dakar durante el tiempo que él estuvo en España, no quería que regresara. Consideraba que Elhadji debía seguir en Europa, intentando encontrar un trabajo para poder sostener  la economía familiar. Pero cuando viajamos a Senegal y pude hablar con él, me aseguró que volver, finalmente, había sido una buena idea. Ahora todos eran muy  felices tras su decisión de regresar a casa.

Retornar al país de origen puede llegar a ser una experiencia tan compleja como la de emigrar, que es dura, muy dura... Empezar de nuevo, incluso en el propio país, representa un gran reto. Propongo que os imaginéis lo que puede suponer despedirte de tu familia para empezar de cero en un nuevo país, en una nueva ciudad, sin hablar su idioma ni conocer sus costumbres. Con la responsabilidad, además, de integrarte con urgencia, sabiendo que, para ello, necesitas estar en situación regular, que a su vez requiere conseguir un empleo, empleo que, sin la documentación en regla, no conseguirás… Un círculo tan complicado de romper que te asfixia y te ahoga, mientras sabes que tu familia espera que envíes esa vital ayuda económica que dé sentido a tu partida.

La experiencia es durísima, pero si se consigue el ansiado empleo, parece que todo puede cobrar sentido. Por eso, si para el ciudadano nativo de cualquier país perder el trabajo puede ocasionar graves problemas, si se trata de un inmigrante las consecuencias son aún peores.   De nada le sirven los años trabajados ya que, sin un contrato laboral, no podrá permanecer en España. Por eso, frente a las circunstancias dramáticas y de grave vulnerabilidad que supone el desempleo, el retorno voluntario supone, en ocasiones, una luz de esperanza. Pero lograr el éxito en esta “empresa” no es nada sencillo.

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Al supermercado con un carro de combate

© Silvana Martins

Lo supo ver Carlos Marx hace un siglo y medio y lo llamó fetichismo de la mercancía.  Decía que, en el capitalismo, las mercancías aparecen envueltas en misterio, como si surgieran de la nada por arte del mercado, pero que, por detrás de cada mercancía, existen relaciones sociales, lazos personales, por invisibles que sean que, en tiempos de la globalización capitalista, unen a personas a un extremo y otro del globo. Eso es, precisamente, lo que nos hace cómplices de las consecuencias sociales, ambientales y culturales de cada fase de la cadena de producción de las mercancías que compramos.

Lo que hoy está en juego es una revolución cultural: la batalla contra el capitalismo comienza por cuestionar ese estilo de vida que nos impone la publicidad. Porque la publicidad no nos vende sólo un producto,  nos vende un estilo de vida, y nos hace creer que los demás nos valorarán por lo que tenemos y no por lo que somos; que debemos responder a un determinado canon de belleza, por imposible que sea; que son sanos alimentos que no lo son y  que está bien que se los demos a nuestros hijos; que un día de tristeza se arregla visitando un centro comercial o que el malestar físico o emocional se resuelve con una pastilla y no con un estilo de vida más saludable. El problema no es técnico, es político. Es esa creencia que nos inculca el capitalismo de que el egoísmo -como la ambición-es una virtud, pues una mano invisible convertirá ese egoísmo individual en bienestar colectivo.

Por eso el consumo puede convertirse en un acto político. Debemos ser conscientes de lo que representa el consumo y dejar de ver una mercancía como un fetiche. Es preciso entender  que, ese vestido que compré a un precio irrisorio,  fue cosido por una trabajadora en Camboya o Bangladesh en condiciones de explotación análogas a la esclavitud, o que el smartphone que no necesito y que la industria me impele a comprar -obsolescencia programada o percibida - está manchado de la sangre de las guerras del coltán. El consumo crítico y responsable nos conciencia y también nos mueve a la acción. Nos ayuda a entender que hay otras opciones, que podemos vivir mejor con menos y que existen alternativas que estamos ayudando a construir con nuestros gestos cotidianos, por ejemplo, comprando en una cooperativa, intercambiando en un banco de tiempo, pasándonos a la banca ética o promoviendo el consumo colaborativo. En definitiva, se trata de entender que no todas las necesidades humanas deben resolverse comprando objetos materiales y acumulándolos como propiedad exclusiva.

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Una ciudad inteligente es una ciudad que educa

Niños y niñas en clase © Pablo Tosco / Oxfam Intermón

Hace pocos días, un amigo físico explicaba que cualquier cuerpo al que se le apliquen dos presiones distintas puede acabar fracturándose. Pues bien, hoy en día un gran número de ciudades españolas corre un serio riesgo de experimentar esta fractura. Por citar algunos ejemplos, vemos como el índice de GINI, que mide la desigualdad económica con valores que van del 0 (igualdad perfecta) al 1 (máxima desigualdad), se sitúa alrededor del 0,50 en ciudades como Barcelona, Madrid, A Coruña o Valencia. Estos datos nos ubican lejos de los estándares de las sociedades europeas más igualitarias, como Noruega o Suecia, donde el índice de GINI se sitúa por debajo del 0,25.

