La aspiradora de la IA causa sudores en los mercados
Los grandes jugadores estadounidenses de la Inteligencia Artificial (IA) han comunicado al mercado sus planes de búsqueda de dinero para quemar en las enormes inversiones y no perder el paso en la carrera por el nuevo dorado. En pocos meses, solo cuatro compañías quieren captar 275.000 millones de dólares (237.000 millones de euros), fondos que van a ser retirados de otros sectores, de manera que habrá compañías menos glamurosas que tendrán que esperar otra oportunidad. Es evidente que los mercados son finitos, que frecuentemente se mueven como un rebaño al olor de rentabilidades sujetas en ensoñaciones.
Esa cifra es seis veces superior a las salidas a bolsa en Estados Unidos en 2025, que sumaron 45.000 millones. SpaceX va a ser la primera en ir al mercado; quiere 75.000 millones frescos, lo que implica que a mediados de mes estará cotizando y se espera que alcance una valoración bursátil de 1,8 billones de dólares (casi el PIB de España). Después vienen Anthropic y OpenAI que pretenden captar 60.000 millones de dólares cada una y con expectativas de alcanzar capitalizaciones que superen el billón en los dos casos.
A la novedad que supone el aterrizaje de las tres grandes empresas de la IA, se van a sumar los planes de inversión de los colosos de Silicon Valley, que tienen grandes planes de inversión en este nuevo negocio. Es el caso de Google, que ha anunciado esta semana que realizará una emisión de acciones nuevas por importe de 80.000 millones de dólares, que invertirá en los centros de procesos de datos que necesita para sus planes de la IA. Esta ampliación parece irrelevante, ya que equivale a tan solo el 1,8% de la capitalización de Google, que es de casi 4,5 billones de euros. Sin embargo, parece una barbaridad cuando se aprecia que equivale al valor conjunto de empresas como Telefónica, Repsol e IAG.
Nunca antes se había producido un proceso de succión de tanto dinero y en tan poco tiempo, lo que pone en duda la capacidad de los mercados para dar respuesta sin que, además, tenga consecuencias en otros activos. Para los expertos, recuerda demasiado a lo que sucedió hace dos décadas con la ola inversora de las puntocom, cuyo retrato en España se llama Terra, que pasó del cielo al infierno en meses. La filial de Internet de Telefónica salió al mercado en noviembre de 1999 a un precio de 11,81 euros por acción y cuatro meses después alcanzó su máximo de 137 euros, lo que suponía un valor bursátil de 38.000 millones, que era más de lo que valía la propia Telefónica. La empresa desapareció absorbida por la matriz y ha quedado como emblema de la efervescencia irracional.
Rememorar la crisis bursátil de las puntocom de principios de este siglo ha sido muy frecuente en los últimos meses. A los expertos les gusta ponerse la medalla de ser los primeros en prever catástrofes en las que no cree la manada. Pero la salida en tromba en búsqueda de dinero de los grandes de la IA plantea una nueva pregunta: ¿Hay tanto dinero dispuesto a apostar por empresas de alto riesgo? La fuerte caída que está registrando en los últimos días el valor de activos financieros con el Bitcoin, que en una semana ha pasado de valer 73.440 dólares a 61.000, pueden ser la señal de que los inversores están haciendo caja en apuestas arriesgadas para hacer hueco a nuevas inversiones, también de alta emoción y con mayores expectativas de ganancia.
Esta efervescencia en el mercado se produce en unas compañías en estado embrionario y generando aún enormes pérdidas. La división de IA de SpaceX, que absorbió la empresa xAI fundada por Elon Musk, perdió 6.355 millones de dólares en 2025, lo que llevó a pérdidas de 2.589 millones a toda la compañía. El negocio de IA generó unos ingresos de 3.200 millones de dólares, para lo que necesitó gastar el triple (9.556 millones), pero también hay que valorar que más de la mitad del gasto fue destinado a I+D, otra cuestión serán los frutos de esa inversión. Open AI no ha publicado aún resultados, pero hay estimaciones de analistas que ven razonable que este año pierda 14.000 millones de dólares.
Estos números no producen un temor especial en el mercado. La memoria humana es muy selectiva y recuerda que Google, Amazon y Meta también registraron enormes pérdidas en sus primeros años. En cambio, hoy son las reinas del mercado, con capitalizaciones de 4,5 billones, 2,7 billones y 1,6 billones de dólares, respectivamente. Por eso hay muchos inversores que están convencidos de que con las empresas de la IA se va a volver a repetir la multiplicación de los panes y los peces. Pero ya se sabe que rentabilidades pasadas no son garantía de rendimientos futuros.
El petróleo se suele utilizar como metáfora de cualquier elemento que se vuelve de repente caro por la fuerte demanda y la limitada capacidad de producción. Por eso, con frecuencia los analistas se refieren a las empresas desarrolladoras de la IA y lo que hay detrás de sus fábricas (centros de proceso de datos y microprocesadores) como el nuevo petróleo. Siguiendo con esa comparación, quizás los mercados financieros entren en los próximos meses en un embudo como el estrecho de Ormuz, por el que quieren pasar a la vez 275.000 millones de dólares.
La coincidencia en demandar tantos recursos en un mismo sector puede generar un verano muy entretenido para los amantes del tobogán financiero. Si a la IA se le suma el riesgo geopolítico, que es el eufemismo con el que se define a la errática política de Donald Trump, la emoción está servida.
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