Esta desigualdad se traduce en importantes diferencias en la distribución de renta entre barrios de una misma ciudad. Por ejemplo en Barcelona, según datos del Ayuntamiento, la renta familiar en Pedralbes es seis veces mayor que en Ciutat Meridiana. La desigualdad territorial acaba afectando también a la calidad de las escuelas y propicia la creación de redes personales que segmentan a los niños desde su infancia más temprana.

Entre las diferentes medidas que se puedan impulsar para paliar la desigualdad, hay una medida que resulta especialmente relevante por su impacto a la hora de revertir los factores que la causan: la inversión en educación. La OCDE muestra como la educación es clave para la recuperación económica, pero también para avanzar hacia sociedades más igualitarias. Una sociedad con más y mejor educación no será sólo capaz de crear empleo, sino que será más justa y cohesionada. Y más concretamente, parece prioritaria la inversión en educación preescolar, recuperando la “vieja” idea de universalizar el periodo de 0-3 años. Cada vez aparecen más estudios, como el de la Fundación La Caixa, que manifiestan que la educación en edades tempranas es fundamental para el desarrollo formativo a lo largo de la vida y para evitar el fracaso escolar, sobre todo entre la población con menor renta. Además, la inversión en educación en esta etapa tiene importantes beneficios adicionales, como el hecho de contribuir al crecimiento económico y facilitar la incorporación -o mantenimiento- de la mujer al mercado laboral.

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Salir de la olla

Una rana sentada en el asa de una cacerola. © 2010 J. Ronald Lee. CC BY 2.0

Si ponemos a una rana en una olla con agua hirviendo, la rana inmediatamente intentará salir. Si ponemos a la rana en el agua a temperatura ambiente y no la asustamos, la rana se quedará tranquila. Cuando la temperatura se va elevando poquito a poco, la rana no hace nada, incluso parece pasarlo bien. Pero a medida que la temperatura aumenta, la rana está cada vez más aturdida y finalmente no está en condiciones de salir de la olla.

Recordando esta fábula, a veces me pregunto si las mujeres seríamos capaces de salir de la olla, o si somos un ingrediente importante en una cocción a fuego lento de más desigualdades.

Desde 1987, cada 28 de mayo se celebra el Día Internacional de Acción por la Salud de las Mujeres. El derecho de las mujeres a gozar de salud integral a lo largo de toda su vida, es un derecho humano universal consagrado por el sistema internacional de derechos humanos. La salud integral incluye la capacidad de las mujeres de acceder a los recursos para vivir una vida digna (vivienda, educación, alimentación, trabajo, servicios de transporte, sanidad,…), con igualdad de oportunidades (no discriminación en acceso al trabajo, igual salario por igual trabajo, poder de decisión, participación…) y exenta de violencias (físicas, psíquicas o estructurales).  

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El precio de no poder pagar la luz

Un asunto, que no es nuevo, ha saltado en los últimos meses a la parrilla mediática: hablamos de pobreza energética. Probablemente nos planteemos por qué poner apellidos a la pobreza, tales como “pobreza infantil”, como si existieran niños pobres en hogares ricos, pero en este caso, el energético, nos ayuda a profundizar y observar que además se concitan causas particulares del sector eléctrico.

Podemos definir la pobreza energética como la dificultad, e incluso la incapacidad, de mantener la vivienda a una temperatura adecuada, así como no poder contar con otros servicios energéticos tales como agua caliente, electrodomésticos, iluminación, internet e incluso el acceso a los medios de transporte.

Según el último informe de la Asociación de Ciencias Ambientales del año 2014 (con datos del año 2012), 7 millones de personas en España tienen serias dificultades para pagar sus facturas energéticas. Está ampliamente documentado que vivir de manera continuada en un hogar con una temperatura inadecuada genera y agudiza enfermedades e incluso puede causar la muerte. La Organización Mundial de la Salud publica que el 30% de las muertes sobrevenidas en invierno están relacionadas con la pobreza energética. Si echamos las cuentas, en nuestro país, la cifra es demoledora. Aproximadamente 7.000 personas mueren al año por no poder vivir en un hogar acondicionado. Y aunque estos datos hacen palidecer cualquier otra consideración, hay que resaltar que la falta de servicios energéticos incrementa la brecha social y provoca una pérdida de oportunidades en diferentes sectores de la población afectada. Estudiantes, enfermos, demandantes de empleo, trabajadores precarios…ven mermada su disponibilidad a los servicios básicos como la higiene, la cocción de los alimentos, el acceso a servicios sanitarios y a las ofertas de empleo. Además, las estadísticas demuestran que vivir en situación de pobreza energética afecta directamente al rendimiento escolar. El frío, la falta de iluminación o la falta de acceso a internet generan exclusión en unas edades fundamentales para la integración de las personas en la esfera social. Por ello, para dar salida a esta situación, organizaciones que trabajan para paliar y solucionar la pobreza y la exclusión social, han habilitado aulas de estudio.

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